Autoedició i Publicació experimental (III): Carteles, Autoorganización y/e (I)legalidad

Autoedició i Publicació experimental és un recull d’assajos sobre l’autoedició, una mostra de les diferents maneres d’entendre aquest àmbit. S’originen a la classe (del mateix nom) impartida per Clara-Iris Ramos durant el primer semestre de 4t de Grau en Arts i Disseny de l’Escola Massana.

por Raúl Cañadas

No podía ser de otra manera, está latente. El contexto social y político en el que coexistimos estos últimos meses ha propiciado el empapelamiento de la calles.
Famosos son los carteles que llenaban las calles durante la Guerra Civil Española. Un gran número de artistas ya habían empezado a organizarse en diferentes colectivos des de el clima politizado que se empezaba a vivir durante la II República Española. El Sindicat de Dibuixants Professionals de Barcelona, el Taller de Artes Plásticas de la Alianza de Intelectuales Antifascistas o el Sindicato de Profesionales de las Bellas Artes en Madrid son algunos de los ejemplos.
Las circunstancias de la guerra propiciaban unos u otros carteles, según lo que se necesitara, ya fueran refuerzos, concienciar a aquellos trabajadores que lo que hacían tenía importancia en el frente, etc. Nos centramos en este momento en los carteles que se producían en el bando republicano ya que salta a la vista la gran calidad que desprendían. Aunque debemos puntualizar, ya que los ministerios de la República eran quién encargaban algunos de estos carteles, mientras que otros venían de la mano de partidos o sindicatos del momento. Fijemonos entonces en la potencia que se desprende de esta propaganda, ya que algo que debemos tener en cuenta son las altas tasas de analfabetismo del momento, y que para hacer llegar el mensaje al mayor número posible de ciudadanos se debía utilizar una propaganda muy visual. El cartel es entonces es una herramienta imprescindible y para conseguir comunicar sin provocar ningún tipo de ambigüedad la cartelería debía ofrecer mensajes contundentes y directos, en muchas ocasiones, llenos de sarcasmo. Se entiende de esta manera la importancia de un cartel en un momento cómo la Guerra Civil pero, ¿que ocurre con un cartel en la actualidad? En un momento donde el bombardeo de imágenes es masivo sumar una imagen cómo la de dichos carteles poco tiene que ofrecer. Sobretodo cuando estos son visibles en las calles y no pensados para ser publicitados a través de plataformas cómo Instagram, Facebook o Twitter. ¿Que sentido tienen entonces iniciativas cómo “#Empaperem”? Antes de entrar en detalle, quizá mejor saber dónde nace esta iniciativa.

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Cartel de Carles Fontseré (1916 – 2007) para la F.A.I. en 1936

Es 15 de Septiembre, la Guardia Civil acaba de requisar 100.000 carteles de propaganda de la Generalitat, Mariano Rajoy dice que hay que felicitar al cuerpo por esta incautación. En ese mismo momento Marc y Pol (cómo se les conoce, ya que son nombres falsos) se ponen manos a la obra y nace #Empaperem. No tienen vinculo alguno con organizaciones políticas ni entidades independentistas, incluso Pol comenta en una entrevista “Montamos esto porque nos parecía importante y desde luego sin esperar esta repercusión”. En pocas horas habían diseñado y subido a internet unos carteles llamando a votar el 1 de Octubre en el Referéndum por la independencia de Cataluña. Un diseño sencillo, claro y directo, “Votem per ser lliures. 1/10/2017 Referèndum” y además, en blanco y negro. La tipografia en este caso es una imitación de aquellas utilizadas en stencils en movimientos cómo el street art. Estas pequeñas decisiones son las que ayudaran a su viralización. Abaratar costes mediante la utilización de la tinta más barata y de más fácil acceso, la de color negro, o que el cartel esté diseñado en formato DinA4, el más accesible para cualquier persona, además de ser un formato de proporciones regulares ya que puede reducirse o ampliarse o otros formatos DinA. Todo esto nos permite imprimirlos en nuestra propia casa. La filosofía do it yourself está totalmente presente en el acto que supone #Empaperem. Ese mismo viernes 15, crean una web y una cuenta de Twitter. Su primer tweet está registrado a las 21:15 y en pocos minutos ya registraba 100 retweets. #Empaperem está utilizando los medios de difusión más habituales de nuestro día a día, en este caso Twitter, que además nos enlaza con una web donde podemos encontrar los carteles en formato PDF. No obstante no se trata de una  campaña que intente abarcar internet cómo su campo de actuación sino que lo utiliza cómo plataforma para establecer conexiones y poder expandirse de esta manera.
La gente empieza a sumarse a la campaña e incluso organizaciones independentistas promueven estas “empapeladas” masivas. La autoría desaparece, las organizaciones y partidos también. No aparece nada de esto en los carteles, pero empiezan a llenar las calles. De manera orgánica las personas salen por la noche, en grupo, a llenar las calles de ese “Votem per ser lliures”. Y todo va a más. En castellano, en inglés y en occitano. Incluso en árabe, en urdu o indio. Es por y para todo el mundo. Estamos ante una especie de perfomance, un tipo de acción o intervención en el espacio público. A menudo los carteles tienen lugares específicos para ser colgados, aunque otras simplemente es el paso del tiempo el que acaba por crearlos, cómo una puerta de mercancías en la que unos y otros han ido colgando carteles de eventos y nadie se ha molestado en quitarlos.

