¿Dónde está la libertad de todos los españoles?

por Martí de la Malla

Artículo 20 de la Constitución Española:

  1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

c) A la libertad de cátedra.

d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

El martes 20 de febrero de 2018 será recordado como un día paradigmático de cómo la libertad de expresión en nuestra actualidad se ve, ya no amenazada, sino, una vez más, violada.

En pocas horas, se sucedieron los siguientes hechos que, por pragmatismo, voy a enumerar:

a) Una jueza ordenó el secuestro del libro ‘Fariña’, de Nacho Carretero, sobre el narcotráfico gallego, a petición del ex-alcalde de O Grove (Pontevedra) José Alfredo Bea Gondar  — que aparece citado en el libro por supuestos vínculos con el tráfico de droga de Galicia —.

b) La Sala II del Tribunal Supremo (TS) confirmó la condena de 3 años y medio de cárcel que la Audiencia Nacional impuso al rapero José Miguel Arenas Beltrán (Valtonyc) por delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales.

c) IFEMA (Institución Ferial de Madrid) — cuyo consorcio está conformado por la Comunidad de Madrid (31%), el Ayuntamiento (31%), la Cámara de Comercio (31%) y la Fundación Montemadrid (7%) —, pide la retirada de “Presos políticos en la España contemporánea”, una pieza del polémico artista Santiago Sierra expuesta en ARCOmadrid 2018. La institución alega que “la pieza perjudica la visibilidad de la feria” (a pesar de que pedir su retirada ha sido lo que verdaderamente ha acabado eclipsando el prestigio de ARCO), y que la decisión se toma con todo el respeto a la “libertad de expresión”. Es la primera vez que se da semejante censura en la feria de arte (en la que participan más de doscientas galerías de 29 países).

Libros, canciones y arte contemporáneo de nivel internacional, secuestrados, condenados y escondidos. 2018. ¿Normalidad democrática? ¿Dónde está la libertad de expresión y de manifestación? Nos están tomando el pelo, ¿qué digo el pelo..? La libertad. Y nuestra posibilidad de reacción parece ser incapaz de superar el titular, el comentario anecdótico, el tuit. Con eso nos basta, nos quedamos más tranquilos. En realidad, lo único que conseguimos, es normalizar esta anomalía y acostumbrarnos. Lo digerimos e interiorizamos. Asumimos que “el mundo es así”.

¿Dónde están los abanderados de la Constitución ahora? ¿Los del imperio de la ley? ¿A caso es más importante para ellos el artículo 2 de la Constitución que el artículo 20? ¿Qué son las “libertades de todos los españoles” si no es la libertad de pensamiento y su libertad de razonarlo, explicarlo, expresarlo?


FARIÑA

El juzgado número 7 de Collado Villalba dictaminó el secuestro y la prohibición de impresión del libro de Nacho Carretero como medida cautelar. No obstante, desde la jornada del día 21 “Fariña” es el número uno de los libros más vendidos en Amazon, y los precios de las reventas en las Apps de segunda mano han llegado a alcanzar los 1.000€ por ejemplar.

Este caso es un ejemplo más de como la censura, en pleno siglo veintiuno, resulta prácticamente imposible de conseguir. De ser un ejercicio que procura abolir una manifestación (artística o cultural) con el fin de evitar la difusión de sus ideas/contenidos, hemos pasado a convertir la censura en casi un “gesto simbólico” del Estado, con terribles consecuencias para el autor de la pieza censurada (coartar su libertad de expresión, sancionarle e incluso condenarlo a penas de prisión).

