“Pregnancia: ¡Karol!, la ves una vez y no te olvidas nunca”

 

Diez años homenajeando las “Santas Amas” domésticas con Karol Bergeret.

Por Mireia González y Rosa Sánchez

 

Nos colamos en la fiesta de cumpleaños de Karol Bergeret que tiene lugar en su taller situado en el Raval de Barcelona. Sus amigos salen a la calle concediéndonos una intimidad que agradecemos para poder llevar a cabo esta entrevista. Ella nos invita a ponernos cómodas y quedarnos después a tomar una copa. ¿Quién rechaza una oferta así?

Karol Bergeret estudió diseño industrial, pero a lo largo de los años ha combinado varias disciplinas artísticas. Recientemente ha recogido en una exposición los diez años de su proyecto “Amas Santas de Casa”. Son esculturas realizadas a partir de objetos encontrados del entorno doméstico elevando como heroínas a las mujeres que desempeñaron ese rol.

 

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Del taller de un pintor hasta una mesa con ordenador, un espacio compartido que favorece la interacción o directamente la calle, hay una gran variedad de opciones actualmente. Quisiéramos saber qué te impulsa a crear el Taller de Ideas[1], paso previo a estos diez años.

Quedé un poco decepcionada de la carrera, a pesar de ser una profesión que yo había elegido por la creatividad, resultó que el diseño industrial es bastante encorsetado en muchos aspectos de manera que para hacer todas esas cosas que yo quería hacer empecé trabajar con fotógrafos y con gente que se dedicaba a la moda hasta que se presentó en el 2001 la posibilidad de compartir un espacio con una amiga y así surgió el primer Taller de Ideas que era un lugar donde las ideas se hacían realidad.

Personalmente creo que es importante tener un sitio, un laboratorio, un lugar donde ejecutar las ideas, donde hacer que ocurran. Aunque también es un sitio donde se crean síndromes de Diógenes como podéis ver – asevera con una sonora carcajada señalando a su alrededor.

¿Cómo transitas del diseño al arte?

Yo tengo que decir que a mí me asalta el proyecto, yo me tuve que acostumbrar a ser artista. Cuando estudiaba diseño industrial me llamaban la artistilla. En realidad eso te lo dicen en un tono un poco despectivo. Así que cuando invité al taller a mi amigo y referente desde que le conocí, Miguel Guri de Costuras Escénicas, le presenté mi nueva colección de lámparas. “Esto no son lámparas, son esculturas iluminadas, esto es arte, ya te puedes empezar a acostumbrar”, me espetó.

“Santas Amas de Casa, especie en extinción”, proyecto de escultura sobre tablas de planchar, es tu obra más conocida con una trayectoria de diez años. ¿Cómo surge la idea?

El proyecto surge a raíz de las obras en este local que adquirí para trasladar el Taller de Ideas. Yo voy recogiendo tablas de planchar para hacer estanterías o algo similar. Acabaron las obras mayores y ya tenía cada planta su función, cuando las saqué de un agujero. Al colocarlas una al lado de la otra, todas diferentes pensé en hacer un homenaje a las labores domésticas de hoy en día, algo así como unos santos domésticos. En el momento de pintarlos y asemejar mujeres nació la idea del homenaje a las amas de casa sobre el soporte donde habían estado ahí plancha que te plancha. Al principio me quedaban tan feas que me fui de viaje una semana a pensar la formalización. Como diseñadora industrial he sido siempre fetichista de los materiales, los textiles por ejemplo, así que me propuse pegar elementos. Van siendo como fases de una idea.

En este proyecto hay obras hechas y otras que espero hacer algún día. Cada una llega cuando tiene que llegar y depende también de esos objetos que aparecen. Las ideas necesitan de los materiales y los materiales necesitan de las ideas. Y ambos de los lugares, creo que es un juego de ajedrez.

Ese recurso tuyo de la reutilización de objetos ¿te lo planteas desde el ecologismo o es un recurso más para crear micro-relatos ?

 Sí, es cierto que como diseñadora industrial critico la tendencia consumista que impulsa a rediseñar cosas que ya no harían ni falta de manera que el mundo sale perjudicado. Pero no es que yo esté favor de la ecología a la hora de crear sino que los objetos encontrados son parte de mi entorno, son arqueológicos, explican cosas y se convierten en los contadores de la historia de ciertas mujeres.

