(1ª parte) BeAnotherLab: “A veces es más importante entender la magnitud de una pregunta, que tener las respuestas”

por Darius Bogdanowicz

Visitando la exposición +Humans del CCCB, quedé boquiabierto con las posibilidades de la Máquina de Ser Otro del colectivo BeAnotherLab, una experiencia de realidad virtual más performática de lo que uno acostumbra a ver. Experimenté un ejercicio puntual, dónde los propios miembros del colectivo probaban un nuevo proyecto de storytelling que combinaba realidad virtual con una experiencia corpórea y sensorial. Después de estar en el cuerpo de una mujer y ver -gracias a un shaman y sus danzas rituales- cómo mi esencia o alma se evadía de mi cuerpo para observar a la mujer desde lo alto -literal-, tenía mil y una preguntas. Quería hablar con ellos sobre la inclusión de lo virtual en la realidad contemporánea, un tema que me fascina. Pero los dejé trabajando.

Más adelante en la muestra, me topé con Marte Roel, investigador y miembro de tiempo completo del colectivo. Joven, de aire latino y sonriente, accedió de buena gana a ser entrevistado en nombre de BeAnotherLab, ya que en el colectivo  han decidido compartir sus identidades públicas.

Antes de empezar les propongo el siguiente vídeo, que explicará con mejores palabras que las que yo lograría exponeros (y sobre todo, con imágenes), la complejidad y belleza de La Máquina de Ser Otro, usada en este caso para el proyecto Embodied Narratives.

Embodied Narratives by BeAnotherLab – TheMachineToBeAnother from BeAnotherLab on Vimeo.

DB. En BeAnotherLab os presentáis cómo un colectivo internacional e interdisciplinario. ¿Podrías explicarnos un poco vuestros diferentes backgrounds, y cómo surge un grupo tan diverso?

BAL. Surge de una forma muy natural. Yo soy músico originariamente, estudié la Licenciatura en Música, luego estudié en México una maestría en Filosofía de la Ciencia, después hice Sistemas Cognitivos y Medios Interactivos en Barcelona. Allí conocí a Daniel González Franco, que es un artista, había terminado un Master en Artes Digitales en la UPF y antes había estudiado Marketing. Y así, conociendo gente que se interesa por el proyecto, hemos ido creciendo. Y por necesidad del proyecto, de crecer teniendo más gente que pueda replicar y contribuir a esto, nos hemos reunido profesionales de ámbitos tan extensos como la medicina, la neurociencia, o la antropología, por ejemplo.

DB. ¿El primer grupo se conforma en Barcelona?

BAL. Así es, pero ahora es totalmente transnacional. Empezamos en Barcelona tres personas, en algún momento hubo otros colaboradores, después se fueron, después llegaron otros; y de base ahora somos nueve personas de tiempo completo, de más de nueve países.

DB. ¿El grupo se conforma a través de la Máquina de Ser Otro?

BAL. La Máquina de Ser Otro es el primer proyecto, que se conforma en Barcelona en 2012, empezando a desarrollar la idea y a hacer nuevas posibilidades con esa idea (básicamente entrar a la subjetividad de otra persona con los principios de empatía e identidad), empezamos a hacer distintos juegos, distintas posibles versiones, instalaciones… Entonces dijimos, ¿pero todo esto es La Máquina de Ser Otro, o podríamos hacer grupos que hacen distintas experiencias, investigaciones y aplicaciones, con la idea de La Máquina de Ser Otro? Así es cómo nace BeAnotherLab, poco después de La Máquina de Ser Otro.

DB. ¿Desde ese punto hasta ahora, estáis usando La Máquina de Ser Otro para distintos proyectos?

BAL. Tiene una pequeña ambigüedad. La Máquina de Ser Otro es una colección de conocimientos, de protocolos de interacción y de tecnologías. Tampoco es necesariamente una tecnología que desarrollamos nosotros, sino que es una integración de distintas tecnologías existentes, y una serie de protocolos de interacción que vienen de una literatura bastante basta, y que permiten acercarse a esa ilusión de ser otro. Eso es La Máquina de Ser Otro, y de ahí nacen muchos otros proyectos que desarrollamos con la tecnología y el cuerpo de conocimiento que llamamos La Máquina de Ser Otro.

DB. ¿Sabrías explicar su funcionamiento a nivel técnico?

BAL. Es muy complicado, porque de pronto, en términos de cómo funciona en el mundo del arte, nos pregunta la gente, pero ‘¿Qué más hacen? La Máquina de Ser Otro ¿Y qué más? Porque llevan cuatro años trabajando a tope pero yo sólo veo que hacen La Máquina de Ser Otro.’ Pero es que es muy amplia. Tenemos distintas piezas, distintos performances. Por ejemplo el Body Swap no es la Máquina de Ser Otro clásica que llamamos, pero utiliza parte de su conocimiento para esta experiencia un poco distinta.

DB. ¿Body Swap era lo que presentabais en el CCCB?

