Tertulia sobre el cuerpo con Joan Morey

por Helena De la Fuente

¿Me podrías decir algo sobre ti?

Yo soy Joan Morey y soy artista ‘audiovisual’ podríamos llamarlo, que artista plástico se encajaría en ciertas disciplinas; y audiovisual, como es un poquito más amplio, pues encaja mejor con lo que yo hago. No porque yo trabaje en el medio audiovisual sino porque, básicamente, mi trabajo es a partir de la performance y el medio audiovisual me sirve para documentar y llevar más allá del hecho de la performance vivida, que no en vivo, sino llevarla a una dimensión un poco más larga, darle durabilidad.

¿Qué estudiaste?

Me formé en Barcelona en la Facultad de Bellas Artes, me licencié en pintura que, no tiene la más mínima importancia porque en el momento que yo me formé la pintura ya se estaba trabajando de forma expandida e introduje la performance. Poco a poco me especialicé en el lenguaje con la práctica de la performance. Y actualmente sigo en ese camino.

¿Qué te interesaba en tus comienzos?

En mi trayectoria como estudiante tuve la ocasión de poder tener como profesores y artistas en las que comprender el lenguaje pictórico era una cuestión mucho más generosa que el formato o el medio en el que se desarrolla la pintura. A partir de ahí se empezó a abrir el abanico e incorporarse otras prácticas discursivas dentro del medio y soporte pictórico que, a mí me ayudó mucho a entender que, tanto el grabado como la pintura, era un medio de expresión artística pero que podía estirarse hasta la saciedad. Deshacer la matriz, la plancha, el bastidor, el lienzo, etc. y convertir la pintura en imagen en tiempo o en movimiento. Fue en el momento que yo entendí que la performance era una manera de poder plantear procedimientos pictóricos sin perspectiva ni limitación.

¿Por qué escoges la performance como método discursivo?

El cuerpo en la pintura también está muy presente, a veces nos olvidamos que la pintura es algo que está muy ligado con la performatividad, sobretodo cuando la pintura no se trata de una representación en una superficie plana o bidimensional, sino que, tenemos en cuenta la pintura como algo que tiene que ver con el gesto, sobretodo cuando trabajas el gran formato con los contenidos de la pintura en relación con el mundo, contigo como persona y saber para qué sirve un lienzo y unos pigmentos en relación como te comportas tú en un contexto o una sociedad.

En ese momento empecé a trabajar grandes formatos en la pintura. Por lo tanto, mi cuerpo físicamente estaba muy involucrado con el cual se desarrollaba el discurso, es decir, parece un poco anecdótico, pero yo me movía por encima de las telas para poder pintarlas y ese hecho te hace descubrir de forma intuitiva cual es el rol del cuerpo en la performance o cual es el rol del cuerpo en relación al soporte en relación a la pintura.

¿Por qué tratas el tema del control sobre el cuerpo?

Empezaron siendo ejercicios de pintura expandida, es decir, pintura que se expandía más allá del bastidor e incluso ocupaba el paisaje físico. Luego se convirtieron en una expansión del cuerpo como portador de un mensaje, donde el cuerpo era el soporte y el vestuario y atrezo convertía al cuerpo como en un espacio pictórico. Y utilizaba cuestiones de género y sexualidad como el drag, la transformación del cuerpo en otro personaje o en otro soporte de comunicación. Y luego ya el cuerpo fue incrementando capas de discurso que tenían que ver con temas más complejos. Pero el cuerpo fue apareciendo de forma muy natural y espontánea de este como ejecutor de la obra al cuerpo como medio del trabajo.

En la performance de Gritos & susurros, conversaciones con los radicales que hiciste en 2009 y Cuerpo social del 2017, se ve como cada personaje de las performances se relaciona con un género y una sexualidad en cuanto a lo que el esquema de la sociedad indica y a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestra cultura (ejemplo: la monja, la enfermera, el colgado, el médico). ¿Por qué sigues esta construcción del cuerpo asignado al contexto que la sociedad nos ha impuesto como normalizado?

Actualmente el cuerpo tiene una grandiosa importancia porque ha ocupado un lugar de visibilidad que antes no tenía. Antes teníamos una relación con nuestro cuerpo, una performatividad, entorno al mundo y a las personas que nos relacionábamos en un marco afectivo, pero a todo esto (comportamiento que nosotros nos desenvolvemos en un ámbito social) se han sumado la interconectividad las redes sociales, el estar hiperconectado dónde la presencia corporal la proyección que das hacia lo otro está muy amplificada. Y, actualmente, podríamos decir que el cuerpo es como casi una prisión para uno mismo porque recoge y sintetiza todo aquello que los demás van a conocer de ti.

