Prácticas colaborativas como respuesta al individualismo extremo

O cómo el Dios Equis nos sodomizó el ano una estrellada noche en las Bahamas.

Por Sandra Calvo y Judit Cuadros
EF4
Funcionaria del Estado a punto de borrarle la memoria a dos militantes del Colectivo X.

Advertencia: No nos gusta hablar de lo que no sabemos, así que hablaremos acerca del Colectivo X (https://www.facebook.com/xcolectivox/?fref=ts), el cual nació en las aulas de la Escola Massana y del que formamos parte. Lo que leerás a continuación es el resultado de la organización de una serie de asociaciones que hemos establecido entre diverso material teórico, cinematográfico, sonoro y experiencias vividas.

 

La dinámica que se propone en algunas clases proyectuales (por no decir todas), a lo largo de la carrera, es la de lanzar un tema para que, a partir de este ímput, lxs alumnxs desarrollen un proyecto alrededor de esa idea. En paralelo, (suponemos que por culpa de los valores capitalistas que han infestado la educación imperante, como la competitividad y/o el individualismo como único medio para obtener resultados favorables) empieza otra carrera, esta vez de Fórmula Uno, con el objetivo de ver quién destaca más, quién es más potente, quién es más astuto, quien es más polivalente. Algunxs sufrimos todavía la enfermedad del “tengo que ser original”, así que asumirlo es el primer paso para subvertirlo y exterminarlo.

A veces nos obsesionamos con querer abordar grandes dilemas, con querer solucionar el mundo sin tener los medios suficientes para hacerlo. Aceptar que formamos parte de la estructura bourderiana ayuda a paliar la frustración de muchxs individuxs y colectivos que no logran sus objetivos revolucionarios. Entender que no somos especiales es lo primero. Lo segundo, recordar que, a pesar de ello, somos irrepetibles, y que en nuestra mano está activar (o no) pequeños dispositivos para revelarnos ante la resignación globalizada. Richard Linklater apunta, en su película Waking life, algunas reflexiones acerca de la vida y otros dilemas morales, y nos regala reflexiones como, por ejemplo:

“Lo que tú haces marca la diferencia. Marca una diferencia en términos materiales. Marca una diferencia en otras personas y da un ejemplo. Creo que el mensaje aquí es que nunca debemos simplemente dejarnos llevar y vernos como víctimas de varias fuerzas. Nosotros mismos decidimos quiénes somos.”

Uno de los errores que solemos cometer al trabajar en grupo es dar por hecho el potencial “resolutivo” a nivel “profesional” de cada conformante del colectivo, y encasillarlo en una función específica, con el objetivo de alcanzar un resultado final lo más eficiente posible. La metodología que se aplica en estos casos suele ser la de la división del trabajo, y lo que siempre acaba pasando es que unxs pringan mientras lxs demás se rascan la minga, el potorro y derivados. Este funcionamiento interno tiende a exponer propuestas realmente trabajadas a nivel estético y formal, pero tremendamente vácuas e insípidas en cuanto intentas hallar algo verdadero.

Nuestro colectivo nació, en primer lugar, como contra-respuesta a la individualidad generalizada e incorporada en nuestro día a día y a los proyectos impuestos desde el ámbito académico que, en ocasiones, nos la traían al pairo; en segunda instancia, para llevar a cabo una publicación gráfica conjunta y distribuirla en el esperado Gutter Fest (festival de autoedición e ilustración en Barcelona); y finalmente, porque teníamos cosas que decirle al mundo, y queríamos hacerlo. Hacerlo a nuestra manera, no a lo “I did it my way”[1], como Frank Sinatra sino a lo “sólo se necesita que dos idiotas en sintonía nos pongamos de acuerdo en la misma tontería, para convertirla en nuestra ideología”[2], como Hidrogenesse.

Para empezar, estuvo bien hacer un cómic conjunto y llevarlo al Gutter, pero fue algo que, para qué engañarnos, nos entretuvo durante unos meses. Esto nos dejó bastante claro que no queríamos generar publicaciones destinadas a ser (ad)miradas y a las cuales atribuir un precio monetario con el que colarnos en el mundo mercantil, donde el fetiche del objeto hace primar la idea del status del (buen) gusto.

