(2ª parte) BeAnotherLab: “Un laboratorio distribuido, itinerante”

Darius Bogdanowicz

 

Dancing on the Feet – Embodied Dance Investigation with The Machine to Be Another from BeAnotherLab on Vimeo.

DB. Ganasteis la Hackaton de MindCet, un centro israelí de innovación en tecnologías educacionales. ¿Hasta qué punto crees que hay un potencial educativo en las herramientas de realidad virtual o de tele-presencia? ¿Serías capaz de imaginar unas aulas que las usaran?

BAL. Es un tema que debatimos. Vivimos muy activamente esta paradoja entre querer utilizar la tecnología para regresar a algo más humano, y al mismo tiempo hay algo en la tecnología que vemos dañino, que no nos termina de fascinar. Nace en un contexto de explotación humana, dónde la mayoría de recursos para el desarrollo vienen de la industria militar. En definitiva, que nace en una sociedad de consumo masivo. Y al mismo tiempo nacimos en este mundo, nos gustan estos gadgets, son nuestro pincel.

Es una incongruencia que vivimos diariamente, que nos cuesta trabajo entender, y que se extrapola a la educación: No debería de ser necesario una máquina de ser otro, deberías simplemente tratar de intimar con el otro y tendrías unos resultados quizás tan buenos. Y al mismo tiempo sí que hay algunas cosas que nos da la tecnología y es una realidad del siglo XXI.

El Hackaton de MindCet fue una experiencia muy grata. Fuimos el único proyecto enfocado en dar una educación emocional, y lo grato no fue que fuimos los únicos, sino que los niños, que son los jurados, votaron a este proyecto por unanimidad. De alguna manera cambia el paradigma. No está en las prioridades del Estado, y menos del Estado israelí, en absoluto, el tener una educación de empatía; y en cambio los niños de esa sociedad lo ven necesario y fundamental.

A los niños no se les da voz ni voto. Esto nos llevó a una conversación con el colectivo, en cómo del mismo modo en que buena parte del siglo XX  se dio cómo una lucha del movimiento feminista por el derecho de la mujer a votar en las democracias del mundo (entre otras atrocidades que empiezan a cambiar), ahora escuchando esta propuesta de los niños, dándonos a todos una cachetada, un ‘¿en qué estabais pensando?’, nos preguntamos porqué no se le da más lugar a los niños en la toma de decisiones políticas, y se nos ocurrió un proyecto con la Máquina de Ser Otro.

Lo hicimos hace poco aquí en México, en el norte, en medio del llamado triángulo dorado, una de las zonas más fuertes del cartel de Sinaloa, una comunidad de mucha violencia, en la que hay opción de dedicarse o a la minería o al narcotráfico. Trabajamos con niños de ocho a diez años, hicimos una  serie de talleres en los que hacían dibujos y decoraciones, tratando de enseñarnos cómo querían ellos ver su comunidad. La idea era transmitir eso a la gente poderosa de esa comunidad, la que toma las decisiones políticas, a través de la Máquina de Ser Otro, tratando de empatizar esta perspectiva como una propia.

Me parece que hay un valor muy grande de educación, por ejemplo, para comprender a los miembros de tu comunidad y las diferentes perspectivas que existen. De nuevo, no debería de ser necesario una Máquina de Ser Otro, pero ha servido como una herramienta para llegar a lugares que de otra manera quizás no hubiera sido escuchado. Quizás no hubiera habido escucha si hubiésemos propuesto un taller de meditación y yoga, dónde todos nos amamos y somos hippies. Quizás la etiqueta es diferente al usar tecnología de vanguardia. No sé si los resultados hubieran sido distintos, quizás incluso hubieran podido ser mejores.

Sí que encontramos que hay una disposición diferente en la sociedad al usar tecnología, y que  es importante darle un giro a la tecnología hacia lo emocional, hacia la experiencia corpórea, somática. Para nosotros es un privilegio tener esa imagen pública, esa proyección que tenemos, para poder traer ese tipo de preguntas a contextos dónde la tecnología no se ve de forma crítica. Mucha gente que desarrolla tecnología, en Estados Unidos por ejemplo, no lo ve de forma crítica, la dan por echa. Su interés es el desarrollo por el desarrollo en sí, y encontramos que estar ahí es importante por esas razones.

Creo que a nivel educativo en un futuro plausible, sería interesante que los niños pudieran ver lo que es ser un ama de casa, alguien que recoge la basura de las calles, un político. Poder tener esa expansión de posibilidades, y vivirlas desde un lugar íntimo y personal, y creo que sí podría ser valioso en un futuro. Sí creo que está bien el uso de la tecnología, soy creyente de que la tecnología puede ser buena, pero hay que ser cuidadosos con su uso y tendemos a ser muy unilateral. Pensamos que por el simple hecho de ser tecnología es mejor y no creemos en los sistemas educativos convencionales. Sí creo que puede haber un cambio aportado por la tecnología, pero no cómo se usa hoy día. Por ejemplo, la educación a distancia, en mi experiencia no es más beneficiosa para nada. Quizás sí porque abarca a una población mayor, pero no sustituye la interacción con un grupo social; salir de clase y hablar con tu colega de un tema apasionadamente. Eso es mucho más instructivo que ver una clase en Youtube.

