Una verdad (in)conveniente

Ciencia y arte: dos miradas, un mismo fin. Crónica de la exposición Experiment 2100 en el CosmoCaixa y entrevista a Jesús Ángel Prieto.

Por Aina Guirao, Anna Kic y Tania Cearreta

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería tu ciudad dentro de 85 años?

Experiment 2100, la nueva apuesta temporal del museo de la ciencia barcelonés Cosmo Caixa, inaugurada el veinte de marzo, pretende ofrecer ciertas respuestas a nuestras inquietudes. Para tratar de identificar el posible futuro que nos depara, la ciencia se vale de una disciplina concreta introducida en la exposición, la prospectiva. Ésta analiza las “megatendencias” visualizando las pequeñas señales en el presente que indican las nuevas realidades y los grandes cambios en el futuro. Según Enric Bas, profesor de Estructura Social Contemporánea y de Sociología Prospectiva en la Universidad de Alicante, “uno de los temas que han inquietado, tal vez el que más, al ser humano a lo largo de la historia, ha sido el futuro. Además, el deseo de conocer (predecir, prever o inventar) el futuro es tan viejo como el hombre mismo. Ello resulta, hasta cierto punto, razonable y relativamente fácil de explicar si se entiende como producto de su propia naturaleza, la de animal racional” [1].

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Los periodos de grandes cambios, como el que estamos viviendo actualmente, generan en la población un poderoso sentimiento de incertidumbre generalizada, provocada por el miedo al desconocimiento del porvenir. Es por ello, que la prospectiva se encarga de prever de la forma más fiel el futuro, ayudando de éste modo a tomar las decisiones a largo plazo más adecuadas para el correcto desarrollo de la sociedad, velando por el interés de mejorar y mantener el bienestar del género humano, pero también las capacidades de sustentación vital del planeta.

La exposición está organizada en torno a las cuatro “megatendencias” que corresponden a los grandes interrogantes de nuestros tiempos: ¿Cuántos seremos? ¿Cómo viviremos? ¿De qué viviremos? ¿Cómo podremos afrontar los desafíos que se nos presentan?

El recorrido empieza con el tema de la superpoblación y envejecimiento, indicando cómo el uno influye en el otro, especulando sobre  cantidades y estadísticas probables de futuro. Actualmente, la población mundial supera los 7.000 millones de habitantes, gracias a la mejora global de las condiciones de vida. Se prevé que esta tendencia se mantenga, alcanzando los 11.000 millones de habitantes dentro de 85 años.

La consecuencia de este primer factor es el traslado de la población hacia las grandes ciudades, y con ello, la creación de megaciudades con más de 10 millones de habitantes. La gran pregunta relacionada con este fenómeno es cómo gestionar de forma adecuada los recursos naturales. De este modo, la sección siguiente presenta una visión posible de futuro si no evolucionamos hacia un modo de vida más sostenible. Si las tendencias actuales no se invierten, pronto llegaremos a requerir los recursos de tres planetas Tierra para satisfacer nuestras demandas y necesidades.

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La última parte de la exposición está relacionada con la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías; presenta las alternativas y soluciones para minimizar el impacto y las consecuencias de las tres tendencias anteriores. El desarrollo científico y tecnológico manejado de manera consciente puede ofrecernos las claves para superar con éxito los múltiples desafíos del futuro. [2]

En este sentido, a lo largo de las últimas décadas, han sido muchos los escritores, cineastas, arquitectos y artistas que han intentado imaginar cómo sería el futuro e incluso presentar estas alternativas; los ejemplos son infinitos. Desde Julio Verne con su libro Viaje al centro de la Tierra del (1864), la revista Amazing Stories (1920) de Hugo Gernsback,  Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley, pasando por la película Blade Runner (1982) de Ridley Scott,  2001: Odisea en el espacio (1968) de Kubrick, la arquitectura metabolista de la Torre Nagakin de Tokio diseñada por Kisho Kurokawa en 1972, hasta el proyecto The Kaiseki  (2013) de Onur Aydin y Jakob Wolf sobre el futuro de los restaurantes que usarían las impresoras 3D de alimentos para generar sus menús.

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En efecto, la inquietud por comunicar y reflexionar sobre el porvenir se ha manifestado en numerosos ámbitos de la creación y producción cultural. En este aspecto, resulta interesante observar cómo la perspectiva de este futuro, sin embargo, muy pocas veces se aborda desde una visión positiva. Si el futuro que nos imaginamos es distópico, ¿en qué se fundamenta esta percepción? ¿Qué intención hay detrás? ¿Qué estamos haciendo para remediarlo? Precisamente éstas son algunas de las cuestiones que hemos intentado responder con el profesor y cineasta Jesús Ángel Prieto, en base a su último cortometraje llamado Els tres ultims refugis.

