Excesos y amor: Una oda musical a la vanidad

por Raúl Cañadas

Ahora hay putas, drogas, nalgas en pompa,
flashes, dinero, Ferrari Testarossa

Pura declaración de intenciones. Una oda a la vanidad en Trap life, de Kidd Keo. Y así lo muestra el videoclip de dicha canción, consumiendo lean, mostrando fajos de dinero rodeado de coches y mujeres.

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Fotograma del videoclip Trap life de Kidd Keo

Pero no es un caso aislado, esto suele ser algo generalizado. No vamos a poner etiquetas, no se ciñe a un género musical, sino a algo más amplio, la música urbana. Hip-hop, dancehall, reggaeton, trap y todo aquello que orbita alrededor de esto, así que podríamos hacernos una idea de lo que abarca.

Ciertos esquemas y patrones se repiten una y otra vez, a menudo se habla de ser el mejor en aquello que se hace (una batalla de egos entre autores), en ganar billetes, vivir a todo trapo y de paso, darle algunos caprichos a sus madres. Pero también hay quienes les cantan al amor, al que perdieron o al que esperan que llegue.

Me he follao’ mil, he tomado tal, no puedo dormir si no sé dónde estás” dice Recycled J en Amor, el tema con el que abre su álbum debut “Oro rosa” (Septiembre 2017). Drogas, sexo y amor condensados en un par de versos.

Cierto es que también se profesan muestras de respeto a cuidar de los tuyos, a no actuar como un chivato y sobretodo a aquellos que son capaces de sobrevivir en las capas más bajas de la sociedad. Porque de ahí proviene esta música, o al menos eso intenta hacernos entender. De los barrios aislados del centro, dónde la calle suele ser más dura y el día a día te curte.

Un intento de salir de estos ambientes es a través de la música que, en un principio, es para la gente cercana, amistades y poco más. Letras que relatan sus vidas pero que a la vez muestran sus ambiciones, aunque éstas sean los excesos y el lujo.

Marcas de ropa cara y coches lujosos. Rápido y eficaz. Coger el ascensor social a través de estos elementos sin importar el qué ni el cómo. Traficar con drogas o robar es totalmente legítimo, la moral de esta música se basa en buscarse la vida de cualquier manera. El límite entre la legalidad y la ilegalidad es difuso.

Quizá España no sea el mayor exponente de ciertos géneros de la música urbana, pero los músicos españoles entienden los códigos y a menudo siguen los patrones que Estados Unidos dicta. Sticky M.A. canta “De tu casa al camello y del camello a tu casa, rompe mi camisa vivimos deprisa, está el diablo en tu sonrisa” en Ángel de AGZ. Jóvenes entre amor y drogas, nada que la realidad no pueda asumir.

Es quizá esa cercanía con la vida de muchos la que hace que se extienda tanto. Los jóvenes salen, beben y tienen sexo. No entendamos esto como algo peyorativo, sino como una metáfora de la realidad que muchos viven. Nadie les juzga. Y nadie debería hacerlo.

En latinoamérica las letras tienen un esquema similar, aunque suelen enseñarse más armas y hablar de éstas es más habitual. A dónde queremos llegar es que, al fin y al cabo, las canciones tan sólo hablan de la realidad de los autores.

Fotograma del videoclip Ya me acostumbré de Arcangel con Bad Bunny



¿Que tiene esto que cautiva a sus oyentes?

No es sorprendente que se expanda tanto dicha música, ya que atraviesa clases sociales acogiendo oyentes desde la clase baja a la media-alta. Si la clase alta queda fuera de simpatizar con estas letras se debe a que aquello de lo que se alardea y que se intenta conseguir ellos ya lo poseen.

Todo se debe a nuestro viejo conocido, el capitalismo. En una sociedad dónde el paradigma burgués se adueña de todo y las posesiones materiales hacen a las personas seria imposible que una música que habla de aumentar tus propiedades no triunfara.

El peso de la música en las personas y cómo influencia su pensamiento es bastante alto, y esto da que pensar. Una gran mayoría de millenials se dejan llevar por esta corriente, convirtiéndose en su referente moral. Ídolos adolescentes que hacen apología de las drogas y la mala vida en general.

La influencia a través del arte

Influir en la educación de las personas a través de los medios de producción cultural es algo que tomó gran fuerza durante el siglo XVII, con el Neoestoicismo y la Contrarreforma. En la Monarquía Hispánica, la Iglesia utilizó el arte para difundir un mensaje moralizador, a través de la pintura de vanitas.

A grosso modo, las vanitas son representaciones de la vida humana y el paso del tiempo, que a través de ciertos símbolos rechazan la vanidad de la vida, ya que al llegar la muerte desaparece su valor. Etimológicamente proviene del latín, y su significado seria “cualidad de lo vano, pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior está vacío”.

Pero está directamente relacionado con la Biblia, ya que en el Antiguo Testamento, concretamente en el Libro del Eclesiastés. En el capítulo 1 versículo 2 se menciona Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad, algo que en el Barroco había sido leído cómo “Vanitas vanitatum, et omnia vanitas”, y de donde se extraerá el término para definir dichas pinturas.