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Carteles en Sant Celoni (Fotografia original en Nació Digital Baix Montseny)

Estos en cambio van más allá. No tienen límites, cualquier pared, farola, parada de autobús, cabina de teléfono, etc., es válida. Es el propio pueblo catalán, y todos aquellos que quieren mostrar su apoyo a éste, quienes actúan cómo todos los pasos de la cadena de producción de, en este caso, un cartel. La iniciativa se reserva el primer paso, el diseño del cartel, aunque esto acaba por desviarse. La fuerza de la campaña y el desconocimiento de algunos acaba por producir que otras personas rehagan el cartel en casa con un simple Microsoft Word, con tipografías variadas, incluso a mano. Aún así, podemos encontrarlo en la web y cualquiera puede descargarlo, entendemos que la mayoría de la población tiene acceso a internet, ya sea desde un ordenador en casa o su propio móvil. Llegado el momento de imprimirlos es cuando se nos pueden presentar más problemas, es posible que alguien no tenga una impresora en casa, pero se puede echar mano a una del trabajo e incluso acudir a alguna copistería. Y finalmente sólo se necesita celo, cinta adhesiva, spray adhesivo o cualquier medio que nos permita colgarlos en cualquier pared.
Ante la actuación policial es necesaria esta resistencia. La autoedición es un acto deresistencia en si misma. A los canales establecidos, a las maneras tradicionales de hacer las cosas. Se esperaría pues que los partidos y organizaciones hubieran invertido en promover el referéndum, y lo intentaron, pero no necesitaron un segundo intento. Una impresora en la casa de cualquier ciudadano se convierte de repente en un arma contra un estado opresor. Unos de los lemas surgido de las empapeladas dice así “Per cada cartell arrencat en penjarem 100”, es decir, que por cada cartel arrancado se colgaran 100 más, algo que nos deja clara la fuerza de resistencia de esta campaña.

Citando un extracto de Contra la cultura

«Los fanzines, sin pretender ser la solución a nada, están ahí siempre para recordarnos que “si se puede”».

y en relación a #Empaperem, he de discrepar. Estos carteles si pretendían dar solución a algo, a un referéndum que iba a ser ilegalizado y que por todos los medios quería que se impidiera su celebración. Aunque ahí estaba, recordándonos que si se podía, que se podía votar y que íbamos a hacerlo. A medida que pasaban los días más carteles llenaban las calles y eso iba calando en las personas. El eje principal no era el independentismo sino la democracia, la intención de un pueblo de votar y poder decidir sobre su futuro, fuera cual fuera. Un simple cartel los agrupaba a todos. Pauline Van Mourik² nos habla de cómo la lectura de publicaciones, en nuestro caso un cartel, tiene en parte una actividad social que entra en juego a través de la consciencia de que aquél que lo lee forma parte de un grupo. Esta comunidad de personas se identificaban bajo un mismo lema, el votar. Es obvio que el cartel podía verlo cualquiera pero existían dos tipos de reacciones (quizá una tercera, dentro de la segunda de manera pasiva). La primera reacción es sentir que tienes el derecho y la obligación moral de votar, quizá también de proseguir la campaña ayudando a posicionar a indecisos. La segunda, de manera más violenta, trata de arrancar los carteles, creyendo que pueden causar algún daño o que aquello que se hace es ilegal.
Estamos entonces, siguiendo la idea de Van Mourik, ante un debate, propiciado por esta
publicación (cartel), ya que puedes estar a favor o en contra de la independencia, a favor o en contra del referéndum, pero aquí nos posicionamos ante una edición. Es posible que el posicionamiento beba directamente de lo que hay detrás de este cartel pero al fin y al cabo la acción es directamente arrancarlo, o imprimir y seguir empapelando las calles.
El debate latente sobre que se debía hacer con la situación política en Cataluña se extrapolaba a un fenómeno de autoedición colectiva dónde la financiación salía de los bolsillos de sus propios integrantes, con total libertad de gastar su dinero en tinta y papel o simplemente ayudando a llenar las calles de carteles.

