Reescribir la historia desde los márgenes

por Elena Bulet i Llopis (@elenabulet)

Quedamos en el preciso lugar donde fue asesinado Salvador Seguí, uno de los líderes del movimiento anarcosindicalista de Cataluña a principios del siglo XX. Alán ha escogido el sitio. El Distrito V, un bar en la esquina de la rambla del Raval y la calle Sant Rafael. En su fachada se encuentran dos placas que recuerdan la muerte de Seguí, también conocido como “El Noi del Sucre”. Una de ellas es fruto de una acción popular, la otra la ha colocado el Ayuntamiento para conmemorar el centenario de su muerte.

– Es bonito que hayan puesto la placa. Aunque me produce cierta contradicción que sea una institución pública del Estado quien termine recuperando la memoria de un personaje subversivo – dice Alán, tras pedirse un café solo en la terraza del bar.

Alán Carrasco toma entre 10 y 12 cafés al día. Le gusta darles una metáfora, decir que toma café porque esta vida no hay quien la aguante. Siempre se los toma solos, sin azúcar ni leche. Siempre, menos cuando fue el aniversario de la muerte de “El Noi del Sucre”.

– El año pasado recordé su muerte viniendo a este bar y tomando café de su misma manera. Primero el terrón de azúcar y luego el café solo. Le tengo mucho cariño a este personaje, le tocó vivir una época muy complicada. Le mataron por lo que representaba, no tanto por sus acciones.

Alán en la terraza del Distrito V / EB

Alán, según la versión oficial, es artista visual e investigador doctoral. Aunque eso es solo la punta del iceberg. Además, hace diseño editorial, algo de web, trabaja de manera anónima en la producción de obras de otro artista y los fines de semana se dedica nocturnamente a la moderación de contenidos de una red social.

Hablar con Alán es como hablar con un historiador, un periodista y un politólogo a la vez. Su discurso es fruto de una confluencia de campos. También lo es su arte. Hay quienes lo clasifican como arte conceptual. Trabaja sobre todo a partir de la investigación en profundidad de fenómenos históricos, que luego transforma en obra de arte. Sus proyectos, como su persona, hibridan estructuras y campos. Y siempre son fruto de un largo proceso de documentación. Contemplar la placa, le remete a su tesis doctoral, que gira alrededor de la creación de discursos fundacionales:

– Quien ostenta la hegemonía es quien decide el discurso – dice Alán, con un tono un poco triste-. Además, el vencedor no solo escribe su historia, sino que se encarga de borrar la anterior. Y eso es un paso muy importante en la construcción de un nuevo relato.
– No existe una única verdad sobre la historia.
– Cierto. Maurice Halbwachs, el padre del término ‘memoria colectiva’, decía que se trata de la multiplicidad de visiones, percepciones y subjetividades que alberga una comunidad. La memoria colectiva es frágil e imprecisa, pero muy necesaria.
– ¿En ello basas tus obras?
– Busco reescribir la historia desde los márgenes. Un poco siguiendo la idea del hilo rojo de la historia – explica el artista esbozando una sonrisa.

Alán resalta cómo nuestras estructuras de comprensión están basadas en asociaciones arbitrarias. Por ejemplo, la necesidad de poner en una línea de tiempo horizontal y perfectamente clara, de izquierda a derecha, una sucesión de eventos para poderlos entender. Lo ejemplifica con un caso que leyó en alguna revista. Se trataba de una cita para un proceso migratorio. La persona citada no se presentó y cuando le preguntaron, lograron entender lo que había pasado mediante dibujos de líneas cronológicas. Esta persona explicó que en su pueblo, el futuro no está delante. Delante está lo que has visto, el pasado. El futuro está atrás, porque es algo incierto. Además, Alán recuerda a Abbas Attar, un fotógrafo de origen iraní, pero con formación francesa. Trabajaba para Magnum París, pero también para agencias persas. Este hombre no componía igual las imágenes según el medio a las que las iba a dirigir, porque las sociedades tenían una direccionalidad de lectura distinta.

