Fanatismo Animal

Por Juan Escribano Tamayo

“Cuando me enteré que se separaban, se lo dije, me iba a suicidar. Estuve noches sin dormir, con valerianas y valiums, lo pase muy mal. Supongo que como los pasamos todas las fans”

Con estas declaraciones intervino en 1996 una de las miles presentes adolescentes para hablar de la situación que estaban viviendo. Fue en el aeropuerto de Madrid. El grupo musical Take That había anunciado su separación días antes y aunque ya disueltos y cada uno por su lado debían ir a Madrid a promocionar su último disco. Sus seguidoras, conscientes de que sería la última vez que los iban a ver juntos se plantaron en el aeropuerto para recibirlos. Pero estos nunca aparecieron y dejaron a unas chicas con una media de 15 años abandonas en el aeropuerto decididas a hacer cualquier cosa por tal de ver a sus ídolos.

Cuando les anunciaron que los Take That no iban a aparecer, como era de esperar, las chicas no se dieron por vencidas. Estaban incontrolable, fuera de sí. Habían faltado a sus clases, se habían escapado de sus casas a escondidas de sus padres, se habían marcado las iniciales de sus ídolos con  sus cutters… Juraban suicidarse si aquellas sino aparecían, lloraban, sentimientos de odio y amor hacia unas personas que en realidad no conocían pero que sin embargo, inconscientes de sus palabras, estaban dispuestas a darlo todo por ellos. Y cuando decimos todo es: todo. Bienvenidos al fenómeno fan en estado puro.

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Ese monstruo hembra y quejumbroso. Con estas duras palabras nos define el fanatismo Michel Tourier. Así de claro hace referencia a esa multitud, que vacía e incomprensible desde fuera, puede que tenga todo un sentido lógico, al cual Manuel Delgado en su artículo “Hordas espectadoras. Fans, hooligans y otras formas de audiencia en turba” nos intenta introducir y buscar una posible explicación a esta forma de actuar.  

En su artículo, el antropólogo y profesor catalán, comienza hablándonos del público. Uno de los primeros en darle un concepto a esta palabra fue Jürgen Habermas, el cual los define como una agrupación social constituida por individuos supuestamente libres e iguales, que evalúan aquello que se expone a juicio. Esta audiencia convertida en horda (grupo de gente que obra sin disciplina y en ciertos casos con violencia) se nos aparece bajo la figura del o de la fan o del o de la hooligan.

El fan se asocia con aquel o aquella a quienes una creencia enfervorizada, una convicción fiera o una adhesión entusiasta les ciega hasta hacerlos incapaces de autocontrol. Según Gustave Le Bon estas multitudes son por doquier femeninas, ya que cargan con una sumisión tradicional relacionada con connotaciones religiosas en la mayoría de los casos.

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Pero ¿Qué lógica, si es que la tiene, hay detrás de todo esto? ¿Cómo se explican algunos casos incontrolables y fuera de control de algunas personas que forman parte de un público que está dispuesto a darlo todo? ¿Darlo todo es dar la vida? ¿Hasta qué punto de éxtasis llega el espectador excitado para entregarse de esa forma?

En su búsqueda “lógica” a todo este fenómeno, Delgado concluye con que puede que estos se escapen de una ética, que al final siempre irán a la suya. Que a pesar de no tener cabeza siempre cuentan con un cabecilla, que posiblemente su falta de comprensión sea secretamente lógica, que sean una forma superior de racionalidad, oscura pero lúcida a la vez, más allá de lo moral.

Los fans han de existir. Son parte del material a exponer, aunque seamos nosotros mismos. Son esa parte espectadora que no te va a criticar, que hagas lo hagas te aplaudirán, darán la vida por ti y todo lo que le pidas. Están orgullosos de serlo y por mucho en que te empeñes en escapar siempre estarán ahí, cuál Agrado de la película Todo sobre mi madre en el momento que conoce a la actriz Uma, que sin pelos en la lengua, orgullosa y directa le suelta el mítico “Soy Fans”.

Quizás los fans, personas normales y corrientes, que en determinados eventos se ponen el disfraz y dejan salir la bestia que llevan dentro terminen siendo las personas mas reales con las que nos podamos cruzar jamás. El instinto primitivo, el gritar y entregarte en cuerpo y alma junto a una masa hacia algo o alguien, de una forma incontrolada y a veces incomprensible. Pero quizás en la incomprensión este la lógica del fan. Porque no todo tiene que ser comprendido, porque una acción que nace del instinto, del daria mi vida en este momento, personalmente creo que hoy más que nunca debe ser aplaudida. Porque por mucho que muchos se esfuerzan en conseguirlo, no somos ni seremos teoría, que ese instinto natural, improvisado y primitivo sigue siendo parte de nosotros. Y que envidia que algunos puedan seguir viviéndolo.  

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Bibliografía

“Hordas espectadores. Fans, hooligans y otras formas de audiencia en turba”. Manuel Delgado “Querido público” Cendeac, 2004.

“Las frases de las fans de Take That en el aeropuerto”. Claudio M. de Prado. Vanity Fair, 2016.

Imagen 1: Fans esperando en el aeropuerto. Youtube (1996)

Imagen 2: Fotogramas película Female Trouble, John Waters (1974)

Imagen 3: Fotograma película Todo sobre mi madre, Pedro Almodovar (1999)

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