Bienvenidos a la era de la sadoestética

Bienvenidxs a la era de la sadoestética, un momento en la historia en el que todo lo que nos atrae nos destruye. Una era que se construye a partir de la cultura visual, del “no me gustas, pero no te vayas”, del “ha sido verlo y no me he podido resistir, era tan bonito”; tan bonito, y punto.

Y nada más.

Y con bienvenida me saludo a mi misma también al ser, ahora, completamente consciente de lo tan dentro que llevo, y llevamos, esta sadoestética del plástico. Esta belleza del plástico me ha tenido cautivada, como a la mayoría de la población; que bien se ejemplifica en el exceso que hemos hecho de este. Pero lo que más me interpela de este material es justamente eso, la capacidad que tiene o que le hemos entregado de gustarnos tanto. Le hemos dado tantas capacidades y responsabilidades a un material cuyo círculo de vida no teníamos claro, sino que hemos ido descubriendo a medida que este crecía a pasos agigantados.

El plástico nos ha atraído de tal manera que se ha ido introduciendo silenciosamente en nuestra cotidianidad que, ahora, necesitamos todo un proceso de investigación, porque nadie te dice ya que eso que estas comprando lleva plástico, y ganas para sacarlo de tu vida. tan embelesados que ni siquiera lo notamos. Conductas que se han integrado tan bien en nuestra construcción social que las aceptamos porque nos parecen absolutamente normales cuando en realidad nos hemos enseñado a nosotras mismas a verlas o hacerlas de esa manera, como el plástico de usar y tirar. Esa rapidez del uso que ya tenemos tan normalizada, pero no porque nos hayamos rendido ante la imposibilidad de encontrar un objeto de largo uso, o del reparar [que siguen existiendo actualmente pero en un segundo plano] sino porque nos hemos autoeducado para aceptarlo, porque realmente nos gusta.

Nos gusta.

Y mucho.

Me explico: El plástico se basa en el principio de inmediatez y satisfacción que nos permite hacer objetos de muy corta vida pero muy útiles en funciones específcas. Es como esa adición que nos invade todo el cuerpo y nos evade la mente por unos instantes cuando el “txik” de una burbuja de plástico de embalar explota en nuestros oídos, una acción de poco esfuerzo y con un gran resultado psicológico; lo que viene a ser un buen ejemplo de relación acción – recompensa. Pues a eso nos hemos dedicado, a crear objetos que promueven la adicción al vagismo de “pon mejor platos y cubiertos de usar y tirar, que sino son muchas cosas a limpiar” o “pues como no tengo tiempo para hacerme la comida en tupper mejor me compro una ensalada de esas del super que son más completitas que si me las hiciera en casa y luego no tengo que llevar el tupper encima ni nada”. Estos objetos tienen una duración de aproximadamente 15 minutos de vida, pero no solo eso, es que aquí aparece otra de las maravillosas cosas que nos cautivan del plástico y es que hacemos “pim” y con esa facilidad nos deshacemos de él. Y, inmediatamente, desaparece de nuestra vida. Casi ni le damos gracias por el uso que nos ha hecho y ya lo estamos tirando. Pero es que tirarlo no significa que desaparezca, es más, todos los plásticos que has utilizado a lo largo de tu vida, o simplemente los que has usado hoy, seguirán existiendo cuando tú ya no estés, cuando todas las persones que conoces ya no existan, tus plásticos seguirán aquí, rondando por alguna parte del mundo, porque no hay ningún organismo vivo que consuma plástico y lo transforme para volver a reintegrarlo en la naturaleza. Porque el plástico se fotodegrada, lo que significa que con la acción del sol se rompe en partículas cada vez más pequeñas hasta ser imperceptibles a nuestros ojos.

¿Será esta la excusa que se utiliza para hacerse las ciegas sobre la problemática del plástico?

Podría ser.

