De nuestro coño a vuestra pornografía patriarcal

Por Gemma Sainz, Berta Nieto y Mireia González.

El colectivo feminista FEMEN, publicó su Manifiesto en 2015 en el que defienden que hay tres pilares que combatir; las dictaduras, la industria del sexo y la religión, poniendo así los tres conceptos dentro de un mismo nivel en cuanto a la opresión a las mujeres. Sin embargo, son muchas las feministas que han luchado por los derechos de las prostitutas, así como las que han trabajado en relación a la pornografía. Por ejemplo, la francesa Virginie Despentes, novelista y directora de cine, se ha definido siempre como feminista y, al mismo tiempo, ha hablado libremente de una etapa de su vida en la que trabajó como prostituta. En su libro la Teoría King Kong, publicado el año 2006, Despentes explica parte de su experiencia dentro del mundo de la prostitución; lo hizo por voluntad propia, ganó dinero y no se arrepiente. Critica, al mismo tiempo, como se hace responsable a la pornografía de las violaciones y los abusos, defendiendo que la explotación de la mujer ha existido antes que la pornografía, por lo que, filmar el sexo, no puede ser motivo de ello. Ha colaborado también con trabajadoras del ámbito pornográfico, sin ir más lejos, en su primera película Fóllame, una de las protagonistas fue la actriz porno francesa Karen Lancaume. Despentes explica también en el mismo libro, como la participación de esta actriz despertó críticas por parte tanto de hombres como de mujeres (feministas, o no), explicando que, incluso cuando la actriz hacía declaraciones a la prensa, los periodistas (otra vez, feministas, o no), le atribuían las palabras a ella en las publicaciones escritas. La feminista francesa defiende que, de esta forma, se creaba una invisibilidad de la actriz, se la convertía así en sujeto pasivo.

En ambos casos, tanto Virginie Despentes como  el colectivo FEMEN, se definen claramente como feministas, pero se posicionan en posiciones opuestas o muy distantes. La diferencia principal entre las dos es el contexto en el que enmarcan o han vivido la prostitución o la pornografía. Mientras la francesa Despentes ejerció de prostituta por voluntad propia, FEMEN comprende sus inicios debajo del eslogan “Ucrania no es un burdel”, refiriéndose al turismo sexual del país o la venta de mujeres explotadas, sea como prostitutas, como novias a la venta o por fines pornográficos. Se olvidaron así de las prostitutas y actrices porno que ganan suficiente dinero como para considerarse de clase alta y que están lejos de ser explotadas, ¿a ellas también hay que prohibirles trabajar de lo que trabajan aunque ganen más dinero que muchos hombres? ¿No pueden las prostitutas o actrices porno ser feministas también?

El debate entre las feministas prosexo i antisexo lleva abierto desde los años 80, en donde tuvo gran impacto en los Estados Unidos: lo que se llamó ‹‹guerras feministas del sexo››; en el cual aparecen las feministas antisexo.  Catherine Mackinnon y Andrea Dowrkin, portavoces de un feminismo antisexo, van a utilizar como modelo para explicar la opresión política y sexual de las mujeres. Bajo el eslogan de Robin Morgan ‹‹la pornografía es la teoría, la violación la práctica›› condenan la representación de la sexualidad femenina llevada a cabo por los medios de comunicación como una forma de promoción de la violencia de género, de la sumisión sexual y de la política de las mujeres, y abogan por la abolición total de la pornografía y la prostitución”  

Mientras las activistas porno (antisexo) cogían un rol dictatorial al querer prohibir la pornografía, por el contrario, muchas feministas empiezan a defender la pornografía y la libertad del cuerpo femenino como parte de la liberación de la mujer. Este otro modelo de feministas procuran empoderarse del porno como medio de exploración de la expresión de libertad.Obviamente, no quiere decir esto que estén a favor de la explotación sexual en todos sus ámbitos.  En los años 80, cuando el movimiento queer, término que se empezó a utilitzar en el siglo XVIII para expresar la desviación de la norma, lo diferente que hace falta apartar porque se situaba en los márgenes de lo socialmente aceptado, coge fuerza, comienza a proliferar paralelamente el movimiento artístico que toma el nombre de postporno. Este movimiento surge a mediados de los años 80 en los Estados Unidos y principios de los años 90 en el Estado Español, dentro del movimiento queer y transfeminista. Se trata de un movimiento artístico que intenta revolucionar el concepto de la pornografía a través de lecturas feministas i postestructuralistas, cuestiona el concepto de la pornografía. Pero en cambio de optar por un método dictatorial usado por las activistas antisexo, como es la censura, prefiere hacer suya la pornografía para crear nuevos diálogos entre el porno, el feminismo y postestructuralismo, repudiando la pornografía convencional. Aparte consideran las feministas antisexo a través de la censura “devuelven al Estado el poder de regular la representación de la sexualidad”. El sexo, de esta forma, no puede estar en manos de una censura, sea por parte del Estado o por parte de las propias feministas, ya que, estaríamos otra vez ejerciendo un control sobre las prácticas sexuales.

