(voz en off) $ : Disculpadme, pero vuestro tiempo vale mucho

per Laura Domínguez Solé

Ante la incertidumbre que teníamos al no saber si iban a llegar más compañeras a la hora convocada, Alan Carrasco suelta: ¡Vamos a esperar un cuarto de hora más!

Él mismo, artista que presenta su obra en la exposición colectiva ¡Perder el tiempo y encima procurarse un reloj para este propósito! nos espera junto a los comisarios Clàudia Elies y Marc Mela justo en la entrada de la sala de exposiciones del Centre Cívic Can Felipa.

Sólo entrar al centro asombra cómo cohabitan los diferentes proyectos del centro cívico ubicado en el barrio del Poblenou, en el que se ofrecen el programa de Artes visuales – en el que se enmarca la exposición- y el programa  de Artes escénicas, de la misma manera que se llevan a cabo talleres y cursos para la vida activa del barrio. Así que es posible que coincidieramos en el ascensor con alguna persona que se dirigía a un curso de ukelele o pilates.

Parece que todos somos conscientes que han pasado los minutos suficientes para empezar nuestro recorrido.

Clàudia y Marc nos introducen a la exposición hablando de las concepciones sobre el tiempo de Heiddeger, de quien toman frase para el título de la exposición, y de su interés en las miradas sobre las paradojas que surgen al reflexionar sobre la temporalidad. El tiempo se puede tener o no, se puede perder, se puede contar. Tensiones que se ponen sobre la mesa al estar 40 horas midiendo el tiempo con “la cuenta de los cinco palos” con lápiz blanco sobre papel blanco. En eso consiste 147.710 [Black Sundays] Prueba de Leucofobia: 40h en blanco,  de Alberto Gil Cásedas, donde se materializa imperceptiblemente el esfuerzo de cuantificar el tiempo y de lo inútil del mismo acto.

Alan Carrasco nos conduce a su obra Índices de incidencia, donde nos acercamos simbólicamente al pasado del mismo centro Can Felipa, la antigua fábrica textil Cátex. Por una parte, vemos una documentación del fichero burocrático donde se explicitan las muertes laborales anuales en el estado español, donde también pone de relieve el desempleo. Y se completa objetualmente con una alarma que se utilizaba en las antiguas fábricas para anunciar la hora de inicio y fin de la jornada laboral, aunque esta suena a partir del dato obtenido entre las muertes del año 2018 y las horas del año.

Nos avisan que vamos a ser los primeros en todo lo que llevan de exposición que vamos a presenciar cómo suena la alarma. 3 segundos de memoria ruidosa. 

Si bien la principal lucha del sector obrero fabril era por unas mejores condiciones de trabajo y unas jornadas más cortas, nos encontramos con la gran paradoja que resuena en toda la exposición: ¿Qué pasa cuando todo el tiempo se productiviza? La línea entre el ámbito laboral y la vida íntima es muy difusa, la utilidad y la eficiencia del tiempo se extienden a todos los ámbitos de la vida generando estados de insatisfacción permanente.

“Tengo que hacer mil mierdas y no tengo tiempo. Necesito descansar pero no puedo, porque tengo que ir a la uni y hacer deberes o ir a trabajar al Mc Donalds. Siempre. Todos los días durante 365 días al año. Me bajo de este carro.” Recibo estos mensajes de un amigo justo cuando estaba en el metro de camino a la exposición.

Alrededor de estas cuestiones nos encontramos frente a Oci a la fàbrica, de Mariona Moncunill, tres episodios donde acciones que podemos relacionar con el ocio, como ir en bici estática, beber cerveza o saltar en una cama elástica, son tareas asignadas a actrices contratadas. Como ilustra la obra de Juan Luis Moraza, Work is (All) Over, con este juego de palabras pone de manifiesto como las personas estamos completamente determinadas por la producción. Su formalización aún así, carece de potencial y nos aparece como una versión reducida de lo que podría ser un póster publicitario o de panfleto político.

La familiaridad y el reconocimiento con las sensaciones mostradas va en aumento a cada paso que damos por la exposición. Seguimos, adentrándonos a la zona de salas oscuras donde vemos el vídeo de María Alcaide Equipo de investigación, donde nos enseña  a partir de las grabaciones de una cámara infiltrada su propia experiencia de precariedad en el mundo laboral del arte.

Nos cuenta Clàudia como para poder vivir y dedicarse a la producción artística, María Alcaide tenía trabajos precarios en que solo se valoraban las horas dedicadas. Todo parecía que iba  a ser distinto a raíz de obtener una beca en el mundo del arte, conseguida a partir de sus aptitudes, pero en el vídeo nos muestra como la precariedad sigue estando presente.

Todo indica que la supervivencia está completamente normalizada, normalización que puede ser un freno para poder ser reactivos a un sistema que no hace más que perpetuarse. Tal y como Abel Jaramillo plantea en Nuestra vida en los tubos de supervivencia. Donde a mano del pensamiento de Mark Fisher “es más fácil imaginarse el fin del mundo que el del capitalismo”, muestra en una instalación lo inacabado en un escenario post-apocalíptico.

Salimos de las salas oscuras para encontrarnos con el agujero negro del Manifiesto del No Hacer de Christina Schultz. “¡Hay que dejar de trabajar!” leemos en el manifiesto que reivindica el no hacer como herramienta de combate y resistencia. Estamos delante un revival setentero, que intenta hacer una asociación con nuestro presente, pero en realidad se aleja exponencialmente de las nuevas precariedades laborales. Utilizando excesivas metáforas obvias que parecen haberse fundado bajo las mismas permisas de su  propio discurso.

Son muchas las contradicciones y las presiones que acechan a los ritmos de vida de las personas, ahí encontramos la última obra del recorrido, Agenda de caducidad de los tiempos drásticos, de Javier Peñafiel, un reducto del querer organizar y clasificar y renombrar estos tiempos de manera que se subvierten para hacer notorio que el tiempo no es neutro y que es una parte fundamental  de la conciencia de todos nosotros.

Se acerca el fin de la visita. Algunas compañeras vuelven a remirar la exposición, otras se van.  Volvemos a nuestros quehaceres pero con el peso en la conciencia que estamos metidos en la rueda giratoria de la eficiencia del tiempo. Esperemos que esos estados de reflexión sean capaces de activar a un adormecer teñido de impotencia.

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