Subsistir en el fracaso

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El Sub-25 Masculino del C.B. Castellar en su último partido ante el Manyanet Molins Invernandez Logistics el pasado 13 de Mayo

por Raúl Cañadas

Una contundente derrota por 47 a 77 ante el Manyanet Molins Invernandez Logistics cerraba la temporada 2017/18 del Sub-25 Masculino del C.B. Castellar el pasado 13 Mayo. Un ambiente agridulce recorría el pabellón, y la frustración era palpable en la cara de los jugadores locales que, resignados, aplaudían a sus aficionados (la mayoría padres, hermanos y amigos) agradeciéndoles su apoyo pese a los resultados obtenidos.

Ganar, ganar y, de vez en cuándo, perder.

Estamos demasiado acostumbrados al relato de los ganadores. Los diarios deportivos condenan a los grandes equipos cuando pierden un partido o competición, pero habitualmente vemos como los equipos con los que más simpatizan suelen ganar. El Real Madrid, recientemente, con su decimotercera Champions League (la 3ª consecutiva, y la 4ª en 5 años), el doblete de Liga y Copa del Rey conquistado por el F.C. Barcelona durante esta temporada o la Europa League del Atlético de Madrid. En cuanto al baloncesto el Real Madrid conquistaba hace unas semanas su décima Euroliga en Belgrado. Todo son victorias. Solo escuchamos hablar a los ganadores, a veces, a los que disputaron la final y la perdieron pero, ¿donde están todos aquellos que ni por resultados accedieron a la competición? Los que bajaron de categoría, los que ni siquiera tenían objetivos durante la temporada porque se veían lejos del descenso pero a su vez lejos de las competiciones europeas.

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El Real Madrid C.F. levantando su 13ª Champions League el pasado 26 de Mayo en Kiev

Un ejemplo cercano es el R.C.D. Espanyol, equipo con suficiente potencial como para no preocuparse de descender y que a su vez se niega a hablar de competiciones europeas como objetivo porque ya es casi una maldición mencionarlas. A 9 puntos de entrar en la Europa League (este año entra hasta el 7º clasificado y ellos han sido 11º) y a 20 puntos del descenso (descienden los tres últimos clasificados 18º,19º y 20º). Las temporadas para el Espanyol se suceden una tras otra en la Primera División Española desde la temporada 1994/95. Desde entonces han sido campeones de la Copa de la UEFA en la temporada 2006/07 (sumándola a la de la temporada 1987/88) y campeones de la Copa del Rey en el 2000 y 2006 (competición que ya habían ganado en 1929, y en 1940 como Copa del Generalísimo). Sus destellos se suceden en el tiempo casi con la frecuencia con la vemos el cometa Halley. Si echamos la vista atrás en competiciones europeas como la Champions League, desde el año 2000 la han conquistado tan sólo 9 equipos distintos. 2 o 3 equipos a tener en cuenta en las ligas más importantes de Europa (Italia, Inglaterra, Alemania y España) y un largo elenco de formaciones que caen en el olvido.

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Stephen Curry maneja el balón ante James Harden en la final de la Conferencia Oeste (NBA) en pasado 29 de Mayo

Volviendo al baloncesto, la gran liga por antonomasia, la NBA, tiene entre sus filas 12 equipos que nunca han ganado el campeonato. Debemos tener en cuenta que además es un sistema de liga único, es decir, no es posible bajar de categoría. Así que algunos viven condenados al eterno bucle del perdedor. El récord de este año lo ostentan los Phoenix Suns, con un balance de 21 victorias y 61 derrotas frente a las 65 victorias y 17 derrotas de los Houston Rockets.

¿Pero qué nos llega a nosotros de la NBA a través de los medios?

Los mates del gran LeBron James y los maravillosos triples de Stephen Curry, que por cuarto año consecutivo van a darse cita en las finales de la NBA, de nuevo en el Golden State Warriors – Cleveland Cavaliers. Por si fuera poca la información que nos llega, cuando se menciona la NBA es para mostrarnos que están haciendo los jugadores españoles (aunque sin entrar en detalles, tan sólo cuando hacen partidos remarcables). Y si no, nos recogen grandes jugadas que hacen del baloncesto un espectáculo digno de los Harlem Globetrotters.

Los Globetrotters fueron un equipo de baloncesto que compitió durante un par de décadas en ligas federadas, con asombrosos balances como el de 1929, con 151 victorias y 13 derrotas. A partir de aquí pasaron a formar parte del mundo del espectáculo, combinando el baloncesto con la comedia. Su show solo se completa cuando pueden disputar un partido contra alguien, que, habitualmente son los Washington Generals, aunque a veces bajo otro nombre. Estos también son un equipo formado para la exhibición, aunque su papel sea el de eterno perdedor. Encarnar el papel del perdedor, de eso se trata al fin y al cabo. Jugar contra los Globetrotters es saber que perderás una y otra vez mientras un apabullante público aplaude como te humillan. Más de 17000 partidos perdidos y tan sólo 3 victorias.