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Empapelada en Montcada i Reixach

Vemos aquí una de las similitudes con el cartelismo de la Guerra Civil, ya que hay una
intencionalidad clara de interpelar a aquel que lee. Su mensaje “Votem per ser lliures” hace referencia de manera directa a que impedir votar (en una supuesta democracia) va en contra de las libertades de los ciudadanos. Ahora que conocemos el fenómeno de #Empaperem retomamos la pregunta que se nos planteaba líneas más arriba. Y es que, mientras que en la Guerra Civil el cartel jugaba un papel fundamental, ¿que papel juega ahora que las imágenes nos llegan de manera masiva? Marisa Gómez, en La “Civilización de las Imágenes” y el Pensamiento Visual³ nos habla de la imposibilidad de calcular el número de imágenes que llegamos a ver en un día. Webs, Instagram, Facebook, Twitter, WhatsApps, anuncios televisivos, vallas publicitarias, etc. Introducir aquí una
imagen, pongamos por ejemplo, en Instagram, con el contenido del cartel acaba quedándose en un círculo cerrado de personas que seguramente ya opinan igual que tú y que no necesitan que les recuerdes que queremos votar, porque, al fin y al cabo, están en sintonía contigo e iban a ir a votar igualmente. Aquí es dónde entra en juego el espacio público, las calles. Es ese lugar dónde confluyen todos los pensamientos ya que todos nos desplazamos y observamos lo que tenemos alrededor. Y aunque te niegues a verlo acabarás por leer en una pared u otra que el pueblo quiere votar, quiere libertad. La campaña adquiere sentido por el hecho del gran número de personas que se suman,
por el acto performático que supone empapelar calles y más calles. La manera en que las
personas se involucran muestra cómo el pueblo resiste y defiende aquello que él cree legítimo, el derecho a votar. La fuerza de esta acción va más allá del propio cartelismo, haciendo evidente que hay otras maneras de hacer las cosas, otras vías. Que al final, por muchas normas que se impongan, la unión por una idea común puede romper cualquier barrera. Y así es. La policía no tiene medios para parar una acción cómo esta, aunque intente frenar a quien esté colgando este tipo de carteles. Pero la gente sale de noche, empapela las calles, defiende sus derechos. Y la autoedición defiende en si misma sus derechos, el poder publicar sin que nadie pueda censurarte, pueda elegir que se publica y que no, al fin y al cabo es un acto de autoorganización que nos permite saltarnos la hegemonía de las editoriales. Entonces, ¿y si el gobierno español es ésta editorial y el gobierno catalán alguien a quien se le veta publicar algo? Entonces, cómo en la autoedición, se buscan otras vías. El gobierno catalán es censurado, se le
impide imprimir sus carteles ya que la editorial (el Gobierno de España) los censura.

Alejándose de la vía impuesta el pueblo actúa y publica carteles de manera autoeditada. Pero, solo 10 días después de iniciarse la campaña la Guardia Civil interviene la página web (www.empaperem.cat) y la cierra. Aunque vuelve a ser reabierta en otros dominios, http://empaperem.ga/ (registrada en Gabón) y también http://www.empaperem.com. Hicieran lo que hicieran ya iban a poder ponerles freno.
Vemos que #Empaperem es la acción más cercana a la autoedición, ya que implica el cartelismo, pero no la única muestra de autoorganización. Llegaría entonces el 1 de Octubre, y veríamos la capacidad de organización de las personas para defender su voto, su derecho a votar. Durmiendo en las escuelas des del día anterior, resistiendo de manera pacífica a las agresiones por parte de los policías. Algo que se dice rápido, pero que no se olvida. Llegar a estos límites son los que tienen que hacernos reflexionar, ver más allá de lo que está pasando, ver que nos está ocurriendo a nosotros y cómo puede funcionar esto en el futuro. Este grado de organización de manera tan orgánica puede ayudarnos en muchos más aspectos, no debemos quedarnos con que esto es solo por la independencia. Hemos descubierto maneras de hacer las cosas. Extrapolemos la autoedición a, por ejemplo, la producción de alimentos. O quién sabe, al diseño
de moda. ¿Por qué subyugarnos a los canales establecidos des de hace décadas? Es posible que suene a utopía. Imaginemos que desaparecen distintos intermediarios des de que una patata sale de la tierra hasta que llega a nuestras manos. Si alguien puede autoeditar un libro y distribuirlo, ¿por qué no cultivar mis patatas y venderlas directamente a una frutería? Me gustaría dejar ese frente abierto. Pensar que es posible y, de hecho, creer que la autoedición es una pequeña parte de algo muy grande que está por llegar. De un cambio de pensamiento que está germinando y que veremos crecer y madurar.


1 FANZINOTECA AMBULANT. Contra la Cultura. [consulta 01-09-2016]. Disponible en: http:// http://www.fanzinoteca.net/contra-la-cultura/

2 VAN MOURIK, Pauline. La industria editorial (semi)comercial como comunidad. [consulta 01-09-2016]. 2 Disponible en: http://aleph-arts.org/pens/mourik.html

3 GÓMEZ, MARISA. La “Civilización de las Imágenes” y el Pensamiento Visual. [consulta 09 -11-2017].
Disponible en: https://interartive.org/2012/02/civilizacion-imagenes-pensamiento-visual

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