Notificación de WhatsApp ¡Espérate tú que contesto el mensaje!

Una pequeña nota más sobre el uso de la mensajería instantánea.


CLINK!! Tap, tap, tap, tap. Acabo de responder a unos mensajes com mi smartphone. Después de “wasapear” casi por obligación y responder a cuatro o cinco mensajes de temáticas distintas, acabo de abrir los ojos y permitir darme los buenos días. Política, ocio o llanamente compartir con los miembros de un grupo de WhatsApp con un nombre divertido, que hoy no trabajas y vas a gozar de un día libre. Este ejemplo es solo uno de los múltiples casos prácticos que existen actualmente en nuestras vidas. ¿Donde ha quedado la intimidad y el descanso o el derecho a desconectar?  La mensajería instantánea configura una escena donde sin problemas y de forma más o menos gratuita podemos estar interconectados no solo con espacios y eventos que geográficamente quedan fuera de nuestro alcance sino que también permiten identificarnos con otros usuarios para entablar una conversación o sentir una afinidad virtual.

Es una realidad que Whatsapp ha caducado como aplicación para transformarse en una guía para nuestras vidas. Fundado en 2009 por Jan Koum (que emigró de Ucrania a Estados Unidos a principios de los 90) antiguo director de equipo de operaciones de Yahoo! ideó una proto aplicación como agenda inteligente donde se podía ver que estaba haciendo cada persona para saber si estaba disponible para charlar.

Después de crecer con SMS’s, Bluetooth, e-mails, MSN, Fotolog, Hi5 o MySpace entre otras plataformas que han formado parte esencial de nuestra cultura tecnológica educando a las generaciones que han crecido con estas plataformas en el campo de la comunicación, Whatsapp parece que ha llegado para no divorciarse nunca más de nuestras vidas. Los jóvenes estamos continuamente conectados los unos a los otros.

Edad

Cierto es que los jóvenes de entre 16 y 30 años son los mayores usuarios de estas conexiones virtuales, pero no son el único grupo social implicado. Si unos años atrás se dedicaba un elevado número de horas a la televisión, ahora este tiempo es invertido en el manejo de los smartphones y sus apps que permiten tener una actividad en línea. Ahora bien, esto no implica necesariamente estar conectado con los acontecimientos que suceden en el mundo. Un uso despreocupado de la tecnología, puede crear paradojas y tanta conexión, implica desconexión.

Fácil y de intuitiva comprensión la app hace que sea una herramienta útil para personas adultas, madres y padres. Los jubilados y gente de mayor edad, aunque en minoría, también hace un uso diario de esta mensajería instantánea. Y es que las ventajas son muchas pero también provoca situaciones incómodas. Cada vez más buscamos un espacio en el que ubicar el teléfono sobre la mesa durante las comidas, atentos al sonido que nos avise de un mensaje. Mantenemos simultaneidad de conversaciones y a modo de refugio, los grupos, se han convertido en el espacio donde encontrar la complicidad que deseamos en cada momento.
Niños y adultos, escuchamos notas de voz en espacios públicos donde otros, se convierten en espectadores de nuestra privacidad. Mandamos fotografías comprometidas a terminales sin pensar mucho más allá de la simpática reacción que pueda provocar. Se descargan automáticamente en la galería contenidos como memes, motivators, gifts, cadenas de mensajes, videos, audios, textos… mientras estamos en alguna actividad no virtual. Acudimos a la notificación y la mayoría de veces no manifiestan nada.
Es innegable el grandioso impacto que estas plataformas tienen en nuestras vidas y en la vida en comunidad. Prueba de esta conexión virtual, entre muchas otras, son las nuevas posturas corporales. Articulamos discursos de lenguaje no verbal para comunicar con la espalda curva y la cabeza gacha que estamos en línea.

Este 2018 WhatsApp pretende subir la edad mínima. Anteriormente la aplicación fijaba su aprobación en la edad de 13 años. Actualmente es de 16 o la edad mínima requerida en cada país para tener autorización para usar los servicios sin aprobación de los padres. La edad es la primera medida de seguridad para hacer un uso responsable de esta aplicación, ahora bien ¿Donde se especifica esta cláusula en el proceso de instalación de la aplicación? Después de descargar la aplicación se inicia la instalación. La primera pantalla que encontramos da la bienvenida a WhatsApp seguido de las indicaciones necesarias para continuar con el proceso. En estas pone textualmente “Pulsa aceptar y continuar para aceptar los Términos de Servicio y la Política de Privacidad de WhatsApp”. En segunda persona del singular y en la forma verbal de imperativo se persuade al usuario para “Aceptar y continuar”. ¿Alguien lee las condiciones de uso al aceptar su instalación? Simplemente necesitamos un número de teléfono y listo, convirtiendo así la edad mínima para su uso en una simple formalidad. Esta disposición garantiza la seguridad, en lo que a responsabilidades legales se refiere, para WhatsApp. Dicho de otra manera, esta  simbólica medida no aporta nada más que la protección de su propietario, eludiendo así responsabilidades sobre los usuarios, menores de 16 años, que usen de forma indebida esta plataforma.