BAL. Sí. Consiste en un intercambio mutuo dónde no hay un performer o un guía, sino que ambos son usuarios y se siguen mutuamente. En la máquina clásica hay un performer y un usuario, y el performer comparte parte de su vida al usuario (de manera narrativa) y el usuario se apropia de alguna manera de la identidad de ese performer.

DB. Vuestra principal pregunta o statement en la web es ‘Si viésemos el mundo a través de los ojos de otro, ¿nos entenderíamos mejor a nosotros mismos? ¿Y a los demás?’ ¿Habéis logrado contestar a esta pregunta?

BAL. Hemos descubierto que el fenómeno es mucho más complejo de lo que imaginábamos. Eramos bastante inocentes con esta idea de la Máquina de Ser Otro y de la empatía. Ahora se ha vuelto un concepto totalmente de marketing, lo cual es terrible. Hemos tenido una muy mala experiencia con eso, porque para nosotros era muy auténtica la visión de ‘tratar de construir empatía’ y ahora se hizo un tag, una etiqueta, lo de la realidad virtual’ y la empatía, que no se da normalmente en un contexto crítico. Sí creemos que esa pregunta sigue siendo válida, pero también creemos que esta idea de empatía, no necesariamente es la mejor para generar un cambio exponencial en el mundo. No es necesariamente positivo conectar con el dolor ajeno. Hay que tener en cuenta muchos otros factores, hay muchos términos y conceptos que estamos tratando de apropiar más, como la compasión por ejemplo. O los distintos tipos de empatía que existen, en los que estamos dando cuenta de cuáles funcionan mejor, cuales no tanto.

No se si la hemos respondido, pero creo que sí que ayuda a conocerse mejor a uno mismo, y a conocer mejor al otro. También creo que hay una parte que no está implícita en esa pregunta, pero es accesible para una población vasta, lleva una reflexión sencilla y al mismo tiempo profunda, con potencial. Y a nosotros nos ha llevado a descubrir muchísimo, de cómo funciona la empatía, y de cómo generar el cambio que buscamos.

Me siento conforme, es adecuada, pero no tengo tan claro que sea completa. Yo le digo mucho a mis alumnos que a veces es más importante entender la magnitud de una pregunta, que tener las respuestas. Estamos ahí, somos conscientes de ello, no tenemos todas las respuestas, pero esta pregunta nos sigue llevando hacia delante.

DB. ¿Destacarías alguna experiencia en particular, algún ejemplo de estos cuatro años de investigación dónde se viera claramente el resultado de esta experiencia?

BAL. El que me vino a la mente ocurrió en la ONU, en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fuimos invitados, en un contexto muy extraño, muy desagradable (para mí al menos). Yo siempre fui bastante escéptico con el trabajo de la ONU, pero estar allí fue enfrentarme a una realidad muy cruda. Ver cómo estas personas que están construyendo de todo, desde legislación hasta fondos, financiamiento para proyectos sociales, etcétera, todo ello a gran escala; son personas totalmente individualistas, enfocadas en su éxito personal más que nada, y en los contactos profesionales que tienen. Tienen una distancia emocional enorme, inmensa, que yo no había visto en ningún otro lugar. Probar una experiencia de realidad virtual para la inmensa mayoría de esas personas, era con el sólo motivo de tomarse una foto que pudiera salir en los medios, pero para nada enfocado a una experiencia personal.

En ese contexto llevamos a Nicole Goodwin, una performer con la que habíamos trabajado anteriormente. Ella tiene una experiencia muy particular. Es veterana de Irak, y la mandaron allí cuando su hija tenía apenas unos meses y habla de su experiencia con el trato al enemigo, y de cómo el enemigo no tenía nombre. Y de ella de pronto se identifica más con ese enemigo sin nombre que con su propia cultura o sociedad estadounidense.

Era una cosa bastante radical para el contexto en el que estábamos, con un discurso muy crítico hacia la política militar de los Estados Unidos, y una de las personas que probó, acabó llorando a cántaros. Terminó por abrazarla. Esto pasa, pero haberlo visto en ese contexto, con esa persona, que nunca supimos quien era, que parecía algún diplomático, más o menos importante; era lo que buscamos. Tener ese tipo de impacto, de cambio de conciencia; un cambio de paradigma, potencial al menos, en un contexto en el que se están generando nuevas políticas y estrategias sociales para atender los problemas. Lo ideal sería que se pudieran atender desde esta experiencia emocional y corporeizada, y  de empatía con el otro.  Fue conmovedor, y fue lo único, junto con ver esa realidad más de cerca, que hizo que valiese la pena estar allí.

DB. ¿Qué veía este diplomático? ¿Era una recreación o representación visual de la experiencia de Nicole en Irak?