Un gesto simbólico, o una declaración de intenciones, pues, en la era de la inmediatez y de las nuevas tecnologías, el fenómeno de la viralidad convierte el ejercicio de la censura en poco más que una noticia. Las réplicas del material censurado en las redes suelen ser inmediatas, y el Estado se ve incapaz de amordazar aquello que quería suprimir. El resultado: la censura se torna en contra de quien la impone. Da una espectacular visibilidad mediática a las creaciones que pretende abolir y, por suerte, se convierten en tema de conversación entre muchos. Esta consecuencia hasta ahora inusual es fruto de la aparición de Internet y hoy ya se conoce como el Efecto Streisand. Es más, la censura deslegitima el supuesto “régimen democrático” y lo refleja asimismo como un Estado autoritario o absolutista.


VALTONYC

El mallorquín de 24 años tendrá que pasar 42 meses en prisión por delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona y amenazas no condicionales. El motivo: subir unas canciones de rap a plataformas de Internet (gratuitas). El artista ya ha contestado con un nuevo tema denunciando la situación a la que se enfrenta. La defensa quiere recurrir la sentencia ante el Tribunal Constitucional porque lo considera “una auténtica aberración”. En caso que no prospere, Valtonyc asegura que quiere llevar el caso al Tribunal Internacional de Derechos Humanos (en Estrasburgo).

Terrorismo es violencia. Y a pesar de que des de la reforma del código penal y de la aprobación de la Ley Mordaza se hayan multiplicado los casos de apología al terrorismo respecto los años de más actividad de ETA, la sociedad sabe que hoy el riesgo de sufrir un atentado es menor (pese a la alarma yihadista) que durante los años de actividad de las organizaciones armadas como ETA, Terra Lliure o las GRAPO. Una vez más, la Ley Mordaza y muchos de los delitos derivados de la incitación al odio, demuestran que, demasiadas veces, no existen para proteger, sino para coartar.

Curiosamente, ese 20 de febrero — día en que salió la sentencia del TS — cumplía cuatro meses de las “tumultuosas manifestaciones” (según M. de Vigo) del 20 de septiembre en Barcelona. Lo aprovecho para instar a preguntarnos si es mas apología al terrorismo rapear amenazando o probar de generar violencia en la calle, sea con registros de la Guardia Civil en la Conselleria de Economía de la Generalitat (dejando los coches en la puerta, y no en el párking). O provocando a las bases militantes del partido antisistema de la CUP intentando un registro de su sede sin tener una orden judicial. Y que se evitó con una movilización pacífica ejemplar que impidió la entrada a la comitiva policial, literalmente. O incluso, preparar una operación policial (Operación Copérinico) con más de 12.000 anti-disturbios y guardias civiles jaleados al grito de “a por ellos” para cargar contra un movimiento heterogéneo, un pueblo y unas gentes escrupulosamente pacíficas.

No, claro. Esto no es incitación al terrorismo, ni al odio, ni a la violencia. Por cierto, habrá próximos episodios de tribunales juzgando a manifestantes de la huelga del 8 de noviembre, además de los profesores que ya han declarado por un supuesto “adoctrinamiento” por tratar en clase lo sucedido el día del referéndum. Sí. Estamos asistiendo a la represión sistemática y la violación de la libertad de expresión, de cátedra, de manifestación…

Ya lo dijo, no hace tanto, Pablo Hasel (rapero de Lleida acusado de enaltecimiento al terrorismo y de injurias a la Corona, que se enfrenta a una pena de prisión que podría alcanzar los 12 años de reclusión) en su declaración ante la Audiencia Nacional: “Qué casualidad que los límites de la libertad de expresión siempre son para los mismos.” Por lo contrario, si fuera fascista y “deseara bombas a catalanes, homosexuales o emigrantes”, Hasel asegura que no se vería sentado ante la AN. Y, a pesar de que nos pese, no le falta razón.


ARCO

Sin duda, lo más sorprendente que nos deja la pasada edición de ARCOmadrid 2018, es la censura a la obra de Santiago Sierra “Presos políticos en la España contemporánea”, tema candente en la actualidad y cuya presencia en ARCO ha molestado, y mucho, a la oligarquía española. No deja de ser sorprendente que dicha censura venga impuesta por parte de institución ferial concertada (IFEMA), y no por ningún tribunal.