Lo que quiero decir es que, la edad no determina un uso adecuado de la app sino que es una cuestión de formación. Siendo conscientes que esta plataforma ha atravesado el modelo de enseñanza para modificar la forma de comunicarse entre alumnos, profesores, madres y padres, para  intercambiar materiales de apoyo, tests educativos, imágenes e información de temática pedagógica dentro y fuera de la escuela. Parece evidente que la clave de un uso responsable y adecuado de la aplicación reside en educar.

Educación

Antes que usar WhatsApp como una herramienta dentro del sistema educativo como apuntan recientes propuestas pedagógicas para impartir clases en formato e-Learning ( ambiente educativo virtual donde se reúnen el conjunto de actividades y uso de herramientas en línea que colaboran en la educación sin barreras y con acceso a toda la información en tan solo un tap) debería plantearse un paso previo. Esta formación no va dedicada a los nativos digitales en primera instancia, sino que se centra en aquellos que recibimos una enseñanza escolar con libros, lápiz y goma de borrar y que hemos aprendido a usar aparatos tecnológicos después.

Los efectos de la fácil conexión han hecho que desarrollemos como mínimo dos identidades y nos relacionemos en nuestro entorno con hábitos confusos. Quiero decir, igual que no nos expresamos de la misma forma cuando mantenemos una conversación en la calle que cuando nos dirigimos a alguien en una carta escrita, debería existir algún tipo de código para acotar nuestra conducta de la realidad social física y la realidad social virtual para que esta no se antepusiera a la física.

Cada vez es más habitual, por ejemplo y si no es a nosotros mismos a quien nos pasa,  encontrarse en la cola para pagar después de hacer la compra y presenciar un silencio incómodo entre el dependiente y el cliente. Hola buenas tardes. Tap, tap, tap. ¿Esto es todo o desea algo más? Tap, tap. Serán 5 euros. Tap, tap, tap. Mientras el cliente responde a su interlocutor virtual despreocupado del dependiente.Cierto es que el supermercado no es un cine o un teatro y no hace falta desconectar el móvil, pero sí debemos ser conscientes de nuestro comportamiento.

Debemos educarnos con las tecnologías. No necesitamos apagar los móviles en espacios públicos, ni mucho menos, solo hace falta reajustar su uso y por ejemplo procrastinar nuestra atención hacia las plataformas de comunicación inmediata. Activar la opción de silencio, también es válido. Si recibimos una notificación cuando estamos siendo atendidos por un cajero o cualquier responsable de una tienda, deberíamos esperar unos minutos y encontrar el momento oportuno. La persona que nos está ayudando merece respeto y atención para que desarrolle su trabajo y nos atienda correctamente.

En el caso de recibir una llamada en un espacio donde hay un sonido ambiente elevado o hay mala señal y no oímos bien a nuestro interlocutor, no deberíamos ponernos a gritar y hacer cómplices de nuestra conversación a las personas que nos rodean. De la misma forma con las grabaciones de audio, no deberíamos alzar la voz en exceso o reproducirlas con un volumen alto por el altavoz.

Si entra una llamada de un familiar o amigo y estamos hablando con alguna persona y es indispensable atender el móvil, pidiendo las pertinentes disculpas, podemos ausentarnos para contestar la llamada. Esto es aplicable al momento en que estemos pagando en la caja. No haremos esperar a todo el mundo porque estamos enviando un WhatsApp. Generamos en los clientes un ambiente de crispación por nuestra falta de respeto al hacerles perder su tiempo.

Si nos encontramos con alguien que reproduce lo descrito en las líneas anteriores, debemos mantener la calma y no increpar, aunque solo tengamos ganas de arrancarle el teléfono y tirarselo por los aires. Debemos darle el beneficio de la duda esperando unos minutos de cortesía. Si continúa en su lógica, debemos acercarnos de forma amistosa para hacerle ver que “esté para lo que hay que estar”.

Si es un empleado de la tienda quien está online, debemos asegurarnos antes que es por cuestiones de trabajo; atender un pedido, una reclamación… No debemos gruñir aún. Si está usando la mensajería como forma de ocio, podemos acercarnos y de forma educada comunicarle que tenemos prisa, que tenemos otras cosas que hacer en el dia, etc.

CLINK!! Tap, tap, tap, tap. Acabo de volver a responder a unos mensajes com mi smartphone…

 

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