BAL. No, no. Nuestro trabajo no es pre-grabado. Hay dos individuos situados en un espacio cambiando cuerpos. Replicamos el espacio, por lo que ve un espacio idéntico al que ya conoce. Tenemos una serie de protocolos: en esta caso lo hicimos con el Body Swap. Nicole está instruida para seguir los movimientos del usuario y entonces al usuario se le dice que puede moverse lentamente y que se interactuará con él. Si él se voltea a mirar su mano, verá la mano de Nicole. Nicole es una persona negra, grande, con un cuerpo distintivo: muchos tatuajes… Inmediatamente es evidente el cambio de cuerpo, se sincroniza la parte visuo-motora que le llamamos: yo me muevo, y veo una mano realista moverse, eso genera una ilusión de transferencia de cuerpo. Hay una serie de estímulos que establecemos, y después de un tiempo, cuando la presencia se ha adaptado a este cuerpo, llega un asistente y le da una foto. Esta foto la tiene tanto Nicole como el usuario, ya que hay dos asistentes que se la dan a las dos personas al mismo tiempo, y entonces este usuario por ejemplo ve en la fotografía la hija de Nicole. Ahí empieza a escuchar la narrativa de Nicole: ‘Esta es mi hija a los seis meses. Llevé esta foto a Irak, era lo único que me mantenía viva día tras día…’

No sólo compartes el cuerpo, sino que también te acercas a la identidad de esa persona a través del discurso narrativo, en primera persona. Ella es muy buena con eso, ella es storyteller y poeta. Tiene una historia muy buena, con muchas dinámicas. Es fuerte la experiencia. A nivel artístico y en otros niveles. Lo más valioso para mí lo que aporta la Máquina de Ser Otro a diferencia de otras experiencias de realidad virtual es que estás allí en frente de la otra persona, está mediado por la tecnología pero al final es una interacción real con otra persona. Una persona que puedes conocer, abrazar, comenzar una conversación con ella. Lo especial es estar frente a otra persona de carne y hueso.

DB. En cuanto a lo virtual. A día de hoy hay un gran distanciamiento entre cómo vivimos la virtualidad en lo cotidiano, y las definiciones que uno encuentra en el diccionario RAE, o incluso en un diccionario etimológico; dónde principalmente se expone el concepto de lo ‘virtual’ como una antonimia de lo ‘real’, usando concepciones cómo: aparente, no real, potencial, contrario a la realidad. Sin embargo, una gran parte de nosotros hemos aceptado la virtualidad (por ejemplo, nuestros perfiles en las redes sociales) como una parte importante de lo que somos, de cómo nos identificamos. Yo no encuentro hoy una definición válida y oficial para ‘virtual’, y me preguntaba: ¿Habéis encontrado vuestra propia definición de lo virtual?

No creo que cómo equipo tengamos una respuesta, no es una de las conversaciones más relevantes. Pero me siento cómodo en dar mi respuesta porque tenemos esa idea de compartir nuestras identidades en el propio colectivo. Para nosotros, el uso de la tecnología de la realidad virtual es sólo un medio para hacer La Máquina de Ser Otro. No es tanto que nos interese tanto el medio de la realidad virtual en sí. En mi opinión, La Máquina de Ser Otro no se debería definir cómo una experiencia de realidad virtual, sino como una experiencia que yo llamo de tele-presencia. Tele-presencia corporeizada y compartida. Por ejemplo esta experiencia que estamos teniendo tú y yo ahora (Skype), es más tele-presencia que virtualidad.

Creo que es distinto a un videojuego por ejemplo, que eso sí es realidad virtual. Creo recordar una definición de Ellis, del ’90 o algo así, que dice que para que algo sea realidad virtual tiene que ser generado por un ordenador. Computer generated material. En la Máquina de Ser Otro el ordenador no está generando el contenido a tiempo real. A diferencia de un espacio virtual, en el que tú puedes estar en cualquier punto del espacio, y esos puntos son totalmente computados por el ordenador. En nuestro caso, es sólo una cámara que está enviando al ordenador un intermediario para llevarlo a una pantalla, pero no es generado en el ordenador. 

Estoy de acuerdo de que lo virtual es ya a veces más real que algunas cosas que son reales: nos puede importar más nuestro perfil virtual que el real, o el tipo de acciones que hacemos en el mundo virtual que en el real. Para mí no es un fenómeno totalmente novedoso, y es más real que virtual. Tan sólo es que ahora hay otro medio, en el que lo único nuevo es, quizás, que hay cosas construidas por algoritmos. Creo que pueden existir espacios virtuales, y que esos espacios sean tan reales cómo lo real, pero no tanto por el contenido, no tanto por ese mundo, sino por la interpretación de ese mundo; desde un punto de vista más idealista. Es decir, el valor que yo le doy a ese medio. En realidad, lo único que me hace distinguirlo es que yo le doy una etiqueta de realidad virtual.

De la misma manera en la que un libro, una narrativa, se puede considerar más real que otros. Quizás la Biblia para mucha gente está hablando de algo que fue real, a diferencia de una historia de ciencia ficción. Sólo lo etiquetamos cómo algo real o virtual, pero en la definición no está esta distinción, sólo hay una serie de letras impresas en un libro.

Sí se pudiese en algún momento (aunque soy bastante escéptico a ello) subir nuestra conciencia a un espacio virtual, sí que sería distinto. En un universo de información dónde ya no haya corporeidad.

Sigue leyendo (2ª parte)

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