Caramelos de sal y dulces amargos

Poblenou es un espacio de ebullición artística a la vez que un barrio que desaprovecha su espacio

Por Pol Güell

DSC01808
Descampado en la calle Pere IV de Poblenou
DSC01815
Ejemplo de la convivencia entre natura y artificio

Barcelona es una ciudad de contrastes. Del glamour postmoderno de la imperante Marca Barcelona a la humildad obrera de las casas de Poblenou solo hay un pequeño paseo de diferencia. No son más de cinco minutos los que separan los caramelos de Glòries, llámense Disseny Hub o torre Agbar, de los múltiples y salados descampados perdidos y en desuso que constituyen el típico paisaje del barrio de Poblenou. Espacios vacíos, dónde todo está por hacer, dónde todo está por construir y, aunque parezca mentira, espacios de creación de potencial ilimitado.

Centro artístico la Escocesa
Centro artístico la Escocesa

Poblenou es un barrio de una inmensa dimensión artística. Las asociaciones y espacios que nutren el barrio son muchísimos. Hangar es un ejemplo de esto. Una asociación de producción e investigación en la disciplina de las artes visuales. Pero Hangar es sólo uno de los muchos centros que constituyen el tejido asociativo de Poblenou. También está la Escocesa, Nauart o una veintena de asociaciones que, bajo el paraguas de Poblenou Crea, hacen del barrio un espacio de ebullición artística que pide a gritos válvulas de escape para poder mostrar todo su potencial creativo. Y es en medio de esta opresión cuando aparecen los solares abandonados, carentes de uso y mostrando su tristeza y capacidad sorpresiva a la par.

La tristeza es la primera de las dos emociones que emerge al adentrarte en un solar. Tristeza de ver un cacho de urbanismo fracasado y faltado de una aparente utilidad, como por ejemplo el vacío que dejó la antigua fábrica de la calle Fluvià con Pere IV. Una vez superada la tristeza aparece la sorpresa. En este caso por ver como en un descampado en medio de la ciudad crece la natura en su forma más libre y menos seductora. Un cúmulo de hierbas, arbustos y hierbajos constituyen un oasis de anarquía en medio de una marabunta de asfalto que aspira a la ordenación perfecta del territorio.

DSC01813
Pájaro muerto en medio de un solar de Poblenou

Pero la sorpresa no aparece solamente por la presencia de la natura. Porque resulta todavía más chocante la convivencia entre los elementos naturales y los artificiales. Restos de asfalto y hierbas rebeldes, un muro caído y una planta enredadera, restos de cajas, botellas, cachivaches y carteles del ayuntamiento cubiertos per espigos que esconden debajo suyo un pájaro muerto. Así es la fauna de los solares de Poblenou. Un rincón de sorpresas que pide romper con los prejuicios y adentrarse en sus profundidades. Y a lo mejor en alguna de estas profundidades habrá un sitio para atreverse a crear y a innovar. Un espacio donde romper las barreras y dar paso a las múltiples posibilidades de uso que puede aportar el mundo artístico que habita en Poblenou.

Descampado de la calle Provençals
Descampado de la calle Provençals

A pesar de esto, es cierto que los solares del barrio tienen algún que otro uso espontáneo y algún que otro intento de dignificar el espacio. Resulta curioso ver que allí donde nadie ha conseguido poner orden el espacio se convierte en un parque improvisado. Un espacio para sacar a pasear el perro o bien dónde encontrar la calma que tanto se precia en el mundo urbano. Aunque no siempre estos espacios tienen un uso tan ameno. En ocasiones los solares son usados por personas sin techo para tener un lugar dónde dormir. Las cajas y otros objetos junto a las cabañas rudimentarias son una prueba de este triste uso que se les da a los solares. Pero también hay intentos para dignificar los descampados, como el que lleva a cabo una familia al final de la calle Provençals. Una mesa y unas sillas, una barandilla al nivel del suelo decorada con figuritas encima y un tinte de dignidad que recuerda que los descampados pueden ser sitios aprovechables.

Y son los usos espontáneos y los tintes de dignidad los que nos recuerdan que quizás no hace falta una Smart City, un 22@ o un plan de urbanismo supercreativo que ponga Barcelona en la cresta de la ola de la postmodernidad. Quizás parte del futuro pasa por escuchar esta veintena de entidades artísticas, quizás se trata de hablar con los vecinos, con el tejido asociativo del barrio, de entender que festivales como Ús Barcelona pueden ser positivos para la gente de Poblenou. Quizás los caramelos tan apetitosos que enseña las Glòries solo son dulces a simple vista y por dentro son de sal picante. Quizás la dulzura la guardan aquellos sitios aparentemente amargos, dónde no van los turistas pero vive la gente, dónde se refugia la creatividad y no hay opción de negocio. Quizás. Quizás…

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s