QUE CADA UNO VAYA A SU RITMO…

per Marta Vicente Solailla

REIVINDICACIÓN PARA UNA GESTIÓN PROPIA DE LOS TIEMPOS EN LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS

¿Porqué hay que esperar al grupo? Llevo una hora y media esperando, la gestión de mi tiempo en el día de hoy ha sido pésima. Esperamos hasta y cuarto, comenta alguien, a lo que el profesor responde a medio tono: Yo no esperaría tanto…La percepción de cada uno para y con su tiempo es cambiante y bastante subjetiva. Las variables del ritmo de cada uno, atentan contra la rigidez de los plazos temporales a los que nos somete un sistema productivo basado principalmente en la máxima economización del tiempo, buscando en todas sus formas la optimización de la producción. Por eso, hoy en día ir lento es casi un acto revolucionario en sí mismo. Ir lento ahora se puede confundir con una mofa, como si ese sujeto lento no tomara los parámetros de convivencia social con rigurosidad; Cómo si alguien que decide ir lento, decidiera también suponer un lastre o un incordio para un grupo que sí que se muestra eficiente, y que desea ir al grano. Aquél que llega tarde es, por lo menos, despistado, irrespetuoso o un alien que no comprende los códigos en un mundo de seres siempre a punto y sincronizados.

RECONOCIMIENTO DEL ENTORNO

16h14’ y empezamos.  Parece que hemos ganado un minuto desde el último comentario que decía de empezar a y cuarto. Sin duda un logro en esta visita llena de limitaciones temporales. La sala expositiva de Can Felipa, dónde hoy nos encontramos, abre a las 17h al público mayoritario, pero nosotros con nuestro grupo-clase en contacto con uno de los artistas que exponen obra en el espacio, nos hemos adelantado una hora del horario de apertura. Una visita en exclusiva para nosotros. No tengo claro si esto supone una ventaja en un grupo de clase disperso. Tenemos una hora, vamos en grupo, los ritmos de cada uno son cambiantes. El recorrido expositivo, no solo es acompañado por Alan Carrasco sino también invierten su tiempo en nosotros los dos comisarios de la exposición Clàudia Elias y Marc Mela. Con ellos tres, el tiempo para nosotros, los alumnos, viene aún más acotado. Me explico: ellos conocen el contenido expositivo al detalle así que sus palabras vienen, consciente o inconscientemente, condicionadas por los tiempos que han valorado necesarios para la explicación de cada una de las piezas expositivas. Nuestro tiempo, como alumnos, debe ser aprovechado en su máxima fuera también del aula, y más aún si la razón de nuestra visita espera un redactado reflexivo que va a ser evaluado posteriormente por nuestro profesor.

Las exigencias temporales influyen en la falta de relajación necesaria a menudo, para introducirse en las propuestas artísticas y profundizar en ellas. Nosotros, los alumnos llevamos años académicos aprendiendo de auto precarización temporal para entrar luego al mundo laboral con, si se me permite, “el culo pelado en ello”. Toda nuestra etapa académica viene condicionada por plazos, en dosis de tiempo limitados por nuestros profesores, nuestros proyectos y sus plazos de entrega. En esta visita expositiva en Can Felipa, además, hay un añadido de atención personalizada que nos va a marcar unos tiempos específicos de actividad. Así la profundización en el contenido expositivo recae en cada uno y su dedición dependerá del valor que decidamos otorgar a comprender lo que vemos.

En estas visitas en grupo de clase a menudo con asistir es suficiente, pero pocas veces valoramos la calidad real de nuestro tiempo presente, y el aprovechamiento del mismo en el descubrimiento de un contenido nuevo.

El recorrido transcurre de la forma esperada, los alumnos sucumbimos al mandato, pues no se espera de nosotros el desprecio hacia aquellos que, previamente, han organizado los tiempos del recorrido especialmente para nosotros. Así que, ni los dos comisarios, ni tampoco Alan, ni siquiera el profesor que nos acompaña, tienen la culpa de haber organizado los tiempos según su criterio, y menos de dirigir a un grupo de alumnos que en amplia mayoría, se ha acostumbrado a optimizar su tiempo con las dosis mínimas de atención. La dosis mínima necesaria para la producción, que omite o desprecia los tiempos mínimos para un eficiente desarrollo cognitivo.

LA ATENCIÓN DIRIGIDA

La atención dirigida precariza aún más nuestra capacidad de comprensión. El grupo no espera ni a los lentos ni a los despistados. La atención se fragmenta en diez obras de diferentes formatos que exigen también de diferente forma, nuestra atención, y la vocación reflexiva apenas importa si los ritmos son marcados por el grupo y la necesidad productiva de acaparar los diez contenidos en X valor de tiempo. Aquellos proyectos que se explican por sí solos, a menudo reciben la menor atención, pues su comprensión, casi instantánea ocasiona en los alumnos la ilusoria percepción de haber abordado las características principales de la obra, las mínimas necesarias para su aprovechamiento productivo, y fácilmente pasar a atender la siguiente.