El interés por el arte le viene de familia. Su padre es cantero artesano y su hermana restauradora de arte. Él siempre ha vivido de cerca las artes de oficio más tradicionales. Huye de los cánones hegemónicos y le fascinan las vanguardias, porque hicieron saltar por los aires los códigos de representación. Hace arte contemporáneo, porque le interesa la capacidad que tiene para explicar hechos que repercuten en la actualidad. Aunque siempre lo vincula a un activismo histórico.

Uno de sus últimos proyectos es “Índices de incidencia”, en el que recoge las cifras de las muertes laborales desde el 1988, cuando se empezaron a hacer públicos los informes. “Políticas del olvido”, en esta línea, presenta una cronología de víctimas de la Transición. Alán considera que es uno de sus proyectos más lentos, pues la mayoría de casos siguen siendo secretos de sumario y los que no lo están presentan expedientes retocados, con información totalmente fraudulenta.

– ¿Cuándo aparece tu interés por la historia?
– La verdad es que no lo sé. Supongo que me gusta, porque entiendo que la historia es como un continuo. Las cosas que pasan hoy tienen que ver con lo sucedido anteriormente. Especialmente el siglo XX ha marcado nuestra realidad cultural y política.

El artista recuerda cómo horas antes miraba el mapa de Alsacia y observaba que los nombres estaban escritos en alemán. Todo como resultado de las Guerras Mundiales, después de que la claudicación de Alemania redefiniera las fronteras europeas. Alán parece estar empapado de historia, pero comenzó a leer este tipo de libros bastante tardío. De adolescente, leía sobre todo novela. En casa, tampoco se le había promovido demasiado. Aun así, Alán conoce con detalle la historia reciente de la mayoría de países de Europa. Hace poco se fue a documentar el centenario del asesinato de Rosa Luxemburgo, uno de sus personajes predilectos de la historia:

– Seguramente es la mujer con más altura intelectual y política que conozco. Fue asesinada por los Freikorps, un grupo paramilitar nacionalista y ultraderechista conformado por parte de las milicias derrotadas en la Primera Guerra Mundial, que después acabarían integrando el aparato represivo criminal del nazismo. La muerte de Rosa adquirió una dimensión simbólica por ser extranjera (polaca), marxista, coja, judía y mujer. Tenía absolutamente atravesados en su ser todas las subalternidades posibles en Europa a principios del s.XX.

Alán cuida mucho su lenguaje. Usa especialmente la palabra ‘subalterno’ para evitar estigmatizar colectivos o personas. Durante su discurso, crea paralelismos entre las ultraderechas de 1919 y las de ahora.

– Cambiando quién es el sujeto subalterno al que nombran y la nación, los discursos de la ultraderecha actual son los mismos que los de la extrema derecha alemana que luego triunfó. La idea de la amenaza externa, la eterna amenaza abstracta que pone en peligro a tu patria. Ahora ocurre a golpe de tuit o de Facebook, pero con el mismo argumentario.
– Ya decían que la historia se repite.
– Es una cita de Marx, de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”. La historia siempre se repite. La primera vez como tragedia y la segunda como farsa – dice Alán, mientras empieza a liarse meticulosamente un cigarrillo.
– Recurres mucho a la filosofía.
– Es otras de mis pasiones. No soy nada docto, pero sí que tuve un acercamiento fuerte gracias a un programa de estudios independientes del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). Una de las grandes carencias del sistema educativo español ha sido derogarla de la escuela pública. Una sociedad sin filosofía será una sociedad acrítica, totalmente funcional. Las escuelas se convertirán en un engranaje más productivista que crítico. Y una sociedad acrítica es una sociedad dócil.
– Aun así, el arte también alimenta el sistema capitalista.
– Cierto. Es curioso, porque el mercado del arte es capaz de fagocitarlo todo. Incluso las obras del artista que más trabaja desde los márgenes pueden ser mercantilizadas y vendidas con grandes plusvalías.
– ¿Sientes que tu arte también está pervertido por el capitalismo?
– Tengo la suerte de no poder vivir de mi arte – explica de manera sarcástica mientras se sigue liando el cigarrillo -. Digo suerte porque esto me ha permitido tener el arte como el único espacio dentro de mi vida en el que no permito la alienación.
– ¿Y si algún día te ficha alguna galería?
– Supongo que entonces esta conversación iría por otros derroteros.

