Torrente veloz y caduco

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Esta en boca de todos el bombardeo de imágenes en el que esta sumergido nuestra sociedad contemporánea occidental.

El público es cada vez más y más exigente y se le sorprende con poca facilidad.  Los publicistas, las grandes empresas, los comerciantes se devanan los sesos para que sus campañas interpelen al transeúnte o al usuario internet.
El dramaturgo Víctor Molina, en Carta breve para mirar a los actoresreflexiona en un fragmento sobre los desafíos contemporáneos a los que los directores de teatro deben enfrentar-se actualmente, en relación justamente a la exigencia del público. El segundo desafío que plantea es ampliable al campo de la imagen y por extensión al de la fotografía. Molina habla de “la estetización del mundo, de la eclosión de la belleza que ocupa poco a poco y por doquier todo el territorio de lo cotidiano” como problema a la hora de que el espectador se emocione, o se deje seducir por lo que se representa en una obra. Esta eclosión de la belleza, la relaciono directamente con este afán de querer impresionar, emocionar y crear experiencias. No hay más que entrar en una tienda Pull & Bear para ver el dineral que se han gastado en crear un escenario espectacular que convierte el ir de compras en una experiencia sensorial.

La democratización de la fotografía y del vídeo, con su implantación en los teléfonos móviles, permite a la mayoría de personas acumular y acumular fragmentos de su vida y difundirlos en redes sociales. Esto provoca que los propios lenguajes estén cambiando continuamente y que se generen nuevas corrientes estéticas que aparecen y desaparecen.

Instagram, aplicación móvil creada en 2010, es una plataforma que ha entendido perfectamente el nuevo paradigma en el que nos movemos las nuevas generaciones. A grandes rasgos, publicamos imágenes que nos definen directa o indirectamente en un collage que quiere representar cómo somos. Es una manera de crearte tu personalidad a base de fragmentos visuales y cuadrados completamente pensados.
Aunque uno es más o menos consciente que el perfil de alguien no le representa de manera real, seguimos intentando que el nuestro sea más afín a quien somos o cómo queremos ser.
Me parece fascinante cómo con un perfil de instagram creemos saber en pocos segundos si esa persona nos parece interesante y si nos va a caer bien.
Este fenómeno de masas ésta tan extendido y atañe a tantas personas que permite una gran especificación dentro de la enorme cantidad de contenidos que alberga. Es interesante ver cómo a pesar de usar todos la misma aplicación, el contenido que recibimos es muy distinto. Me hace gracia ver cómo determinados colectivos, que se mofan de cómo usa instagram el usuario medio, publican contenido que consideran fuera de toda categorización en la misma aplicación y cómo dicha nueva corriente/moda estética se la acaba tragando el propio sistema.

Úsalo pero que no se note mucho que te importa

Es extraño ver cómo a pesar de que todos usemos esta aplicación hablamos poco de ella. Cuándo se empieza a generar una conversación sobre algún contenido visto en instagram, alguna conclusión a la que has llegado analizando la app, se te puede tachar rápidamente de millenial histérica. Me parece muy interesante que a pesar de que sabemos que no es un proceso natural, el subir un contenido a instagram, si no reflexionado, y de que todos jugamos en la misma liga sabiendonos las reglas y las astucias a la perfección, no las decimos abiertamente.

La clave parece ser al menos en mi entorno, usarlo pero sin que se note mucho que te importa. El otro día coincidí con un amigo del mundo de la interpretación que tiene muchos seguidores en Instagram.  Me sorprendió mucho cómo el hablaba abiertamente de que estrategias usaba para subir sus fotos, a que hora las subía, cómo las editaba. Sin ningún tipo de vergüenza de que se vieran sus cartas, de que se viera antinatural. El defendía, o quizás quise yo interpretar, que era importante para su difusión y promoción cómo actor y que por lo tanto va a jugar a Instagram perfectamente. Va a entender cómo funciona para difundir su personalidad y las cosas que le gustan lo mejor que pueda.