Si estás fuera de Internet o no tienes smartphones lo más natural es que un 90% estemos hiperconectados y eso nos lleva a esta sociedad de la vigilancia o dispositivos de la vigilancia de los que ya hablaba Foucault en toda su teoría. Vemos que el cuerpo es una herramienta mucho más compleja de lo que parece. Ya no es un medio o un soporte, sino que es una herramienta para otras cuestiones que nosotros somos participes sin querer serlo. Si yo me limitase a ejecutar mi trabajo artístico como una herramienta de representación (por ejemplo, la representación de una monja) caería en un abismo de literalidad. Cuando yo represento esa monja hay algún elemento disonante siempre. Utilizar herramientas como el vestuario o el atrezo que nos ayudan a conectar un tipo de representación (como ejemplo paisaje femenino: monjas o enfermeras que está asociado a la femineidad o rol femenino) tienen un componente crítico.

¿El género de las personas define el discurso de tus performances?

En mis obras más iniciales trabajaba el género de una forma muy directa con la transformación, el travestismo, los cambios de género, la androginia, etc. Todos estos conceptos definían un poco las políticas del género y que ahora tienen muchísimos más nombres, es decir, se han especificado/especializado/diseñado nuevas etiquetas para cuestiones que antes era hombre/mujer/travesti/transgénero/transexual/bisexual y no había muchas más.

En ese momento determinado de mi trayectoria eran importantes las cuestiones de género y poco a poco han ido pasando a otros lugares menos importantes donde la política de género es importante desde el discurso, pero no desde la visibilidad en la obra. Podemos hablar de géneros sin necesidad de poner un drag/travesti/transexual, a pesar de que si escarbamos en mis obras aparece eso: mujeres que parecen hombres y viceversa. Eran los procedimientos pictóricos necesarios que para mí eran necesarios para construir esas obras en formato performance.

¿En qué confluye tu visión del cuerpo con la sexualidad, la muerte y el poder?

No se puede hablar de sexualidad, muerte y poder dejando de lado al cuerpo. Este es sujeto condicionante para hablar de esos conceptos: necesitamos el cuerpo para hablar de sexualidad, si no hay cuerpos no hay poder y la muerte va intrínseca y totalmente ligada al cuerpo.

Podemos desprendernos de muchos aspectos, pero de algo que es imposible desprenderse es del cuerpo, por eso mi trabajo va evolucionando y el elemento que va persistiendo y que no hay manera de dejarlo a un lado es la presencia de este. Porque me sirve para trabajar la idea de poder, para desarrollar aspectos relacionados con la sexualidad y hablar de la muerte, de la vida, de los objetivos, de las frustraciones, etc. que no son mi preocupación sino de la gran parte de la sociedad.

¿Qué opinas de las etiquetas?

Las etiquetas son necesarias porque nosotros intentamos organizar la información del pensamiento a través del lenguaje. Está bien para hablar de forma normalizada. El abuso de estas es problemático, porque problematiza la normalización. Cuando la etiqueta es específica hace que el lenguaje se obstruya, es decir, que haya parte de los interlocutores de esa conversación que por la especifidad de esa etiqueta no puedan formar parte de esa conversación.

¿A qué se debe tu neutralización del color?

Al neutralizar el color podía hablar más claramente de otros aspectos que estaban relacionados con el discurso y empecé a utilizar paletas de color reducida (el color negro y el blanco). Estos colores me han servido para utilizar el cuerpo relacionado con la sexualidad, y el poder, porque me permite tratar al cuerpo del espectador o la audiencia como elemento más de construcción como parte de la performance.

La performance de Gritos & susurros, conversaciones con los radicales de 2009 el placer, dolor, los fetiches como el BDSM, se transmiten a través del cuerpo en un contexto religioso.

Realmente es muy difícil entender la religión actual desvinculada de los problemas de sexualidad. No hay nada más BDSM que toda la representación de los mártires y los santos, todo está ligado, por eso yo utilizo esos aspectos y los utilizo de forma indiscriminada al igual que dichas representaciones.

Lo ritual es un aspecto que confluye entre estos mundillos (la religión y la sexualidad) siempre tienen un aspecto como ritual y que se repiten una y otra vez en mis performances.

 ¿Por qué utilizas la temática del VIH?

Utilizo como temática el VIH cuando quiero visibilizar ciertas estructuras de poder que están vinculadas con un sistema médico, sanitario, capitalista, sistema de privilegios, etc. y yo puedo hablar de todos estos aspectos cuando pongo en el tablero del juego una temática concreta. A mi me sirve, no solo para abrir ciertos aspectos de debate, de dialogo y de construcción social, sino para normalizar situaciones para luchar contra causas en las cuales yo estoy implicado, porque tengo una sexualidad que la sociedad considera que es un grupo de riesgo entorno a ¿qué? Entonces es una militancia que tú haces en cuanto a esas etiquetas que hablaba antes.

Pero cuando te relacionas con más gente que tienes contacto directo y abierto con la sexualidad te das cuenta que la historia del arte está trufada de artistas que han trabajado en relación a ese contexto con unas finalidades muy concretas: visibilizar, divulgar, comunicar, normalizar aspectos que tienen que ver con la sexualidad, con el poder, con el control sobre y con el cuerpo y que aún a día de hoy, casi 30-40 años después, no se han normalizado.

 

 

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