La conciencia y el autorretrato

Toumani Camara Velázquez

Cuento sobre la amalgama entre conciencia y autorretrato.

Por Toumani Camara

 

Nació con el primer rayo de luz pero no lo recuerdas. Cuando te diste cuenta, ya estaba ahí. Te ha perseguido toda tu vida; ha sido tu sombra. Te ha permitido conocer y evaluar las cosas; relacionarlas y relativizarlas. Ella te presentó a todas las personas que conoces: tus vecinos, tus colegas, tus amigos, tu familia, tus amores y hasta tu madre. Nunca la has podido ver pero siempre la has escuchado. Ha sido ella la que te ha permitido juzgar sobre lo bueno y lo malo, sobre los demás y sobre ti, sobre la moral y la ética. Con ella has decidido quien quieres ser en función de lo que te rodea; te ha facultado la posibilidad de intuir la existencia de los demás y comprender la tuya.

 

Como siempre, te ha costado entender lo que no has visto o sido y por ello le has dado una imagen y un significado. Comenzó todo en una cueva a la luz del fuego, el primer cliché romántico. Ahí, con carbón y sangre, pintaste tu primer autorretrato. No sólo te retrataste a ti sino que lo hiciste con los y lo que te rodea. Fuiste todavía más preciso: te pintaste en una actividad que te daba vida, que te procuraba bienestar. Hiciste ahí tu primer juicio práctico y al mismo tiempo moral sobre tu persona. Entendiste que a través del lenguaje pictórico comunicabas eso que te beneficiaba – la caza y la comunidad – para compartir y desarrollarte con tus relativos. Con esa primera acción inventaste el arte y escribiste en códices el primer registro de tu fiel acompañante: la conciencia.

 

Siglos después, por tu lado occidental, comenzaste por conceptualizarla en la palabra filosofía: el amor por el saber. El oráculo de Delfos te dijo “conócete a ti mismo” y entendiste con Sócrates que tenías que desarrollar a fondo la relación interna de la conciencia para poder entender tu interacción con el mundo. Platón te recordó, de nuevo en una caverna, que la importancia de la percepción no estaba en la ilusión de los sentidos sino en la capacidad imaginativa con un punto de vista científico. La palabra griega syneidesis – que seguido se confunde con el origen de conciencia – se compone del prefijo syn- (con, unión) y eidesis (capacidad imaginativa). Si es que existe la confusión se debe seguramente a que la imaginación es parte de la metafísica y necesaria al mundo inteligible, y que el arte no es una ilusión sino un lenguaje.

 

Hablando de lenguaje, nació por una voz latina. Se le llamó conscientia. Su nombre se formó de la amalgama del prefijo con- (convergencia, reunión) y scientia (de sciere, saber). Se le dio, desde el siglo II a.C., para hablar del conocimiento compartido; del conocimiento global y completo sobre el ser humano, su existencia y su auto existencia. Un siglo después se dijo que en su nombre se hacía el juicio sobre el bien y el mal, que ella era la autoridad. Sufrió de una resaca moral después del sacrificio de Cristo que la llevó a la rendición y el oscurantismo. Se escondió bajo la protección, o el totalitarismo, de ese otro ser o individuo supremo que llamamos Dios. Hubo destellos en algunos como Santo Tomás de Aquino pero la conciencia se mantuvo discreta hasta el siglo XV.

 

La viste renacer en Florencia con un arquitecto toscano de nombre Brunelleschi, descubridor de la perspectiva lineal que servía para relativizar el humano y el espacio, y se repartió en un sentimiento de liberación y de renacimiento con respecto a la obscuridad del pasado y un imperio en ruinas, el romano. Más allá de solamente buscar la representación, los artistas del quattrocento, cinquecentto y el seicento llevaron al extremo de aquel paradigma el conocimiento común sobre la anatomía física del ser humano, es decir de nuevo, la conciencia de si mismo. Este periodo se construyó con el reconocimiento propio como fenómeno del medio ambiente, con una concientización de poder efectivo sobre la realidad. Se le llamó Renacimiento, con “R” mayúscula, porque simbolizó el nuevo empoderamiento del individuo y la sociedad sobre su capacidad creadora frente a la institución religiosa. Fue ella, la conciencia, la que pintó la Capilla Sixtina y La Creación de Adán. Fue ella la que se atrevió finalmente, en colaboración con Miguel Ángel, a concretar en materia que el hombre está hecho a la imagen de Dios, o viceversa, y que como dice Gombrich, el arte fue capaz de conquistar la realidad.