Instagram Stories 

De todas formas, mi intención en estas líneas es la de introducir algunas reflexiones sobre un componente especifico de dicha app.
El verano pasado, creo recordar, Instagram ofreció una nueva modalidad dentro de la misma aplicación: el instagram stories. Una idea que originalmente era de Snapchat y que Instagram plagió creando un interfaz más sencillo. Además, el circulo de seguidores/seguidos en dicha aplicación es mayor que en Snapchat y por lo tanto el efecto fue y es mucho más masivo.

El instagram stories te permite capturar en imagen o vídeo, inferior a unos 10 segundos, momentos de tu día para crear la llamada “historía” que permanece en tu perfil únicamente durante 24h.
Las historias de tus seguidos aparecen en la parte superior de la pantalla. Al hacer click en la primera, empiezan a desfilar a ritmo acompasado todas las que han publicado las personas que sigues. A pesar de su brevedad, las imágenes permanecen unos cinco segundos y los vídeos máximo unos diez, se puede ir clicando en la pantalla para ir pasando de imagen a imagen, de perfil en perfil, en un intervalo de un segundo.

A veces cuando me embobo y me quedo cómo anestesiada viendo las historias pasando solas, me veo a mi misma cómo el protagonista de La Naranja Mecánica hacía el final de la película cuando se le pone ese mecanismo en los ojos para obligarlo a ver escenas violentas.
Y es que a pesar de no tener ningún artilugio mecánico que me obligue a mirar, no puedo dejar de hacerlo.  Es tan cómodo que vayan pasando tan velozmente las imágenes. El miedo a perdernos algo, el fear of missing out de siglas FOMO caracteriza de pleno nuestra generación. Y lo que me parece fascinante es que la versatilidad de Instagram hace que el contenido que recibo yo, el que me interesa, sea distinto a por ejemplo la estudiante de medicina que tengo sentada aquí al lado en la biblioteca municipal.
Dejando de lado el mundo selfie, bloger, puestas de sol y festivales de electrónica que me interesa bien poco, no puedo dejar de ver en que proyectos esta metido tal artista que me gusta, en que exposición están mi grupo de amigos, dónde debe ser la extraña localización de tal fotógrafa, dónde han salido de fiesta este grupo, etc. El nerviosismo y agobio que crea ver a las personas haciendo cosas mientras tu estas mirandolos a ellos, ocuparía toda una reflexión a parte…

El hecho de que tales contenidos sean efímeros, que sólo duren 24h me parece también muy coherente con cómo funcionamos. Las imágenes que difundimos en la story no son imágenes que queramos guardar, es contenido importante para el momento presente pero que no vamos a recordar a largo plazo. Generamos tantas imágenes que generamos finalmente muy pocas que perduran.  La rapidez, la instantaneidad, la caducidad definen en definitiva esta plataforma.

En el campo del propio lenguaje fotográfico y fílmico me parece fascinante cómo se generan tendencias estéticas y temáticas especificas según la clase social, la generación, los intereses,  y el ámbito profesional al que uno pertenece.
Considero de mismo modo asombroso de que manera el formato vertical se haya impuesto desde las pantallas verticales en los móviles y cómo esta haciendo replantear todo el lenguaje visual en particular el fílmico. Al tomar una fotografía con tu aparato, puedes tomarla en horizontal pero a la hora de usar instagram stories por ejemplo, sabes perfectamente que debe ser en vertical, porque las personas que te siguen no se van a molestar en girar sus pantallas.

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De hecho, en la red se pueden encontrar cientos de articulos de dudosa rigurosidad hablando sobre el SVV, el Sindrome del Vídeo Vertical. Este apelativo nació en el canal de Glove and Boots en Youtube y se ha ido generalizando entre los internautas.

¿Voyeurismo generalizado?  

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perfil de @comebolsas en el que una persona residente en Barcelona publica vídeos cortos sobre sucesos singulares que observa por ciudades europeas

De hecho, todo esto viene porque me gustaría reflexionar sobre cierta corriente que se esta implantando en Instagram y en particular en Instagram stories. Desde su creación, más o menos, este tipo de fenómenos son difíciles de datar, hay usuarios, en los que me incluyo, que usan en parte la herramienta para captar y documentar escenas de la vida cotidiana ajena que les interpelan ya sea por su absurdidad, cómo por su singularidad. Gracias a que actualmente el móvil pase tan desapercibido y parezca inofensivo, comparado con una cámara reflex, se ha generado una especie de red enorme de voyeurs que disfrutan documentando no tanto su propia vida, si no la ajena. Desde perros con jersey, a abuelas mirando por el balcón, a looks extravagantes, etc. Existen ciertos perfiles que documentan siempre lo mismo a modo de statement o de serie.