PREGUNTA: En 2013 rodaste Els tres ultims refugis, un cortometraje que trata de reflexionar sobre el futuro socioecológico, mostrando las consecuencias de nuestros malos hábitos de gestión de los recursos. ¿Con qué tres palabras definirías el cortometraje?

RESPUESTA: La primera es la desesperación. Me gusta mucho la frase de Nietzsche que pongo al final del corto “Lo que enloquece no es la duda, es la certeza”, saber que nos vamos a la mierda. El hecho de tener datos, y saber que se trata de  una certeza, tiene un punto de desesperación. La segunda palabra sería la poética: tratar el tema desde un cierto punto de vista poético, compensando la desesperación con una aproximación poética en el acercamiento a la muerte. La poesía es un paso a la capacidad de superación. La tercera palabra es dignidad, el leitmotiv de la interpretación de Isabel (la protagonista). Esa mujer que sabe que es la última de su especie, y que se va a morir, tiene la responsabilidad de ser la última mujer de la Tierra, adoptando ese papel con dignidad. En ningún momento  se abandona ni se deprime, puesto que se siente la responsable de todos los millones de seres humanos que hemos vivido en la Tierra. El último ser humano ha de morir con dignidad. Incluso en algunas escenas, a través de sus acciones se afirma delante del mundo, ese mundo que nos vio nacer y ahora nos ve morir.

P: ¿Cuál ha sido tu motivación para abordar esta temática? ¿Qué señales has detectado para formular esta especulación?

R: Las señales son la constatación del cambio climático a través de la lectura de documentos, estudios de ecologistas y de informes como los del IPCC [Intergovernmental Panel on Climate Change]. En el año 90, momento en que empecé a dar la asignatura de ecosociología [en La Escola Massana], ya existía el debate sobre si se podía constatar el cambio climático. Evidentemente el pensamiento ha ido evolucionando, y actualmente el cambio climático ya no se puede disimular, es un hecho. Jamás las modificaciones de la Tierra se habían dado en periodos tan cortos, pasaban miles de años entre los cambios de eras, pero nunca en escasos cien años. Desde un punto biológico o geológico es absolutamente impensable. Esos datos animan a pensar que esta es una problemática importantísima que hemos de trabajar en primera línea. Por otro lado, el otro factor que me hizo plantear el corto fue la conferencia de Doha; vuelven a reunirse y vuelven a no tomar ninguna decisión. Una vez expuesto el problema en las anteriores conferencias, no hay manera de tomar decisiones suficientemente vinculantes para pensar que estamos en buen camino.

P: ¿Cuál es la finalidad principal de tu proyecto cinematográfico?

De alguna manera, el objetivo es enfrentarnos a una realidad cruda para que a través de esta confrontación haya la posibilidad de cambiarla. Si alguien dice que el corto es catastrofista y no ayuda a la acción para mi será un fracaso. Cierto que la gente tiende a adoptar esta posición, pero si algo  es catastrófico, directamente no actúas. La esperanza está en el hecho de hacer el corto; si alguien con un tema desesperado hace algo, quiere decir que se tiene esperanza. Es un cortometraje en el que no espero que la gente aplauda al final. En cuanto acaba, se quedan en shock, provocando un sentimiento depresivo.

P: ¿A qué público está destinado?

Creo que no es un corto de carácter popular, confío en que vaya destinado a un público con una cierta preocupación socioecológica, con una aproximación al cine no tan comercial y que tengan un interés por conocer lo que está pasando. Está claro que no está pensado para pasarlo por televisión y que todo el mundo aplauda, sino que está dirigido a un público interesado que, por lo tanto, entiendo que es proactivo y que puede tener influencia para tomar decisiones en el ámbito político, social, etc.

P: ¿Por qué crees que no ha calado en los festivales?

R: No tengo una respuesta clara. Creo que es un problema de concurrencia. Un festival recibe entre mil quinientas, mil doscientas películas. Es una criba difícil de superar, sobre todo cuando es un cortometraje que de entrada no tiene ninguno de los elementos más estándar de cine actual como unos efectos o un montaje trepidante. Estoy seguro que los seleccionadores con toda su buena fe eligen pasando las películas en pantalla de ordenador. Els tres ultims refugis es un cortometraje que está claramente pensado para cine con una pantalla grande y un sonido envolvente. Por ejemplo, la primera imagen en que una nube se va cerrando poco a poco es muy lenta. Después va saliendo un texto de John Berger que no es particularmente fácil y además hay una banda sonora muy densa. Si se ve en un ordenador con unos altavoces pequeños no se consigue entrar en ese ambiente envolvente. Entonces, yo creo que hay un tema del formato de selección que complica la visión de un cortometraje de este estilo. Antes enviabas un cortometraje en 35 mm y el tribunal tenía que ir a un cine a pasarse todo el día proyectando y viendo los cortometrajes, con unas condiciones donde la visibilidad o la discusión sobre el tema eran más globales, más complejas. Además, si vas a un festival sin ningún tipo de reconocimiento previo, como un director o actores conocidos, no hay ningún elemento que lo haga destacar. Si yo quisiera entrar claramente en un festival, evidentemente tendría que plantear el propio cortometraje de otra manera. Seguramente hay trucos para esto.

