Crítica a la crítica (y a Joan Minguet)

 

Siempre me he mostrado un poco reacia a aceptar y ver con buenos ojos la idea de la crítica del arte, especialmente desde que empecé esta asignatura, principalmente porque me cuesta entenderla como algo separado de la opinión, la cual me resulta lo suficientemente irrelevante como para categorizar el trabajo de un artista en uno de los polos del espectro del arte bueno y arte malo.

Hace un par de semanas recibimos en clase al crítico y profesor Joan Minguet. Hasta entonces yo no conocía su trabajo, solo había leído una crítica suya sobre la exposición de Jaume Plensa inaugurada el pasado diciembre en el MACBA. En dicha crítica, Minguet exploraba la idea del gusto y como este no es un fundamento sólido para elaborar una crítica. Recuerdo que me gustó mucho su razonamiento y el modo en que lo articuló alrededor de su crítica a Jaume Plensa.

Minguet nos presentó su visión sobre la crítica del arte en una extensa presentación que, si tengo que ser sincera, delató una cierta inclinación a dejarse gobernar por su propio gusto, a pesar de haber verbalizado anteriormente su negativa a basar la crítica en este.

Tras haber escuchado su discurso y haber meditado con detenimiento sobre sus palabras, quiero discutir algunas de las afirmaciones que se hicieron en clase así como también hacer un poco de crítica a su postura como crítico.

 

La crítica de un crítico siempre estará sesgada por su idea del arte, la cual responde al su gusto.

Ya lo dijo Antonio al terminar la sesión, como críticos, solo podemos evitar la “contaminación” hasta un cierto punto, con lo que estoy de acuerdo, y que quede claro que no tengo nada en contra de la subjetividad, es solo que no me parece necesaria en la gran mayoría de los casos, o por lo menos tan relevante como nuestra cultura tiende a considerarla.

Minguet fue muy obvio (supongo que a propósito) delineando cuál es su ideal en cuanto a arte y lo que este debe ser. Aunque me dio la sensación que más que presentar su ideal, lo presentaba como un ideal genérico. Acompañó su presentación de varias citas, las cuales me llamaron la atención por cómo ponían en evidencia su inclinación hacia un tipo de arte:

“No, la pintura no está hecha para decorar las casas. Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo.” –Picasso

A esto respondo ¿por qué no?

Minguet mismo nos dijo que en la historia del arte se nos dice qué obras son grandes obras maestras y, que de este modo, cuando nos encontramos frente a estas obras, ya hemos sido desposeídos de todo espíritu crítico.

Que quede claro que parto de la premisa que el arte no tiene una definición universal, o por lo menos no creo que sea conveniente que la tenga, sino que el arte tiene la capacidad de hacer llegar a cada uno a una conclusión única. Gilbert and George lo expresan de manera muy acertada, a mi parecer, en su manifiesto de 1970 What Our Art Means:

“Our Art is the friendship between the viewer and our pictures. Each picture speaks of a “Particular View” which the viewer may consider in the light of his own life.

[“Nuestro arte es  la Amistad entre el espectador y nuestras imágenes. Cada Imagen habla de una “Mirada Particular”, la cual es espectador deberá considerar bajo la luz de su propia vida”.]

Minguet es muy claro afirmando su oposición contra la forma en la que se explica la historia del arte- afirmación con la que estoy de acuerdo- pero me resulta contradictorio que se contraponga a este sistema anticuado pero que, a la vez, todas las citas que ha seleccionado, si no me equivoco, son de personalidades del siglo pasado (Picasso, Artaud, Derrida, Bretch, etc.) ¿Qué pasa con el arte contemporáneo? como crítico ¿no es el arte contemporáneo el sujeto de muchas de sus críticas? ¿tiene sentido juzgar el arte contemporáneo basándose en ideales artísticos del siglo pasado?

Entiendo que el carácter combativo que adoptó el arte durante el siglo XX fue debido a las dos guerras mundiales, y que dentro de ese contexto tiene sentido la voluntad ofensiva y atacante de los artistas y la visión del arte como un arma de combate. Pero esto fue años atrás y- aunque no le quito importancia a los hechos históricos y las repercusiones que vivimos en el presente a causa de estos- los tiempos han cambiado, el arte ha cambiado, y este no debería ser –solo- una arma.