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perfil de @cicudelic que retrata cómo su vecino sacude diariamente mantas, sábanas, edredones y cojines.

Además se ha empezado a implantar una estética instagram stories que al des-contextualizarla se sigue reconociendo. Dicha estética se caracteriza por el formato vertical, la baja resolución y los planos fijos, o con muy poco movimiento, acompañados de un zoom-in, si se trata de vídeo. Cuando explico a alguien sobre que hago el trabajo final de grado, por ejemplo, lo relacionan directamente con instagram stories a pesar de que yo no lo haya nombrado ni haya enseñado ninguna fotografía.

Me gusta creer que esta práctica está generando un mayor atención a lo que nos rodea y una inmortalización directa de elementos poéticos en nuestro entorno.
¡Qué pena que se borre en 24 h! Aunque, también es cierto que intentar inventariarlo es un fracaso asegurado. En su totalidad, la vida cotidiana es inabarcable. Además, lo que me interpela a mi, puede no decirle nada a otro y viceversa.

Es igualmente interesante verlo desde otra perspectiva. Estos voyeurs, robando privacidad allá dónde van, construyen su personalidad y la visión que quieren dar a través de otras personas que ni siquiera conocen, que forman parte de otro circulo y que son ajenas a lo que esta pasando. Es un mecanismo de naturaleza distinta al de hacerse un selfie, pero con una función parecida: llamar la atención, destacar y distinguirse de la masa.

Existe una página de Facebook, que capta también elementos singulares/poéticos/absurdos de la vida cotidiana deshaciendose de esa autoría que quizá molesta en el instagram stories. Se trata de la página argentina de La gente anda diciendo. En ella, usuarios anónimos mandan frases y conversaciones que oyen por la calle, en el autobús, etc. Se genera en este caso una especie de red de oreyeurs.

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Torrente veloz y caduco.

Volviendo a Instagram Stories, es finalmente el ejemplo perfecto para entender cual es la relación actual entre la sociedad, concretamente las jóvenes generaciones, y las imágenes que se consumen: Un torrente sin límite que abruma, que no se puede dejar de mirar, que emociona por su sensualidad y que caduca en 24 horas.

Emociones y vivencias en latas de conserva que realmente no interesan pero que uno no puede dejar de mirar por miedo a perderse algo.

Asimismo, la velocidad y la masividad implica una corriente de modas y temáticas de que fotografiar y cómo hacerlo difícil de cuantificar. La red de voyeurs es una moda relevante en el pequeño circulo de contenido que yo manejo, pero existen infinitas tendencias que una vez creadas, repetidas, instauradas, desaparecerán en 24 h.


notas:

  MOLINA, Víctor. Carta breve para mirar a los actores (al modo de Jean du Chas). Querido público : el espectador ante la participacion: jugadores, usuarios, prosumers y fans / coord. por Ignasi Duarte, Roger Bernat, 2009. págs. 9-37

 KUBRICK, Stanley. A Clockwork Orange [DVD]. 1971.

 FOMO es un miedo social que siempre ha existido: la exclusión, el saber que tus colegas van a algo o tienen algo mejor que tú. Pero gracias a los smartphones y a la ubicuidad e instantaneidad de las redes sociales, ese miedo se ha convertido en un acompañante habitual.

KNAPP, Alberto. FOMO: El miedo a perderse algo (Fear of Missing Out). El País [en línia]. 2012, [consultado: 3 de mayo 2017].

 Oreyeur: Neologismo acuñado por Andreu Buenafuente en el programa de radio de cadena SER Nadie Sabe Nada, co-presentado con Berto Romero. Oreyeur quiere significar aquella persona que escucha en espacios públicos conversaciones ajenas. 

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