En el primer manifiesto postporno, se manifestaban diversas cuestiones, a continuación expondremos algunos puntos:

  • Reconocemos nuestra dualidad pornográfica, la de la perversidad y la del placer.
  • Sabemos que la sexualidad o el sexo son sumamente políticos y, como tal, negocio y mercancía que intenta controlar la subversión del cuerpo.
  • No pretendemos decirle a cada uno lo que significa vivir sus propias emociones, sino que queremos re-interpretar y de-construir lo que se nos impone de una manera obsesiva: el discurso del sexo manido, represor y deprimente.
  • Sí al cuerpo desnudo como herramienta de lucha y placer. Sí a la gente Valiente capaz de buscar las entrañas a nuestros deseos sin provocar paranoia ni política de la sospecha.
  • Sin ser políticamente correctos, queremos volver a la reivindicación punk más elemental: el convencionalismo es opresión.

Annie Sprinkle es considerada de las primeras precursoras del post-porno, prostituta y activo porno, realiza performances que giran alrededor de la desmitificación de los genitales sexuales, ofreciendo a los participantes que Annie Sprinkle es considerada de las primeras precursoras del post-porno, prostituta y activo porno, realiza performances que giran alrededor de la desmitificación de los genitales sexuales, ofreciendo a los participantes una nueva mirada de la pornografía, integrando en ellas minorías sexuales y colectivos hasta ahora invisibles. No busca estigmatizar qué prácticas son las adecuadas y cuáles quedan fuera. Busca representar con naturalidad la sexualidad, optando por un discurso inclusivo en cuanto a prácticas, fantasías, etc. Huye de la sexualidad estereotipada y homogénea, deja rienda suelta a la imaginación y no juzga los roles de cada uno de los participantes ni de los espectadores. No crea ni delimita una normalidad sexual, abre nuevas posibilidades, explorando i creando una o varias prácticas. La sexualidad es como las lenguas, todos podemos aprender varias” dijo Paul B. Preciado cuando en el 2003 organizó la Maratón Postporno en el Macba de Barcelona.

Diana Torres, más conocida como la pornoterrorista, es otra activista queer, perfomer del postporno, inventó este concepto inspirado en el movimiento queer, en el postporno y en la rabia y la necesidad de expresar ideas inexpresables con códigos de la sociedad. Siendo una caja de herramientas de activismo multidisciplinario en el que se encuentran prácticas artísticas y géneros políticos: poesía, ensayo, acción directa, talleres, vídeos, activismo a través de internet… aunque el concepto está arraigado a la performance y al sponken-word.

“El pornoterrorismo es un modo privilegiado de hablar el lenguaje del deseo, de lamer la superficie rugosa del sexo y de romper el engranaje del circuito excitación-frustración, el dispositivo que reactualiza con más fuerza cada vez nuestra asignación biopolítica. El pornoterrorismo es una forma de insurgencia, divergencia, contra hegemonía, subversión, una insurrección sexual, y una objeción de género.”

Diana Torres, blog pornoterrorista

Si entendemos el porno como un mecanismo más de exploración de la propia sexualidad, y que la sexualidad es una base fundamental de la identidad personal, parece una animalada vincular la pornografía con la cultura de violación. La prohibición de la pornografía no impedirá que se extingan los casos de violación, el problema recae en la sociedad patriarcal en la que vivimos. Cuando la pornografía coge una posición política y social, la sexualidad se despierta de forma sana. El prono convencional crea cánones establecidos en las prácticas sexuales, normalizando situaciones y estigmatizando otros. Aparte el porno convencional o de gran mercado tiene una herencia patriarcal, que en cierta forma dictamina maneras de actuar y deja muy poco margen dar rienda suelta de la propia sexualidad. El post-porno hace una búsqueda de sexualidad no politizada, donde no mostrará situaciones cliché ni normalizadas. Está dirigida a cualquier colectivo o incluso aquella gente que no se siente parte de ninguno. La reversión de la pornografía convencional parece una herramienta mucho más eficaz que la censura. La pornografía siempre ha ido ligada a la propia sexualidad. Si estos mecanismos han estado juntos desde los principios de los tiempos, erradicar una parte parece desnaturalizar la sexualidad sana.

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