Las histórias que contamos

Crónica famíliar, por Olga Rodríguez Ortiz

 

Lo dijo Borjes en El Aleph,  un cuento que escribió; la memoria es porosa. 

Los recuerdos familiares, poco a poco se van convirtiendo en historias del pasado, ya que en nuestra memoria se van desvaneciendo o incluso borrando. Es cierto que nuestra mente es prodigiosa y no se deshace tan facilmente de nuestros recuerdos más preciados, ¿pero que pasa con aquellos que ni siquiera hemos vivido? 

Esos recuerdos o anecdotas de las que toda la família habla incluso sin haberlas vivido. Sobre todo las generaciones más pequeñas se nutren de esas historias para no olvidar a aquellos que ya no estan, pero nunca las han vivido, ni tampoco se las han contado en primera persona.

A mi me pasa eso. Y me he dado cuenta recientemente. 

El 21 de Marzo de 1922, nació mi abuelo en el Antiguo hospicio de Oviedo (Astúrias). Una mujer bastante joven y al parecer soltera, lo que en aquellos años parecía una locura, fue a dar a luz al Hospicio para luego marcharse sin dejar ninguna pista. 

Cuando mi abuelo fue creciendo, no tenía ningún familiar, ya que lo habían abandonado, y tuvo que ir buscandose la vida como pudo por distintos lugares de Astúrias. Sin família e incluso sin apellido claro (almenos nosotros no lo sabemos) deambuló hasta dar con una aldea donde lo ‘’adoptaron’’ y fue entonces cuandó le ‘’dieron un apellido; Ortiz. Esta família murió y volvió a quedarse solo, hasta que encontró otro lugar donde trabajar en Alcubiella (un pueblo de la parroquia de La Mata, en el concejo de Grado). Allí volvió a estrechar lazos muy fuertes con la família que lo acogió hasta que decició venir a Barcelona.

Esta historia la había escuchado varias veces en mi casa, pero nunca me había parecido tan interesante como hasta ahora, que al preguntar por su historia descubrí que en un viaje a Oviedo, una de mias tías decidió indagar y acabó descrubiendo que la madre de mi abuelo, su abuela, era de un pueblo de León y que seguía viva (y que su apellido era Fernández). Seguramente, al igual que a todos, le surgieron muchas preguntas y dudas pero decidió dejar la historia enterrada. 

Con esta historia tan, tan, tan resumida me prgunto: ¿Hasta que punto esa también es mi historia? ¿que hay de verdad y de mentira?

Sarah Polley, en su documental Stories We Tell, trata este tipo de cuestiones. Se reúne con algunos de sus familiares para indagar sobre algunas verdades familiares que su madre dejó por contar.  Pide a cada persona que les cuente la historia de su madre. 

Si yo hiciera lo mismo con mi abuelo (o con mi abuela, que su historia de Navarra hasta Barcelona tampoco fue para menos) ¿que habría de verdad y que serían recuerdos fabricados?¿Coincidirian todos en los mismo, o con el paso del tiempo las historias habrían ido desapareciendo de sus recuerdos y cada uno añadiria esa parte que le falta?

Las fotografías, los vidios o las historietas de cada reunión familiar no me valen, lo que esta claro es que no habría nadie como el que nos desvelara a todos lo que nunca quiso contar.

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