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Los Washington Generals en uno de los espectáculos de los Harlem Globetrotters

A dónde queremos llegar es a los propios jugadores. A los que les toca más de cerca la victoria y la derrota, pero sobretodo la derrota. Gay Talese comenta “Me fascina quien tras muchos fracasos aún lucha por el éxito” en la entrevista que le realizaba el ABC en relación a la publicación de su libro “El silencio del héroe”. Un jugador de primera división puede sobrellevar esto, vive de lo que le apasiona y está en la división más alta de su territorio. Pero todos quieren algo más. La Champions League, ir a la selección nacional y ganar la Eurocopa, y, por encima de todo eso, conquistar un Mundial. Aún así debe lidiar moralmente con la derrota. Parte de culpa de que se repitan ciclos y ganadores se debe al financiamiento de unos equipos y otros, y es obvio que muchos jugadores esperan ser fichados por el Real Madrid o el Barcelona, porque son equipos que abarcan más títulos. Aunque si empezamos a bajar divisiones es posible que lleguemos a ciertos lugares en los que la inversión de horas y esfuerzo nunca llega a ser recompensada de manera monetaria. En Cataluña no puede aspirarse a ir más allá de 4ª Catalana, la última liga que rige la Real Federación Española de Fútbol. Habitualmente son equipos de localidades pequeñas o filiales de algunos más grandes, aunque también encontramos asociaciones deportivas de reciente nacimiento. El C.D. Sentmenat, por ejemplo, ha acabado la temporada 2017/18 con 1 victoria, 1 empate y 22 derrotas, en última posición de 4ª Catalana Grupo 6.

¿Como es capaz de sobrellevar esto un jugador del C.D. Sentmenat?

La pasión por el deporte y el compañerismo a veces son el verdadero motor del deporte en grupo, más que el ansia por conseguir victorias. Sin duda estos jugadores deben citarse un par o tres de veces por semana, para entrenar e invertir sus horas libres en el deporte y, tratándose de futbol, a la intemperie. Sin embargo no tiran la toalla, porque ven algo más allá que ganar un partido.

No muy lejos de Sentmenat, a 10 minutos de coche, se encuentra Castellar del Vallés. Retomando el inicio de la noticia, existe un equipo de baloncesto en dicha localidad que ha vivido este año una difícil temporada. Última posición liguera en el Grupo 7 de Sub-25, con 1 victoria y 21 derrotas, 1076 tantos a favor y 1664 en contra. El problema, entre otros, reside en la competición. Sub-25 es una categoría que permite formar equipos con jugadores de entre 18 y 25 años con la posibilidad de tener dos mayores de 25. Es una liga única y esto aglutina a equipos de diferentes niveles, desde equipos formados por jugadores muy jóvenes a otros formados con más calma e intención de ganar la competición. Además, cuenta con el aliciente de permitirte dar el salto a la Tercera Catalana (categoría absoluta) al ganar la liga.

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La plantilla del Sub-25 Masculino del C.B. Castellar

El Sub-25 del C.B. Castellar es un ejemplo de equipo joven que ya no podía seguir jugando en Sub-21 a causa de la edad de sus jugadores y decidió dar el salto a Sub-25. A este se le suman dos jugadores veteranos que se complementan como jugadores de más de 25 años. Yo milito en este equipo y de ahí el interés en redactar este artículo. La mayoría de jugadores jamás había debutado en esta categoría y aun no sabia a que se enfrentaba. A principio de temporada la dinámica de entrenamientos era alta y todos poníamos de nuestra parte, aunque al llegar el fin de semana perdiéramos habitualmente de más de 30 puntos de diferencia, algo que se invirtió a final de temporada, malas dinámicas de entrenamiento pero mejores resultados. Pero los rostros al finalizar los partidos eran de desolación, no éramos capaces de asimilar tales derrotas. No somos jugadores acostumbrados a ganar, pero tampoco a este tipo de derrotas. El grueso del equipo proveníamos del Sub-21, que habíamos cerrado la temporada 2016/17 con un balance de 11 victorias y 13 derrotas, 1504 tantos a favor y 1509 en contra. Una posición a media tabla que supo a poco. El salto era inmenso. Pasamos de competir partidos cada fin de semana y debatirnos entre la victoria y la derrota a ver la victoria como algo muy alejado de nosotros.