Pero más allá de nuestra propia voluntad por no ver, no podemos olvidar la materia en sí misma que estamos tratando, que parece haber sido creada para embelesar a cualquier ojo aunque este pretenda, a primera vista, no quererlo. El plástico es un perfecto embelesador ya que como material puede ser increíblemente versátil con una amplia gama de aplicaciones gracias a las múltiples formas en las que se puede construir. La fortaleza que puede tomar, todas esas texturas que puede ofrecer muy lisas y finas casi como nuestra propia piel, de puntitos masajeantes, rugosas a doler, el que está inspirado en el tono del mar o las famosas burbujas que explotan nuestros sentidos más profundos; ¿no te ha encantado ya? Pues en esta propiedad reside su fuerza, que hemos descubierto un material que hace y se transforma en todo lo que podamos imaginar, en lo que nos de la gana. Y por mucho que busquemos sus puntos débiles para autoconvencernos de que no lo queremos en nuestra vida, siempre se plantará en nuestra cabeza como gota suave del rocío que te acaricia de buena mañana y te dice: “es que es bonito en realidad, ¿eh? Brilla! ”

Y es que le hemos dado tanto poder que este se ha ido apropiando de nosotras; la adicción al plástico nos está matando. Y esto es algo que empiezo a pensar cuando el palo favorito de lxs niñxs es el plástico del chupachups. Y es que ese palo o lo odias o te encanta, normalmente te encantará, aun que pienses “bueno tampoco es que vaya predicando por la vida lo genial que es el palo del chupachups”. Si! Pero bien que lo mordisqueas y retuerces así en tu boca cuando ya has acabado con el caramelo que lo rodea. Entonces dime tú porque lo mantienes en tu boca ¿eh? Si nunca has probado un chupachups, pues mejor para ti porque estas un paso más allá de la inconsciente adicción al plástico. Porque es así, es casi inconsciente. Como si ya hubiera algo dentro de nosotras que nos hace querer más, como si hubiera una nicotina plástica que nos hiciera seres insaciables que están en dolor, pero que quieren más. Estar en dolor. Esa controversia que es una de las claves del ser humano, fuertemente promovida por el “morir por amor” y otras adicciones del romanticismo, pero que parece haber venido para quedarse para siempre, como el plástico. Porque estar en dolor proviene de un imaginario antiguo que positiviza la redención o la imagen de un sacrificio, que hace que guste el ver un cuadro de Jesus crucificado, porque estar en dolor es una sensación muy cercana a las adicciones, casi como si se complementaran, como si quedaran bien juntan. Estar en dolor es ese sentimiento de ver lo bello en lo negativo, de que te guste un tío “porque mira que chulo y malote que es”. Y ese mismo proceso, de ver lo bello en lo negativo, lo hacemos con el plástico al igual que con el alcohol, el tabaco, el juego, esas grandes adicciones que a día de hoy son casi equiparable a nuestra adicción al plástico. Si no te convence, solo piensa en los procesos de desintoxicación de estas grandes adicciones. Lo primero que haces es ver cuan grave es el problema, con el plástico puedes hacer un ejercicio tan sencillo como contar cuantas cosas de plástico tocas en un solo día; yo 94 y las que he evitado tocar por no querer apuntar más. Una vez dices “joder, pues a lo mejor es grave” y decides que quieres dejarlo, dejar o al menos reducir el consumir plástico y lo primero que te encuentras es que este inunda completamente tu vida, y que todo lo que puedes comprar que no tenga nada de plástico serán cuatro cosas dentro de todo un supermercado, que todos los inputs de tu alrededor te incitan y casi obligan a comprar algo de plástico. Viendo que tú solo no puedes dejarlo, necesitas recurrir a un profesional o una persona que ya haya pasado antes por este proceso que te diga que es posible y te de consejos y alternativas para hacerlo. Esto te llevara al siguiente paso y último que es la necesidad de un cambio en tu estilo de vida, tanto de los lugares que frecuentas, para comprar, y las actividades de consumo que realizas. Y si este proceso lo haces acompañada será mejor.

Pues verás, estos son los procesos y pasos que una página de medicina y salud recomienda para desintoxicarse de la cocaína. Y, como has visto, son completamente equiparables a lo que podría ser encaminarse a una vida sin plástico. Ahora mismo somos como una de esas muertes tan inesperadas, pero tan bellas. Bellas como ese universo tan increíble que te envuelve cuando ya no puedes estar más dentro de una adicción que no te deja escapar. Estamos justo ahí, muriendo en una belleza que nos hace felices. Y esa belleza, eso que nos está matando, como ya habrás deducido, es el plástico. Supongo que Bukowski tenia razón y nuestra primer instinto siempre nos dirá “encuentra lo que amas, y deja que te mate”.

 

Imagen: tomada del proyecto Sealed Air, de Irene Oliva. Barcelona, 2017.

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