Rondan fantasmas de píxel gordo

CRÓNICA de una conversación divagada a partir de la lectura de Los fantasmas de mi vida, de Mark Fisher, per Laura Domínguez Solé.

 

Persona y Persona // 20’13h

Suben a la azotea de casa de Persona.


 

P. ¿Por qué siempre llueve aquí? Eh, pero nos sentamos igualmente.

P. Sabes, últimamente tengo problemas de memoria. Creo que llevo unos meses que no almaceno todo lo que vivo. Tengo la sensación como que mi cuerpo hubiera sido rellenado de información hasta su capacidad máxima y ya no fuera capaz de almacenar nada más. Sonará un poco ridículo, pero me reconforto mirando las imágenes guardadas en el móvil a modo de justificante de vida. Me tranquiliza tener los recuerdos cristalizados a toque de dedo. Al menos no ocupan tanto, que si tuviera que cristalizar cada recuerdo con un pongoobjetos que piensas ¿dónde lo pongo?– como hacía cuando era un poco más joven, guardando piedras, papeles o comida endurecida que ha recorrido países, ya no habría espacio para poder vivir. ¿Pero qué triste, no? Al final parece que tan sólo permanezca lo que hayamos registrado en una foto. Lógico que estemos ansiosos por grabarlo todo, y que el paisaje habitual en cualquier tipo de situación esté adornado con móviles, sus cámaras, sus flashes y sus detractores.

Aunque tampoco estaría tan mal. Si tuviera que fiarme de todo ese material para construir mi propia biografía, tendría buenas sensaciones de esta. Tengo fotos de mis amigos, de mi familia, de cosas que supongo que me han llamado la atención; pensaría que me lo he pasado bastante bien, que he visto cosas que me han hecho sentir. ¡Ay! ¡Ves! Me contradigo. No sé de dónde he sacado este enfoque tan insistente que la identidad, lo que archivamos, y como nos autopresentamos por ahí en las redes están entre ellas a las Antípodas. Ni que fuésemos cuerpos hechos a pedazos tan poco encolados que nos permitieran definir con exactitud: “yo ficción” / “yo de verdad“.

No te mentiré, me preocupa no recordar. Empecé a darme cuenta cuando constantemente me decían eso de “pero si eso te lo enseñé“, “es aquello que te dije“, y nada, no había ningún tipo de constancia en mi cabezota. Alicornio rodando por la carretera del Lejano Oeste. Es un poco desesperante y extraño, si no soy capaz de retener nuevas experiencias para futuros recuerdos, me da la sensación que voy a repetirme en todas mis conversaciones de aquí en adelante. ¡La que te espera…! ¡Que 21 años han dado para mucho! Jajaja ¿Pero te das cuenta de la gravedad del asunto? Me quitan el móvil y la mini agenda que he comprado recientemente y me convierto en un bebé dentro de la selva.

P. Tu situación es un poco Memento, esa peli donde el protagonista no recordaba nada e intentaba descifrar a modo de puzzle lo que había sucedido anteriormente a partir de fotos, notas y tatuajes que tenía en su cuerpo. Ya veo que el próximo paso que des, va a ser tatuarte cosas en la piel para no olvidar. Hablar de las autopresentaciones en el mundo cibernético y pensar en la piel, menuda paradoja.

P. Eso es next level. De momento podemos pasar con pintadas en la mano con boli Bic a modo de post it. Mira, que te busco lo que indagué de la memoria: * hace click en la primera entrada de Google mínimamente fiable *

La amnesia anterógrada es un tipo de amnesia, o pérdida de memoria, donde los nuevos acontecimientos no se guardan en la memoria a largo plazo, es decir, la persona afectada no es capaz de recordar algo cuando la información desaparece de la memoria de corto plazo, pues esta información no se consolida en su memoria de largo plazo.

P. ¿Pero tía, tú te drogas? Las faltas de memoria ya conoces de qué son símptoma. Tranquila, si me parecería lo más normal del mundo, estamos faltados de evasiones de verdad. Diría que sólo tengo esperanza en las raves que se montan en medio de la nada. Nos faltan momentos de disfrute colectivo, festividades hedónicas. El goce ahora está demasiado individualizado. Y digo eso yo, que si estoy aburrido en el ordenador, recurro por inercia a ver vídeos de raves noventeras en campus o bosques remotos, y nunca he estado en una en carne y hueso. Esta gente se les ve tan libres, con sus movimientos espasmódicos por los efectos del MDMA, cuerpos contra cabezas y brazos entre pechos. Pero están todos juntos, ahí está la clave que nos falta. Es la antítesis de nuestro disfrute más cotidiano, que en demasiadas ocasiones se hace con el prisma de una soledad conectada. Así que entendería estas necesidades de éxtasis, de recurrir a sustancias.

P. ¡Anda! ¿Qué dices? Que no, que no. Mis faltas de memoria supongo que se deben a leer y estar con las antenas permanentemente en órbita para volcarlo todo en el trabajo de fin de grado. Me está pasando factura. Maldito trabajo que siempre está acechando. No hago ni lo que me apetecería hacer, porque tengo remordimientos por no estar pasando el tiempo suficiente con ese trabajo, ni me pongo de verdad a hacerlo porque ya estoy asqueada. Meter todos los huevos en la misma cesta es de dudoso fin exitoso. Recibir tantos estímulos de golpe me ha convertido en un ser un poco tonto. Sólo interacciono cuando me hablan de autoconstrucciones de la identidad, redes románticas, capitalismo emocional. Nada más.

P. ¡Nuestra vida misma! Jajaja

P. Totalmente. Las cosas no son tan distintas a hace unos años. Es indiscutible que la tecnología ha traspasado todas los aspectos de la vida de manera bastante abismal. ¿Pero no te parece que ahora, hay una tendencia importante en artificializar aspectos que hacen reminiscencias al pasado, cuando todo era más analógico? Hablo de la aesthethics. Simular lo analógico en lo digital. Eso es.

P. El otro día estuve pensando, que los gráficos de cuando éramos pequeños del Club Super 3, con ese aspecto de los inicios de lo digital, usando chromas y píxel gordo, no están tan lejos de los gráficos que nos pueden parecer innovadores a día de hoy. Humanos que en la pantalla se ven con la misma textura granulosa y saturada que todos los dibujos que les acompañan.

P. Es que siguen muy presentes los ochenta y los noventa. Había cierta esperanza en un futuro más abierto cuando la tecnología cercana a como la conocemos hoy en día empezaba a desarrollarse; ahora mismo, con sus resquicios, lo digital está más podido. Y de vez en cuando, se va manifestando como si se tratase de un fantasma ese futuro que no ha llegado a ser.

P. Ya no es ni la añoranza en el pasado, es que tampoco podemos alejarnos de él. ¿Mejor bajamos de la azotea? Empiezo a tener frío y supongo que tú también.

¿Sigue lloviendo? ¿O es solamente el sonido de la televisión sintonizada en un canal muerto?

Bajan de la azotea de casa de Persona.

Persona y Persona // 23’23h


 

 

 

FISHER, Mark, 2018, Los fantasmas de mi vida. Argentina : Caja Negra.

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