A nosotrxs lo que nos gusta y llena es activar mecanismos para construir publicaciones y vivir momentos que se nos parezcan, tanto al colectivo como a la gente de nuestro alrededor. La colaboración es la base de nuestro trabajo y creemos que la mejor manera de conseguirla es empoderando al otro, haciéndole partícipe y distribuyendo el material generado entre todxs de manera gratuita. De ahí nace el primer fanzine macro-colaborativo de la Massana, una publicación donde se invitó a todo el mundo a  participar bajo un concepto: eléctrico. Lo único que hicimos fue ser muy pesadxs y editar todas las propuestas que recibimos.

Sí, somos unxs plastas, pero si incitamos tanto a lxs demás a que participen con nosotrxs es porque, a veces, parece que se nos haya olvidado que sí tenemos la suficiente fuerza como para invertir los microsistemas que intentan callarnos. A pesar de las recientes leyes castradoras que atentan contra el pensamiento crítico y a las que no les interesa que construyamos nada en común, creemos que es importante recordarle a la gente que existen plataformas donde pueden decir lo que piensan.

Además, la necesidad de involucrar a esta masa colaborativa, nos ha llevado a organizar las llamadas “Quedadas Máximas”, en las que buscamos cualquier dispositivo cuya activación en el contexto promueva el juego y, por consecuencia, la interacción.

Nos interesamos por la acción en general, vista como un claro detonante de pensamiento más allá de un acto performativo que ansía la contemplación, y por el juego en particular como una forma de romper barreras generacionales y tejer red, despertando y conectando ideas en nuestras mentes hiperactivas.

Nos basamos en actos recíprocos, siempre desde un aparente encuentro fortuito en el que la participación construye a la vez que refuerza discursos. Pondremos como ejemplo una Quedada en la que una cuerda para saltar a la comba era la detonante. Lo que sucede en el espacio es, al fin y al cabo, un pretexto para ese encuentro. No deja de ser una asamblea en la que se concuerda un día, una hora y un lugar. A excepción de que el activador del encuentro no es una individualidad vociferante que se pone en pie y carraspea – haciendo notar que el parloteo va a empezar – sino que todo el engranaje se activa mediante dispositivos que no necesitan explicación, que son lo bastante potentes a nivel de imaginario colectivo como para activar el juego y unificar a sus participantes.

Por otra parte, no nos interesa la sacralización de estas acciones (hacerlo sería como llevar un patio de preescolar al museo, algo que probablemente nos haría visitarlo con más frecuencia pero que le atribuiría un sentido completamente distinto al acto de jugar) sino el adaptarlas a la cualidad de ser repetibles y mutables, ya que planteamos unas pautas que dan amplia cabida a la improvisación que, inevitablemente, surge  al actuar con distintos participantes.

Y es dicha acción la que finalmente acaba por dar sentido a nuestras peculiares discusiones en las que los temas aparecen como reacción al aburrimiento ocasionado por proyectos que no queremos hacer. La que detona el pensamiento y la que nos lleva a escribir en este preciso instante.

Del mismo modo que se convierte en un sistema mediador de nuestro trabajo, más potente incluso que una invasión en Facebook, o una oleada de spam.

En este punto es cuando nos damos cuenta de que vivimos trabajando y de que todo lo que dicen sobre el 24/7 es cierto. Como bien argumenta Sonia Fernández Pan “Interrumpimos el flujo de trabajo para participar en el flujo social y, como resultado, no dejamos de trabajar nunca.”[3]  Pero, asumámoslo, somos conscientes de que vivimos-trabajamos así, y en muchas ocasiones nos encanta. Nos importa poco ser víctimas de la precariedad cuando lo que hacemos está movido por el placer y la motivación.  

 

P.D. Colabora con X

 

[1] Frank Sinatra, My way, 1969. https://www.youtube.com/watch?v=7arO6957i9c

[2] Hidrogenesse, Dos tontos muy tontos, 2015. https://www.youtube.com/watch?v=YrhTEQtiRsM

[3] Fernández Pan, Sonia “When life goes to work”  [en línea] (consultado: 13 marzo 2016) Disponible en Internet: http://esnorquel.es/when-life-goes-to-work

 

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