A pesar de ello, Alán admite que todo el mundo tiene un precio. Pero duda sobre si aceptaría la oferta, puesto que entiende el arte como su espacio de libertad. Las obras de Alán plantean más preguntas que respuestas. Como artista, no siente que pueda plantear soluciones a problemas de tal magnitud como la de los que trabaja. De hecho, su arte le ha llevado a toparse con la censura de algunos estados. En Perú, hizo una obra en la que tomaba tres imágenes de los agentes implicados en uno de sus conflictos armados: las fuerzas armadas, los grupos subversivos y la población civil. En todas eliminaba el elemento identificativo, planteando la pregunta de que si lo que había pasado en Perú podía extrapolarse a otros lugares. Esta obra fue secuestrada por el servicio de inteligencia del ejército peruano, porque el artista había tratado visualmente de la misma manera a la subversión que al aparato militar del Estado.

– Me pareció divertido que el ejército hiciera una valoración estética y simbólica de mi obra. Pero salí de Perú realmente asustado por esta cuestión. Debía tener unos 24 años.

Alán tiene ahora 32 años y sigue hurgando en aspectos que los países intentan eliminar de su historia. Además de Perú, estuvo un tiempo viviendo en Stuttgart, con la intención de trabajar sobre la idea del panóptico. Esta idea de vigilancia permanente se empezó a implantar en la prisión de Stammheim, una prisión de tipología Supermax (por su máxima seguridad). Allí, había cuatro de los dirigentes de las Raf presos. La historia dice que se suicidaron, pero nada aparece en las grabaciones del circuito de televisión cerrado y los informes forenses no cuadran con el relato oficial de su muerte. De repente, sin que Alán hubiese explicado nada, se le denegaron los permisos de entrada a la cárcel y también los de consulta o citación de imágenes.

– Es muy interesante, porque no es una censura, sino una censura previa. A mí nadie me censuró el contenido, sino que no se me permitió realizarlo. Es un mecanismo mucho más sofisticado – matiza mientras se pide el segundo café.

El segundo café solo de Alán / EB

Alán ha vivido en muchos lugares del mundo, que le han permitido ir adquiriendo un contexto geopolítico global. La primera vez que marchó fue a estudiar inglés a Irlanda. Se define como hibernófilo perdido, porque se sorprendió que sin ir tan lejos de España, la vida pudiera ser tan distinta en Irlanda. Reflexionando un poco, admite que puede que su interés por la historia viniera de ese momento. Su familia adoptiva era de las pocas familias gaélicas de habla irlandesa que había en la ciudad de Limerick. Nadie en la casa hablaba inglés y fue entonces cuando Alán empezó a entender el contexto del lugar en el que se encontraba. Familia gaélica republicana, vinculada al proceso armado. También faltaba el marido, que había caído en combate. La historia que había alrededor de esa familia empezó a suscitarle muchas cosas. Alán también vivió en Colombia, porque estuvo involucrado en su proceso de paz, en la parte de documentación. Aunque no puede explicar nada de lo que hizo allí, porque firmó un acuerdo de confidencialidad.

– Lo que sí que puedo contar es que sentí que vivía la historia con mayúsculas. De lo más importante que he visto en mi vida. Recuerdo con emoción la intervención de Timochenko, un tipo que cinco años atrás lo hubieran abatido sin preguntar, en la plaza Simón Bolívar durante la presentación de las FARC como partido político.

La persona de Alán está envuelta en misterio. Quizá por su grave tono de voz o por su aspecto cuidado y elegante, sin que nada esté fuera de lugar. No puede contar el motivo de su implicación en el proceso de paz de Colombia. Tampoco puede revelar el nombre del artista por quien produce obras. Por último, no puede decir la red social por la que modera contenidos.