Veo una tendencia (tanto por parte de artistas y no artistas) a querer llegar colectivamente una definición universal que aclare de una vez por todas cuál debe ser la función del arte. Y digo debe porque me parece extremadamente innecesario querer encasillar un concepto tan flexible y maleable como lo es el arte. ¿No es acaso esta mutabilidad lo que ha permitido que haya algo que explicar sobre la historia del arte (a pesar de la mala gestión que se ha hecho de la memoria histórica y los cánones que se han intentado establecer a través de esta)?

El arte no debe ser nada, las expectativas en el arte solo merman su potencial y capacidad inherente para romper los límites de sus definiciones.

“Arte es aquello que creemos que es arte.” -David G. Torres

Así pues, sí, el arte es combativo, defensivo y ofensivo, pero también puede ser decorativo, puede perseguir la belleza de una forma clásica o en nuevas formas, o incluso no buscarla en absoluto.

La idea de Minguet en cuanto a la crítica está basada casi por completo en la percepción del arte como un arma de guerra, y detecto un cierto miedo en la ofensiva de Minguet, miedo a que el arte pueda ser estas cosas también y, que por lo tanto, la crítica pierda su sentido. Si, al fin y al cabo, cualquiera puede tener una definición para arte y borramos los límites de qué es aceptable o no, ¿qué papel tiene el crítico entonces? Pero creo que lo que nos hace falta entender es que el arte, de por sí, no es nada bueno, ni nada malo. Le atribuimos una connotación positiva que de forma indirecta, nos hace creer que todo el arte debe ser “bueno” (sea lo que sea que signifique eso). Pero lo cierto es que hay arte bueno, y arte malo, hay arte que es basura, arte regular y arte con potencial, entre otros posibles, y que no siempre estaremos de acuerdo a la hora de catalogarlo en este amplio e indefinido espectro de posibilidades.

Pienso que el problema no reside en qué es el arte en sí, sino lo que la cultura hace con este, y a la vez, cómo esta imagen cultural (colectiva), permea en la sociedad, en la cual también se encuentran otros artistas que crearán a partir de la definición o de los propósitos que el entorno en el que se encuentran haya atribuido al arte. Como en el caso que menciona Minguet sobre como el modo en que la historia del arte se enseña acaba por condicionar y encasillar el arte “bueno” dentro de unos estándares anticuados, este modelo se acaba repitiendo si solo se promueve un tipo de arte.

Y ahí se levanta otra cuestión. Creo que el arte contemporáneo se caracteriza precisamente por el hecho de que no hay un “tipo” u movimiento que cree un flujo de tendencias (nótese que no hablo del sistema y mercado del arte, en este caso la situación es completamente distinta y responde a unos intereses económicos más que estilísticos), sino que se caracteriza por su transversalidad.

Porque no podemos olvidar que, nos guste o no, nuestra cultura es un producto de un sistema capitalista, y por lo tanto mediático, y que es difícil evitar que el arte que se produce y desarrolla dentro de sus parámetros no responda a sus discursos e intereses.

“Expuesto, el objeto es castrado” -Antonin Artaud

Sin embargo, a pesar que encuentro que esta cita de Artaud es una representación de la realidad, también pienso que conocer las mecánicas de los sistemas económicos y de poder que mueven el sistema del arte puede empoderar al artista para buscar mecanismos y estrategias que le permitan cambiarlo desde dentro.

De hecho, creo que en cierto modo, Minguet ya estaba de acuerdo conmigo en que el arte es aquello que creemos que es arte, pues él mismo puso el ejemplo de Josephine Witt- ex-miembro del colectivo Femen- y su acto de protesta en el Banco Central Europeo que llevó a cabo en abril de 2015 en el que la activista, en mitad de una rueda de prensa, saltó sobre la mesa en la que se encontraba sentado el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, al que arrojó confeti . No fue un acto artístico, sino un acto de protesta, pero el acto performativo podría llegar a considerarse artístico, tal y cómo dijo Minguet, que confesó que a él le parecía un tanto artístico, o que por lo menos él no descartaba la posibilidad de que así fuese, apuntando a esta turbia línea que separa el arte de los actos convencionales.