Un ejemplo paradigmático de estas pinturas es la obra de Antonio de Pereda, El sueño del caballero. En ella observamos un caballero durmiendo, ante una mesa llena de placeres mundanos (riquezas, azar, conocimiento, amor, etc.) pero también una advertencia de la muerte, a través de la calavera. Un ángel aparece en la escena intentando advertir y alejar al caballero de dicha vanidad.

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El sueño del caballero (1650), Antonio de Pereda. Óleo sobre lienzo.

¿Está tan lejos la música urbana del fenómeno de la vanitas?

Bajo mi punto de vista, no. Si la música de la que hablamos nace en una situación de crisis, la vanitas también. Mientras que uno busca un rápido remedio a su forma de vida sin importarle lo demás, la otra busca dar sentido a la vida, o al menos educarte moralmente.
Dos maneras de afrontar una situación económica, enriquecernos a toda costa para abandonarla, o entender que no se es pobre cuando uno no necesita riquezas, amores y saber.

Aun así, la vanitas no puede tener lugar en la actualidad, la fe se disipa ante la riqueza material.
Deberíamos rescatarla, pulirla y matizar sus propósitos.

Alejándonos de ciertos matices religiosos y espirituales, como la vida tras la muerte (despertando del sueño que es la vida), la vanitas pueden utilizarse de educadora moral ante el auge de la obsesión con la riqueza material. Y cierto es que la vanitas rechazaba cualquier distracción en la vida mundana, desde la sabiduría hasta el amor, por este hecho comentaba la idea de reelaborarla y atenerla a las necesidades actuales.

Si bien observar una pintura pretendía tener la eficacia de despertar al espectador de la mentira que vivía, hoy en día sería incapaz de provocarle nada parecido. El bombardeo de imágenes al que estamos acostumbrados hace que el impacto de éstas en nosotros sea menor, a diferencia de un “ciudadano medio” del siglo XVII.

Debemos encontrar otras vías en las que la idea tenga más fuerza y posibilidades de provocar algo en alguien. Es aquí dónde entra en juego la música (y todos sus soportes visuales, sobretodo los videoclips). Ya que si es capaz de propugnar unos ideales de exaltación del lujos y vida desenfrenada, podría ser capaz de revertir dichos ideales.

Pudiera considerarse si quisiera que tiene un atisbo de canción protesta, pero supongo que no, aunque tampoco me atrevería a llamarla educativa, es un término que se le queda grande. Sería música, no más. Música en la que subyacerían dichas ideas que penetrarían en la moral de las personas. Quizá en clave de música urbana, pervirtiéndola desde dentro, quizá con otros géneros.

El disco “Siempre” de AGZ es una clara alegoría a la vanidad, incluso su portada nos habla de ésta en claves contemporáneas

Pero si a algún lugar quiero llegar es a ser responsable con aquello que se produce. Una persona de 20 años puede producirse una canción, agregarle un videoclip, publicarla en YouTube y viralizarse. Acostumbra a pasar, los famosos 15 minutos de fama de Andy Warhol pasan a ser el medio millón o millón y medio de visitas en una canción.

Con gran probabilidad aquella persona no esperaba semejante repercusión (sobre todo a base de repetir clichés) y no tuvo en cuenta diversos aspectos de aquello que producía. Los productores culturales, en este caso, de mayor o menor escala, deben cuidar aquello que crean y sobretodo pensar en si aquello que expresa es realmente lo que quieren que los demás piensen.

En esa línea encontramos la canción Ahí fuera (no hay reglas) de Cruz Cafuné en la que dice así “La religión divide, pero el amor une: esa es mi fe, pero no logro hacer que sume. Amén fue el primer tema en España guapo de rap cristiano pero Mi Casa viralizó y todo se fue pa’l guano”.
Nos habla de cómo pone empeño en predicar el amor en sus canciones, y compara dos temas antiguos suyos. El primero, Amén, que como bien dice, lo considera rap cristiano, el segundo, Mi Casa, en el que relata una fiesta en un piso, entre drogas, alcohol y alguna infidelidad.

Se hace más viral y conocida una canción con apología a la fiesta que una en la que nos habla de cuidar unos de los otros y hacer más apología del amor que no del odio. No quiero decir que se arrepienta de haber escrito ninguna de las canciones, pero seguramente preferiría que se extendiera más un mensaje que otro, ya que Mi Casa sirve más como anécdota, una noche de fiesta, y no como un patrón a seguir.

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Fotograma del videoclip Amén de Cruz Cafuné

A modo de conclusión me gustaría unir distintas ideas que han ido apareciendo durante el texto.
Lo primero, la importancia de la música y su fuerza para penetrar en los ideales y pensamientos de las personas. Esto es un arma de doble filo, puede utilizarse con buenos fines o con otros totalmente contrarios. No podemos olvidar su fuerza, y mucho menos dejarla escapar.
Segundo, la reformulación de las ideas de la vanitas en un contexto actualizado, para intentar subvertir el capitalismo educando a través de los referentes musicales. Conseguir que la riqueza material no sea el objetivo de la mayoría de personas es un gran paso en una sociedad que se deja llevar por el consumo compulsivo.

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