Por eso resulta tan habitual entre los alumnos que, una vez valorada la comprensión de aquello que miran, una vez entendido el contenido superficial de un proyecto, habiendo recogido la información que van a aprovechar a posteriori, puedan dar por concluida su disposición en la obra concreta y empezar a atender su móvil.  A las 17h 34’ hay cinco personas mirando el móvil, pues la atención productiva ha dejado de ser útil en la situación. En ese momento, finalizado el recorrido, el debate se ha desplazado a cuestiones que ya no incumben a buena parte del grupo, pues su aprovechamiento ya no compete a todos. Por eso, aparecen fugas en la atención, no parar de atender sino dirigir nuestro tiempo productivo a contactos y amigos. Es una forma de ocupar este espacio que pensamos suspendido, esta espacio vacío sin directrices, contemplativo o simplemente parado en el tiempo, en que estamos presentes, porqué nos toca estar presentes pues las clases son obligatorias a fin de cuentas, pero en que la atención productiva de lo que nos rodea ha dejado de tener utilidad. Y miramos el móvil, en busca de un estímulo mayor que nos dirija a otro tipo de aprovechamiento del tiempo.

PALABRAS QUE ACOTAN O EXPANDEN

Las explicaciones de las obras són esas palabras escogidas con rigor que procuran resumir el contenido del trabajo que presentan. El tiempo de la explicación de una obra, es un valor limitante en sí mismo. Este tiempo estipulado por palabras acaba estableciendo el tiempo productivo que merece para comprensión de cada proyecto. Un refuerzo para lo que digo, está en la relación entre los escasos dos o tres minutos dedicados a profundizar en el contenido de cada obra, en contraposición al momento en que llegamos a la obra de Alan Carrasco, nuestro “anfitrión”. Si tenemos la suerte de recibir la aproximación de su obra desde sus propias palabras, su propia explicación, entonces el valor productivo de su presentación aumenta en comparación a todos los demás proyectos. La capacidad de profundizar en su obra, se encuentra en una suerte de diálogo entre el artista y los alumnos. Una atención productiva en su discurso, nos ofrece a los alumnos, un acercamiento mucho mayor a la obra, que permite optimizar nuestros resultados. Con esfuerzo menor, pues nos “ahorramos” tener que levantarnos y sumergirnos en la secuencia de papeles colgados en la pared blanca con datos y más datos, poco atractivos en primera instancia, de la obra de Alan. Con él, apuntándonos dónde es preferible dedicar nuestra atención, y destapándonos algunos secretos de su trabajo, profundizamos más fácilmente en la magnitud de la obra. Las señales de atención de Alan nos permiten ahondar en otras cualidades de las obras como lo son su contexto, su materialidad o su proceso de creación y así finalmente invertir 16’ y 45” de atención productiva en su trabajo, que es lo que duró su explicación. Con todos los demás proyectos no paramos más de un minuto o dos. Y parece que para una buena mayoría, saturados de obligaciones, plazos y direcciones, el valor depende de lo suficiente necesario para abarcar lo que se pide, minando así la confianza en el propio criterio y  con una capacidad comprensiva cada vez más dispersa. ¿Acaso los alumnos somos incapaces de leer el contenido de los plafones i reflexionar posteriormente acerca de ellos? ¿Acaso no seria un acto necesario, si lo que buscamos es expandir nuestra capacidad crítica i formarnos una opinión argumentada de lo que vemos? ¿Es la atención dirigida, la que perpetua “la ley del mínimo esfuerzo” cognitivo entre el alumnado?

PARAR UNA HORA Y MEDIA

No quisiera que mis palabras desmerecieran el tiempo invertido y dedicado de las personas que con su propia gestión del tiempo, han encontrado el momento para atendernos a nosotros, los alumnos, en este martes de Marzo. En un día caótico con ráfagas de viento que sin duda, han parado el movimiento en las calles en más de una ocasión, pues así lo he observado detrás de la cristalera del bar de la plaza de Can Felipa , dónde me he refugiado de éste, el viento,  la hora y media antes de empezar la visita a la exposición. Una hora y media que deseaba aprovechar visitando por mi cuenta la sala, si no hubiese estado cerrada. Un día corriendo arriba y abajo, un “mosqueo” inicial por no poder entrar antes a la sala, y una hora y media obligada a parar y refugiarme porque en la calle no se podía estar sin llenarte los ojos de arena. Así animada a sentarme, a sacar un papel y un lápiz, a pensar cualquier cosa, y a esperar. Esperar lentamente una deliciosa hora y media sin productividad a que llegaran los demás.

18h07’ Los últimos alumnos salen por la puerta de la exposición. Hemos cedido siete valiosos minutos que no forman parte de nuestro horario de clase.

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