Con tres entrenamientos semanales, nos citamos los martes y viernes de 22h a 23:30h y los jueves de 20:30h a 22h. La mayoría de jugadores somos estudiantes y al día siguiente nos levantamos para estar en clase a las 8 de la mañana, los que no, madrugan para ir a trabajar. Desde un punto de vista pragmático lo más coherente sería dejar estar el baloncesto, puesto que sumando entrenamientos, desplazamiento y partidos, ocupan un grueso semanal que sería posible invertir en otras actividades. Y eso no debe olvidarse nunca. Ya no solo a nivel de estudios o laboral, sino también social. No asistes a cenas con amigos porque tienes entrenamientos, no sales de fiesta porque al día siguiente quieres estar fresco para el partido, o te acuestas a las 3 de la mañana por acabar un trabajo al llegar del entrenamiento. Un sacrificio al alcance de pocos, que incluso vale la pena con los resultados que hemos obtenido esta temporada.

Nunca se ha tirado la toalla. Nuestras aspiraciones se basaban en tantear la liga, conocer donde nos metíamos y a partir de aquí ver que podíamos hacer. Se lanzaron objetivos al aire antes del primer partido, media tabla era la idea para cuando acabáramos la temporada. Las cosas no salieron como estaban previstas, pero nunca dejamos de luchar. Siempre hubo lugar para los ánimos y la broma, incluso creamos una cuenta de Instagram emulando lo que hacen los equipos profesionales. En ella presentamos a los jugadores, damos información de los próximos encuentros, resultados de los partidos, etc. Con ella asumimos que la profesionalidad no está ligada a las victorias, sino a un tema de actitud. Por otro lado, es cierto que el equipo mejoró a nivel de resultados de principio a final de temporada, las distancias de puntos en las derrotas se redujeron muy favorablemente y eso ha sido una señal de que algo empezamos a hacer bien, aunque algo dentro nuestro nos dijera que aún podríamos haber subido una marcha más en muchos partidos.

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Página oficial de Instagram del Sub-25 Masculino del C.B. Castellar

Cuándo las competiciones fallan quedan los partidos.

Un equipo sin grandes aspiraciones se centra en su día a día, no mira a largo plazo. En nuestro caso pensábamos en el rival contra el que nos íbamos a enfrentar el fin de semana. Antes de cada partido Xavi, el capitán del equipo, o yo, dábamos una charla a nuestros compañeros, alentándolos moralmente para el partido. Sabíamos que el factor psicológico es fundamental. Muchos equipos se aprovecharon de eso durante la liga, nos veían cabizbajos y aumentaban su diferencia sobre nosotros. Y no bastaba con participar. Esa es la frase que se repite en el inconsciente colectivo sobre como los niños deben afrontar el deporte. Basarse en la simple participación produce una pérdida de pasión y ganas en quién está practicando deporte. No podíamos resignarnos a participar y ver que tal nos iba, queríamos ir más allá.

Los niños deben aprender a luchar por algo con ganas (no confundir con ganar a toda costa), a poner dedicación, pasión, fuerza. Y que cuando esto no se consigue deben aprender a gestionar la derrota. Entender los fallos que se han cometido, ver que margen de mejora se tiene, etc. Pero también hay que enseñarles que hay lugares en los que se puede competir y otros en los que no. La liga en la que juega un niño y disputa partidos cada fin de semana es un lugar dedicado a la competición, el ámbito escolar, no. Teñir todo del mismo color puede ser a veces contradictorio y debemos dejar lugar a diferentes colores. Nosotros entendemos los resultados obtenidos en la temporada y no nos resignamos, sino que empezamos a buscar formas de cambiarlos de cara a la temporada siguiente. Lo habitual sería deshacer el equipo y echar fuera a los jugadores, o que los mismos jugadores optaran por dejar el equipo. Pero en la mayoría de nosotros reside un nivel de mejora, quizá no en un aspecto individual, pero si como colectivo. Ya existe un feeling social ahora necesitamos trasladar eso al baloncesto.

Las dinámicas de la derrota son difíciles de sobrellevar pero es en ellas en las que debemos educar al fin y al cabo, siempre hablando desde un punto de vista deportivo. Enseñar que hay aspectos del deporte que van más allá de los resultados, que a menudo debemos ser constantes en nuestro trabajo si queremos obtenerlos, por ejemplo. Las ligas son tan sólo un sistema de clasificación, pura organización. Porque nunca deben perderse esas ganas que le recorren a uno antes del cita semanal del encuentro liguero. El deporte también puede enseñarnos a saber como encajar los golpes que podemos llevarnos a lo largo de nuestra vida. Y que no por eso debemos darlo todo por perdido, sino que debemos seguir trabajando, viendo donde está lo realmente fructífero de aquello que hacemos. Es hora de dar voz a los que suelen perder, a ponerlos a ellos en primera página, a ver y observar que podemos aprender de estas personas. Debemos glorificar las victorias, sin duda alguna, por el gran mérito que tienen, pero también ver cómo psicológicamente puede afrontarse una derrota.

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