Las Amas se han convertido en algo más que un reconocimiento a unas mujeres, han generado cierta polémica al evidenciar las bases del patriarcado.

Yo no era consciente de muchas cosas que hacía. Me di cuenta de que era feminista después de conocer a la gente de Ca la dona. Mi madre es arquitecta, ella y mi padre siempre han compartido las cosas de la casa, siempre han tenido su lugar, nunca he sentido que fuera uno más y otro menos. Entre las madres de mis compañera de clase sí que había amas de casa. De pronto una cosa que para mí era normal, se visibiliza como algo que no había sido tan común y que en realidad había mucha más desigualdad. Cobra importancia para mi la existencia de colectivos de mujeres feministas porque han conseguido con su lucha que nosotras ahora estemos muy poco preocupadas de según qué cosas aunque queden otras por hacer.

¿Has vivido tú misma alguna experiencia de desigualdad?

Sí, a nivel laboral. Cuando hice las prácticas en la Rücker Ibérica, empresa del sector de la automoción, no podía entrar en el departamento de maquetismo por ser mujer, a pesar de haber hecho maquetas desde pequeña. “No sabéis las manicas que tengo”, les decía. Para mí fue curioso darme cuenta del valor que se estaban perdiendo al considerarme inferior.

¿Cómo va cambiando tu intención al volcar todas esas experiencias y reflexiones en tu actividad?

Tengo un trabajo reivindicativo que yo en realidad no quiero tratar desde el ataque o la violencia. Más bien me propongo, desde la ironía o desde el cariño, facilitar que la gente se plantee cuestiones, que hable. ¡Eso es lo que me divierte!

Me pareció chulísimo ese momento de conexión con la gente cuando presento por primera vez las Amas en Talleres Abiertos. Hubo incluso hombres que me empezaron a explicar anécdotas sobre sus madres, sus mujeres o que ellos también hacían las cosas de la casa.

¿Cómo se relacionan para ti estética y concepto?

En referencia a eso, debo decir que tengo una cierta actitud crítica respecto al arte conceptual. Pienso que a veces es una paja mental del artista que pasa del público. Por muy interesante que sea su discurso, si éste no me llega, entramos en una paradoja ya que estamos en la era de la comunicación – asevera con retintín.

En cualquier caso, lo que he conseguido sin duda con las Amas es, como dijo mi profesor de historia del arte y del diseño contemporáneos “Pregnancia: Karol. La ves una vez y no te olvidas nunca”. Para mí el arte debe emocionar, de entrada.

¿Qué otros problemas te ha planteado la actividad artística a lo largo de estos 10 años?

Lo más difícil aquí en realidad es ganar dinero, vender, cobrar. Aunque en Barcelona hay bastantes oportunidades para exponer proyectos, no te pagan nunca. Hay que combinarlo con otras cosas para subsistir, en mi caso con el montaje de exposiciones. Me encanta porque tiene que ver con el arte pero también con los espacios, otro de mis puntos fuertes. Arquitectura, diseño industrial, iluminación, arte, son entornos que comparten puntos en común como el hecho de que hay cosas que se presentan y gente que las ve o interactúa con ellas.

ArtFAD y FemArt son dos premios que sirvieron de plataforma para difundir y ampliar tu proyecto. A parte del reconocimiento que un premio conlleva, ¿qué más implicaciones han tenido?

FemArt, muestra de arte organizada desde Ca la Dona, me concedió una beca de producción que me permitió completar el proyecto con más piezas. Primero me presenté como artista y ahora soy montadora de la expo, de la misma manera que en el caso de DrapArt, festival de reciclaje artístico de Barcelona desde hace 21años y otra de las plataformas que han impulsado mi carrera. Participo desde el 2006, pero desde hace dos semanas como ayudante de dirección. Necesitaban una persona más para gestionar el aumento de proyectos. Pasado mañana me voy a montar el Drapart en Uruguay y a presentarlo en Buenos Aires para ver si hay itinerancia y continuidad. Drapart es una de las plataformas que me ha dado oportunidades de exponer y de conocer a gente que está en el mundo del arte y la cultura pero desde un lugar bastante alternativo.

Los invitados se han ido aglomerando en la puerta del taller. Aumenta el volumen del barullo, señal inequívoca para finalizar nuestra entrevista. Con una copa en mano y una alegría desbordante Karol Bergeret sentencia: “¡Voy a empezar mi fiesta!

 

[1] http://tallerdeideas.info/

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