 

René Descartes te recordó en otras palabras lo que ya te había dicho Sócrates: cogito ergo sum. Piensas, por lo tanto existes. La única certeza que tienes es ese canal de comunicación retroactivo con tu propia existencia. Para John Locke, la conciencia está ligada al tiempo; somos personas sólo si podemos recordar hechos pasados y proyectarnos al futuro para así poder entender sus consecuencias. Gracias a Locke y a Kant terminaste de entender que tu conciencia se construye en relación al tiempo y el contexto y que se encuentra en desarrollo perpetuo. Hoy no eres el mismo que eras ayer así como tus situaciones de vida determinan quien eres: la conciencia evoluciona por empirismo. Con la popularización de la pintura, la conciencia te llevó a retratarte para inmortalizarte en el tiempo histórico porque bien sabemos que la gran victoria del ser humano es vencer a la muerte. Si el retrato se hizo una práctica popular es porque consiente de tu necesidad de legado decidiste crear una representación de tu conciencia de manera física.

 

Retrataste con esmero a la sociedad de la Era Moderna a través de sus paisajes y sus nuevos paradigmas. Entre guiños comenzaste discretamente con los autorretratos para después terminar retratándote sin culpa. Te pintaste en reflejos como te pintaste en noches de estrellas, en grandes murales de tono revolucionario o en tu simple despacho. Hablaste de ti para darte por primera vez un podio y reclamar tu discurso como orador de otro lenguaje; el plástico y el visual. Te reivindicaste como actor y en medio de tu rebeldía la nueva generación te tomó por sorpresa e inventó la fotografía. Tomó sus años el que fuera aceptada y se comercializara pero ya en los años 60 era una realidad popular que cambiaba los paradigmas visuales. Ya para este entonces parecía que la conciencia te había abandonado o quizá tú a ella.

 

Kodak trató de remplazarla, nada ingenuos. “ Just click; we do the rest ”. Pero tú sabías que este no era el final y que todavía faltaba mucho. Sartre ya te había dicho que eras libre de llevar tu existencia y que nadie era capaz de determinarla en tu lugar. También sabías que este nuevo medio te daba las posibilidades que la pintura no te había dado – el ojo externo – así como a millones de otros. Dentro de este nuevo terreno de experimentación te erigiste en los años 70, a través de Cindy Sherman en la piel de muchos otros, como la mujer del siglo XX: combativa, rebelde, pero sobre todo en lucha contra la opresión del patriarcado.

 

Con Cindy Sherman fuiste quien quisiste dentro de la cultura popular de manera irónica, apuntando las desgracias igualitarias de estas sociedades enfocadas en el estereotipo. Te volviste muchas veces obscena, cubierta en exceso de la apariencia falsa con la que se ha objetivado a tu género. Con Nikki S. Lee te probaste que la conciencia no está en tu cara o tu color de piel, que a veces parece estar en la manera en la que te vistes y te presentas al mundo, pero no es así. La conciencia se encuentra en tu capacidad de mezcla y de mestizaje, tu capacidad de romper con las brechas que separan grupos y acceder a los demás, de ser uno y al mismo tiempo ser todos. Anthony Goicolea te recordó en su pubertad, en una serie cargada de lo que inconscientemente más te gusta (la sexualidad, el morbo y la polémica) que la conciencia puede proyectarse en tus diferentes personalidades y que por momentos tú eres el actor de todos los roles. No estás sólo porque te multiplicas.

 

Ha pasado tiempo de aquella noche en aquella cueva pero la tecnología y la industria te ha llevo a nuevas cavernas virtuales. En estos tiempos del culto al individuo y la estética de la “selfie” – que varía de mil maneras y al mismo tiempo de ninguna – quizá la conciencia se ha hartado de ti. No te preocupes, Instagram y sus influencers ya se dieron cuenta y han estado pensando en ti. Snapchat ya te ha dado la oportunidad de ser quien tú quieras – si es que tus ambiciones son ponerte una corona de flores o mejor aún una nariz de perro. Te vendieron el amor durante siglos y tu lo compraste para amarte a ti mismo. Caíste en la trampa que siempre hubo en este juego, confundiste a la conciencia con tu cuerpo y le negaste el verdadero conocimiento. Pero siempre recuerda que ella está ahí contigo, que el auto es mático para curar alma y cuerpo pero también para construirlo, y que el retrato es para ti.

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