Amar la locura y sentirse bien por ello

ELREI DE CORSCrónica ensayística trágico-cómica

Por Luisa Albéniz, #issue 21

Hemos decidido ser felices

La Piscifactoria es la compañía de teatro de la Facultat de Medicina de la Universitat de Barcelona dirigida por Cristian Llàcer y que recientemente ha representado la obra titulada “El Rei de Cors”. La historia nos sitúa al final de la primera Guerra Mundial en plena retirada alemana de sus posiciones en Francia. Explica cómo el ejército alemán deciden llenar un pueblo de explosivos con la idea de hacer saltar por los aires a la división británica, sobretodo escocesa. Los lugareños huyen dejando olvidados a los residentes del manicomio, quienes encontrando la puerta abierta, salen al exterior para reencontrarse con sus identidades.

Plumpick, el soldado escocés elegido para desactivar las bombas encuentra a su paso a los locos disfrazados: de conde, de peluquero, de obispo o de prostituta. El lugar de los cuerdos está ocupado por los locos. Como si de verdad existieran unos locos y unos cuerdos. De esta manera, se consigue contraponer la locura de guerra con la locura diagnosticada del psiquiátrico. Como si existiera una dicotomía real entre cordura y locura. En el último ensayo de Carl Gutav Jung éste hacía una analogía entre el mundo dividido por el Telón de acero y el transtorno disociativo de la personalidad. Jung señalaba que nuestra psique reflejara fenómenos de la realidad colectiva de manera correlativa. De hecho, se hizo evidente que en los años 60, las sociedades que habían vivido conflictos bélicos presentaban mayor prevalencia de psiques angustiadamente patológicas. En el Rei de Cors se señala esta dicotomía, se cuestiona e incluso se ríen de ella. Si nos situamos ahora en el contexto actual podríamos preguntarnos ¿cómo ha afectado la globalización, el desarrollo de los medios de comunicación , las redes sociales al concepto de locura? ¿somos ahora locamente diferentes a los alienados de los años 60? ¿Hay un loco clásico, arquetípico , el del embudo y un loco virtual, ubicuo pero con un pulgar hipertrofiado como forma de adaptación al contexto digital de las pantallas táctiles?

                        “ ¡Ninguno de ustedes comprende mi locura!” …dijo Glauber Rocha

                      “Una pizca de locura es necesaria para desafiar al destino”… dicen otros

Qué vida tan aburrida deben tener aquellos que nunca enloquecen”, decía Bukowski

La Piscifactoria, con esta representación pretende cuestionar la idea tradicional y paternalista de eso a lo que se llama enfermedad mental. Hablar de locura casi obliga a citar a Focault y a su texto Historia de la Locura en la que explica que la figura del loco era un personaje tradicional en la cultura y la literatura desde la época griega pero que fue a partir de los siglos XVI y XVII cuando se empezó a organizar la percepción de la locura como una enfermedad mental. De esta manera, se empezó a aislar a los locos al margen del sistema general sociedad en una especie “de gran encierro” que no sólo afectó a los locos, sino también a los mendigos, a los vagabundos entre otros. Y sin embargo a los idiotas los dejamos sueltos e incluso consiguen dirigir estados. Focault, hijo de un cirujano, se preguntaba no tanto por aquello que sucedía por la cabeza de los locos sino lo que sucedía entre éstos y los médicos. Yo creo que lo que sucede entre algunos locos y algunos médicos, a la vista de esta obra, es que nos entendemos. Se trata ya de asumir la propia locura sin culpabilidad. Incluso con alegría.¿ para qué alentar la angustia pudiendo disfrutar del juego que supone el estar vivo? Quizás porque amar la propia locura puede ser una manera de subvertir el discurso acerca de la medicalización de la vida. Y de fastidiar a este sistema que nos quiere cuerdos y productivos hasta la nuestra enajenación. Parece que quieren que nos alienemos pero a su manera, no a la propia de cada una de nosotras. Hace falta valor, entonces para atreverse a enseñar la propia locura en un mundo que nos quiere homogéneamente cabales.

                                                “(..) ¡Hem decidit ser feliços! (..)”

 Piscifactoria, vuestra voluntad de confrontar la locura os honra: vuestro atrevimiento a contemplar la libertad de la locura es un acto político. Esa capacidad de dejaros afectar por la anormalidad cuestiona el discurso acerca de la medicalización de la existencia a varios niveles. Y sí , “hem decidit ser feliços”. Hemos decidido permitirnos enloquecer, reír, amar, …afortunadamente nos hemos atrevido a perder la cordura…

rey de cors

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