DB. En otra entrevista para Versions, tomáis un tono diferente al habitual. Titulada We should be talking about Torture in Virtual Reality, deja entender que la realidad virtual puede usarse, con protocolos similares a los vuestros, para producir dolor y terror en el individuo, en vez de empatía. Habla de cómo, seguramente, servicios militares ya la estén usando para practicar tortura, o no les quede mucho tiempo. Esta doble cara de la misma moneda me recuerda a una frase que escuché: ‘Un cuchillo también es tecnología. Si te doy un cuchillo, tienes dos opciones: A, matarme. B, construir una casa, cocinar y compartir la comida.’ ‘En cuanto a la realidad virtual y otras tecnologías que se están implantando, ¿En qué punto crees que estamos? ¿Es más realista ser optimista o pesimista con lo que ha de venir?’

BAL. La tecnología es un mundo muy basto. Hay potencialmente buenas iniciativas de la biotecnología así cómo hay potencialmente terribles iniciativas. En términos de eco-tecnología, por ejemplo, creo que hay ideas que podrían traer cosas buenas a la humanidad.

Pero en general no es positivo, está de alguna forma fomentando un narcisismo en los individuos de la sociedad, hay mucha menos comunidad. Que Facebook se plantea, por ejemplo, cómo herramienta para construir comunidad, no lo veo tan claro. Cada vez vivimos en un mundo más individualista y me parece de las cosas más terribles que pueda pasarle a la humanidad. El siglo XXI será el siglo más individualista qué ha habido en la humanidad. Incluso en países que se han definido cómo ‘no individualistas’, que son los más poblados del mundo, se están convirtiendo en sociedades sumamente individualistas.

DB. ¿A qué países te refieres?

BAL. India por ejemplo, incluso México que no es de los países más poblados del mundo. Hay estudios y experimentos, desde artistas hasta educadores sociales. Hace diez años lo más importante para un niño de doce era la familia. Hoy en día definitivamente no. No es que necesariamente sea la familia lo que tenemos que fomentar, pero sí creo que hay una búsqueda del éxito personal y profesional que es muy individual. Está ahí esa transición. Eso en general, luego creo que existen las contrapartes. Pero no, en general no es positivo. El consumidor promedio de tecnología no es crítico. Yo soy crítico pero incongruente, sigo consumiendo y me gusta, y me gusta tener mi ordenador guapo y todo eso.

No sé que va a pasar, qué va a tener que pasar. Hay una explotación de recursos no renovables y de explotación humana para extraerlos inmensa. Lo que es quizás menos positivo de la tecnología es el sistema capitalista: apropiarse, beneficiarse, sin que importe el impacto global que tiene en los individuos menos privilegiados.

DB. ’¿Aún es posible creer en una ciberutopía? ¿Estáis observando la cara positiva de la moneda, quizás en proyectos que trabajen en una línea similar a la vuestra?

BAL. Yo no creo que esa utopía vaya a existir en el mundo digital. No sé a que nos referimos con ciber. Yo soy seguidor de la cibernética, de los sistemas distribuidos, y creo que pueden existir sistemas políticos desde una visión más cibernética que una centralizada. Creo que pueden funcionar bien, pero no creo que el mundo digital vaya a ser el que nos de la ciberutopía. Incluso pensaría que algunos sistemas químicos podrían ser más trascendentes.

Tampoco creo que la realidad virtual vaya a ser el fenómeno que se cree que va a ser. Yo soy escéptico, pero no es la posición común. Creo que otra vez va a haber una oleada, un crecimiento, y después se va a apagar. Van a seguir habiendo consumidores, gamers, etcétera; pero no creo que vaya a ser la población promedio la que lo va a consumir.

Van a venir cosas interesantes después de esta primera ola, en un segundo auge de la realidad virtual. Ya cuando empiece a disipar, y haya gente que quiera hacer y experimentar. La hay ahora, pero me refiere a cuando se haga desde otra posición, no tanto con la ansiedad de ser la próxima killer app de la realidad virtual, por qué es el movimiento de interés y es la mina de oro y todos tenemos que hacer y producir; sino que cuando haya un poco de tiempo de juego y experimentación propositiva.  Van a haber cosas más interesantes, pero no creo que el mundo digital vaya a generar una ciberutopía. Lo veo más probable en otras tecnologías, tanto químicas, o eco-tecnologías que permitan aprovechar más recursos. Y bueno, con químicos quiero decir incluso investigación con psicotrópicos, a partir de nuevas legislaciones al respecto, que puedan tener efectos terapéuticos y permitan ser más aceptados por la sociedad. El problema, otra vez, es que va a estar centralizado en las farmacéuticas.