 

Hasta ahora he puesto en cuestión algunas de las premisas con las que Joan Minguet, quiero hablar de la crítica como herramienta.

Una de las afirmaciones que surgieron a las que le he estado dando vueltas es que la crítica no es opinión, la crítica se basa en un criterio que no responde al gusto. Pero si no responde al gusto, ¿a qué responde? O lo que es más importante ¿qué es el criterio?

Sospecho que la crítica, una herramienta tan sólida que se escuda con el intelectualismo, está basada en un fundamento tan borroso e indefinido como el criterio. Y aquí está el porqué:

La crítica, tal y como indica el nombre y, tal y como dijo Minguet, se basa en el criterio, y si buscamos qué es el criterio veremos que se fundamenta en el uso metódico de normas o reglas que le permiten llegar a uno a la verdad. Por consiguiente, esto me hace pensar que la crítica del arte se entiende como una base legítima que permite al crítico establecer una verdad absoluta a través de su crítica.

Sin embargo, existen otras definiciones de criterio, entre ellas este también se asocia al juicio, del cual encontramos varias definiciones:

  1. Facultad de entendimiento que permite discernir y valorar.
  2. Opinión, valoración.
  3. Salud mental, estado de la razón opuesto a la locura.
  4. Cordura, sensatez.

En todas estas definiciones, vemos que el juicio, por muy fundamentado que esté en el conocimiento, este siempre está sometido a la razón del individuo, el cual lo transformará y moldeará para hacerlo encajar en su imagen de la realidad.

Minguet aquí me detendría y me diría que hay diferencia entre el razonamiento de alguien que se ha documentado y el de alguien cuya opinión se basa en el mínimo esfuerzo, pero del mismo modo que él dijo que el trabajo del crítico es interpretar, eso es lo que hacemos todos con la información a la que estamos expuestos, interpretar, no descifrar.

“El artista es el primero que da voz a su obra, pero no el único.”-Jacques Derrida

Por eso creo que no deberíamos confiar completamente en el juicio, mayoritariamente gobernado con la ética y la moral, como indicador de la verdad. De hecho esto puede ser peligroso, puesto que conceptos tan poco definidos como la ética y la moral nunca han sido el mejor criterio para actuar (como es el caso de la inquisición, el colonialismo, el racismo y el sexismo, entre otros criterios que en su momento también contaban – o cuentan-  supuestamente con pretextos firmes).

Lo que vengo a decir es que tanto el criterio como la opinión son malos fundamentos para llegar a la verdad, si es que la hay. Un criterio puede ser puesto en duda como cualquier opinión. Pienso que, al fin y al cabo, el criterio es como un castillo de naipes: a cuantas más perspectivas y conocimiento se exponga uno más alto será el castillo, pero seguirá siendo igual de frágil, lo único es que si intentamos desmontarlo, tardaremos más en deshacer el castillo más elevado.

Y es en este punto en el que coincido con Minguet: una conversación es siempre más enriquecedora si tras el razonamiento de uno hay una acumulación de conocimiento sobre la cual se basa su criterio, y la discusión se vuelve todavía más interesante si la posición de uno no es impenetrable.

Quiero que quede claro que esta es una crítica a la crítica, no contra la crítica. No pienso que esta sea innecesaria, pero sí que puede resultar nociva si se entiende y se usa como un medio para establecer absolutos. La crítica debe ser una herramienta enriquecedora, con voluntad de diálogo y que cree un distanciamiento de la obra, y que permita, hasta un cierto punto, deshacernos de la alabanza colectiva gratuita. Y tal y como dijo Antonio Ontañón al final de nuestra sesión con Joan Minguet: no debemos arrodillarnos ni ante el museo ni ante el crítico”.

 

Para acabar, señalar solo una de las últimas afirmaciones que hizo Minguet, con la que estoy de acuerdo parcialmente:

“La misión intelectual del crítico es otorgar pensamiento al arte mudo, un continuo seguir interpretando.”

La misión intelectual del crítico sí que es un continuo seguir interpretando, iniciar una cadena que seguirá con las interpretaciones de otros, pero el crítico nunca hará el trabajo del artista, el único que le puede dar voz a su arte.

El arte nunca es mudo, y cuando lo es, es porque algo o alguien lo silencia.

 

Carmen Puig Martínez

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s