Para empezar, la voluntad de IFEMA resulta, según se mire, contraproducente: de entrada porque de querer evitar la polémica, evidentemente la han suscitado. En segundo lugar, porque Santiago Sierra es uno de los artistas contemporáneos más destacados en el panorama internacional. De hecho, la plataforma ArtFacts le sitúa entre el centenar de artistas vivos más prestigiosos del mundo. La presencia de dicho artista en este hito del mercado del arte español, sea cual sea la temática que trate, guste más o menos su arte eminentemente político, sin duda sube el listón de la feria de arte, dando prestigio tanto a ARCO, como a IFEMA, como a la misma España, a quién se le ha negado su derecho a dar a conocer, disfrutar y exponer a uno de sus artistas más destacados, que en definitiva colabora a situar al país dentro la escena cultural europea.  A día de hoy, debería ser el mismo Estado (y sus correspondientes medios) los más interesados en convertir el mismo Santiago Sierra en uno de sus abanderados culturales.

¡Ah, no! Me olvidaba. La obra de Santiago Sierra no son tanteos con el expresionismo abstracto, ni las inquietantes sevillanas de Lita Cabellut. Se trata de una crítica frontal y feroz a los abusos del sistema, y  del Estado. La reticencia de situarlo en el epicentro cultural del país por parte de las élites políticas es evidente, y no se corresponde con el mérito que le reconoce el panorama internacional. Este desplante se puede interpretar como un recelo por el fracaso de dicho intento, cuando en 2010 Sierra rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas (dotado de 20.000€). Entonces, el artista escribía en la carta dirigida a la ministra de cultura:

“Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado. Un estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto.”

Pero, volviendo a la polémica, quién ha sido el verdadero artífice y máximo beneficiado de dicha censura? En mi opinión, la galerista. Retirando la pieza sin rechistar tras la exigencia de IFEMA, y sin pedir amparo a ARCO (que denunció en seguida la situación), el estand de Helga de Alvear conseguía máxima visibilidad y presencia. Pero la pieza de Sierra ya había sido vendida con anterioridad — cosa que en términos económicos es una pena, pues tras la censura la pieza podría haberse re-valorado—.

No obstante, el chaparrón para Ifema fue tal que al cabo de dos días ya había mandado una carta a todos los galeristas disculpándose. Tras recibir la carta, De Alvear declaró ante la prensa: “Hemos hecho el ridículo todos, y yo la primera”. Ahora, el poder de decisión de volver a exponer la pieza lo tenía ella. Finalmente, decidió exponer obras de Thomas Ruff. La de Sierra ya estaba vendida, y la pared blanca y vacía, pese a que era muy icónica y fotografiada, no se tornaba en beneficios económicos.


En conclusión, y tras analizar lo sucedido ese día, me atrevería a afirmar que:

– Los tres casos de censura que vivimos el dia 20-21 de febrero fueron, en gran medida, contraproducentes para los censores. La repercusión mediática fue descomunal, y puso de nuevo “la libertad de expresión” encima de las mesas de las tertulias televisivas y en los fogones de las redes.

– Que la Democracia no es un concepto estanco y absoluto, a blanco o negro. No vale decir “vivimos en una democracia”. Lo correcto sería preguntarnos “¿en qué democracia vivimos?”. La única afirmación certera hoy es que vivimos en una monarquía parlamentaria. El juicio de hasta qué punto es un sistema democrático prefiero dejarlo abierto.

– Un  país supuestamente democrático debería estar dispuesto a asumir el juicio de los demás, sin condición ninguna.

– La censura sigue siendo un mecanismo de defensa para quienes temen el poder de la palabra y de la cultura. Aquellos que se ven incapaces de contrarrestar los argumentos con argumentos, pretenden aniquilar/enmudecer aquellas voces disonantes.

Más información: podcast

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