DB. Regresando a BeAnotherLab. Es un proyecto de investigación a largo plazo. ¿Se puede saber alguna idea de futuro? ¿Algún proyecto? ¿Por dónde van los tiros?

BAL. Es muy extenso, pero creo que queremos tener un enfoque más social. Ahora estamos trabajando con refugiados, por ejemplo, en Europa, este verano; tratando de promover más inclusión de ellos en la sociedad. Hacer más trabajo social y científico, y buscar tener una validación de nuestro trabajo desde un marco científico. Pero al final hay un montón de aplicaciones, nos gusta el arte, y y estamos teniendo nuevas ideas y nuevas obras que queremos desarrollar. Pero un enfoque social más que nada.

También tenemos un proyecto de investigación con varias universidades para estimular la imaginación. Nos buscaron a nosotros para desarrollar unas experiencias más cercanas al storytelling. A nosotros nos vino bien porque queríamos explorar este medio, y aprovechamos esa oportunidad para hacerlo. Teníamos ganas de jugar. Es storytelling en realidad virtual, pero dónde se le da un lugar al cuerpo, no dónde eres corpóreo y puedes ver a todos lados, sino dónde tienes un cuerpo y la retroalimentación táctil, que creemos es bastante fuerte.

Tenemos un montón, en educación también. Tenemos un proyecto de educación, un programa para educación compasiva y empatía para niños. Tenemos muchísimo, pero es tan extenso que me cuesta retenerlos. Tenemos colaboraciones con más de diez universidades, y estamos cerca de las cuarenta colaboraciones alrededor del mundo. Es mucho.

Se acaba de generar un nodo en Berlín de BeAnotherLab. Teníamos colaboradores, asociados, y ahora tenemos nodos. Hay un BeAnotherLab Berlín que es hasta cierto nivel autónomo, tiene su propia toma de decisiones. Siguen algunos parámetros que exigimos para ser parte de BeAnotherLab, que son estructuras no jerárquicas, y una serie de cosas. Quizás se construyan más, yo estoy viendo la posibilidad de hacer uno aquí en México, y expandir nuestro trabajo.

Al mismo tiempo estamos en una constante crisis, supongo. Es interesante, pero a veces, al tratar de generar estos nuevos modelos de trabajo, por un lado no son tan sustentables económicamente, y por otro nos hacen hacer un sacrificio muy grande para continuar el proyecto. Pero queremos mantener estas nuevas y distintas estructuras. Hay un choque y una renovación constante.

DB. Una última pregunta: ¿Tomáis voluntarios para BeAnotherLab?¿Qué hay que hacer para serlo?

BAL. Nos gustaría tomar, pero ha habido etapas en las que hemos tenido demasiadas. Incluso en CCCB, no sé si te tocó, pero era difícil gestionar el número de gente que quieren probar. Siempre que instalamos la máquina, en cualquier contexto, hay mucha más gente de la que podemos acomodar. Siempre nos desvivimos, entregando la mejor experiencia a todos, al punto que no es sano para nosotros. Es importante poner límites. Sí que nos gusta colaborar, que vengan voluntarios, pero lo que buscamos es que vengan con una propuesta más concreta, y ver si podemos acomodarlos dentro de una de las tantas cosas que hacemos.

Nos escriben de todo el mundo. De pronto, alguien de Polonia nos escribe que quiere participar en uno de los experimentos y es difícil mantener y darle seguimiento a esa conversación. Pero bueno, nos gusta, nos gustaría encontrar un modelo que nos funcione mejor. En muchos casos, sí ha sido así, gente que nos escribe y coincide con que justo estamos buscando hacer eso, y los involucramos para un proyecto específico. Que se aproxime la gente y vemos si se puede, y bienvenidos a que sean insistentes, y que nos digan cosas concretas de lo que les gustaría.

El asunto es que no hay un BeAnotherLab, en sí, cómo un laboratorio situado en un lugar. Somos un laboratorio distribuido, itinerante, que en ocasiones ocupa espacios durante un mes, pero no hay una oficina de BeAnotherLab, no hay una Máquina de Ser Otro en un lugar dónde la gente pueda ir a probarlo. Al menos no desde nuestra parte. Sí hemos ido diseminando, en Berlín un par, en Valencia una. Hay varias en el mundo, pero BeAnotherLab no tiene una máquina permanente, que está ahí para que quienquiera la pueda probar. Pero que se acerquen.

Más sobre el colectivo en BeAnotherLab.org y TheMachintoBeAnother.org

 

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