– ¿Trabajando en esta red, te has encontrado con dilemas morales?
– No, porque nunca me han puesto en el aprieto de tener que eliminar algo que me pareciera que estaba bien. Lo que sí me ha pasado es al revés, permitir contenido que a mi me parecía mal. Por ejemplo, el contenido franquista nunca se elimina.
– ¿Por qué?
– Lo mismo dije yo. Cuando pregunté por qué ese contenido no se “baneaba” y sí el del nazismo, la empresa me respondió que una entidad privada no puede tomar decisiones respecto algo que el país no ha legislado. Esa respuesta fue devastadora.

Al igual que su aspecto físico, la obra de Alán tiene una formalización impoluta. Siempre la presenta de manera pulcra y ordenada, sin el más mínimo reducto de caos. Alán lo atribuye a su cualidad de maniático. Y es que, a pesar que en su vida diaria no es muy ordenado, es muy cuidadoso con todo lo que produce. No importa si es un diseño, un café o un cigarrillo.

On Kawara es uno de los artistas que ha marcado las obras de Alán. Le interesa por su pulcritud en su trabajo, la idea de serie o de sistematización. También rememora a Francis Alÿs, especialmente una obra en la que se fotografió en El Zócalo de México. Allí era habitual que trabajadores más o menos precarios se colocaran con un cartelito que pusiera su profesión para que alguien los contratara. Alÿs se puso junto a ellos con una placa que ponía “turista”. Solo podía ofrecer su condición de extranjero, una mirada subjetiva de un turista belga blanco cargada de prejuicios. A Alán, obras como estas le hicieron descubrir que el arte tenía muchos niveles de narrativa y que no era necesario hacer nada demasiado contundente, agitador o subversivo para cuestionar aspectos políticos.

La vida de Alán también ha estado marcada por la muerte. Es de las pocas cosas que le asustan. Esto también se refleja en sus proyectos, que están en parte atravesados por la necropolítica y presentan un acercamiento a la muerte y la tragedia. Teme a la muerte, porque es algo que nadie puede controlar. Nació en Burgos, pero vivió en Pamplona desde pequeño. Allí, cuando era pequeño pusieron una bomba en el local comercial de su edificio. Más tarde, cuando estudiaba en el instituto, vio el atropello de un hombre en la calle.

– Hay decisiones que tomas inconscientemente, pero que tienen una trascendencia total en la vida de la gente o de otras personas. Prefiero no pensar mucho en ello, porque me amarga la existencia.

Alán gesticula mucho mientras explica, se le da bien crear imágenes mediante la palabra y el gesto / EB

Alán tiene una visión crítica, de sí mismo y de todo lo que le rodea. No se considera un artista oficial, pues cree que es bueno tener la sensación que uno es aspirante. Sin embargo, su experiencia y su formación le otorgan de sobras esa categoría. De hecho, me confiesa que generación tras generación, su familia se ha sacrificado para que los hijos puedan acceder a los estudios.

Estudió Bachillerato de arte, es Técnico Superior en Fotografía Artística por la Escuela de Arte de Vitoria, es Grado en Arte y Diseño por la Massana-Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), Máster en Estudios Museográficos y Teoría Crítica y Máster en Literatura Comparada y Estudios Culturales por la misma universidad, Posgrado en Programa de Estudios Independientes del MACBA, y ahora está a la mitad del doctorado en Historia del Arte. Por no hablar de las obras expuestas, tanto a nivel internacional como a nivel local.

Sin embargo, cuando dialoga lo hace siempre de igual a igual. Si no le hubieran preguntado, probablemente nunca habría presumido de formación.

– ¿Por qué tanta formación? ¿Te exiges mucho a ti mismo?
– No lo sé. Creo que en parte lo hago para romper el techo de cristal que históricamente se le ha impuesto a la clase obrera.

Y esta frase quedó suspendida en el aire, envuelta en los sonidos de bicis de la rambla del Raval y adornada con unas músicas lejanas que salían de algún altavoz, invisible tras la maleza de la terraza del Distrito V.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s