P: ¿Qué crees que sucede para que la sociedad no se identifique con este problema ecosocial?

R: En este sentido, el documental de Al Gore tenía un buen título que podemos traducir como “Una verdad inconveniente / incomoda”. Yo creo que este es el tema. Todo el mundo que reflexiona un mínimo sobre ello con una cierta honestidad se da cuenta de que se enfrenta a un problema muy duro, que no tiene medias tintas. Creo que la gente que tiene algún interés [económico] evidentemente se enfrenta al problema oponiéndose, pensando: “Esto no puede ser, esto va a cambiar totalmente mi manera de vivir, mi manera de ganarme el dinero”. Por otro lado, la gente que no tiene ninguna previsión sobre ello piensa: “Si es un problema tan grave y nadie dice nada, yo que no soy nadie, ¿qué posibilidades tengo de moverlo?”. El cambio climático es un problema que requiere mucho esfuerzo asumirlo. Creo que lo más “tranquilo” es decir “¿Sabes qué? Ya lo arreglarán”. Es un posicionamiento muy común.

Este fenómeno ambiental es cosa de todos, pero requiere una implicación tanto personal como política. No es solamente una cuestión de tomar medidas cotidianas, sino que además debes estar metido en una ONG o en un partido político o en una asociación científica para poder moverlo. Yo entiendo que la gente piense que esto es demasiado complicado. Se puede, por ejemplo, plantear una campaña contra los toros en Cataluña. Esto es fácil. Te metes en una asociación antitaurina, te vas a un partido político en un parlamento y lo consigues: en Cataluña están prohibidos los toros. ¿Pero el cambio climático? ¿Cómo se gestiona políticamente? Este es el principal problema: estamos delante de una situación muy compleja que requiere, por lo tanto, una actitud personal muy comprometida, y muy frustrante en algunos momentos. A nadie le gusta pelearse por algo que no reporta ninguna ganancia. La victoria es complicadísima.

P: ¿Cuál podría ser la solución? ¿Cuáles serían los mecanismos de actuación?

R: La solución es, evidentemente, una mezcla de convencimiento individual, y por lo tanto, de debate personal que vaya calando en la máxima gente posible. Todos deberíamos mostrar una actitud proactiva que fuese capaz de ir generando redes sociales que, implicadas en política, en ambientes académicos o en el Arte y el Diseño, no parasen de poner este tema encima de la mesa. De modo que los partidos políticos tuvieran este tema urgente en cuenta y se fuese consolidando una marea social, puesto que no podemos dar marcha atrás.

Yo creo que tiene un punto “utópico” pero, por el otro lado, como ya ha pasado en algunos casos, se mueve a partir de impulsos personales potentes para que estas redes sociales se vayan activando y encaminando hacia este tema. Esto, evidentemente, significa meterse en política, meterse en asociacionismo o implicarse económicamente. En este sentido, estoy modestamente esperanzado. Tengo mis dudas, claro está, ya que he tenido algunas experiencias no muy positivas, donde entro en contradicción conmigo mismo. Has de creer en la democracia, pero tienes muy poca confianza en los ciudadanos (risas). No sé cómo se arregla. Es decir, yo creo en la democracia, creo que es nuestro sistema para regir el mundo y llevar lo común, “el poder del pueblo, pero después, desconfío del pueblo”. Porque como grupo social, a veces, actúa de una manera que me cuesta mucho entender.

Ramón Folch, lo explica muy bien al final de su libro [La quimera del crecimiento (2011)]: democracia sí pero, ¿y si estuviésemos regidos por una aristocracia, en el sentido griego como el gobierno de los mejores? ¿No estaría bien? En decisiones complejas como ésta, ¿cómo podemos los ciudadanos decidir en un referéndum si vamos a hacer una acción u otra en temas complicadísimos de entender, si aun habiendo 1500 científicos de todo el mundo haciendo el informe sobre el medio ambiente, incluso el resumen para las políticas concretas cuesta leer?

Entonces, para hacer un referéndum sobre esto, “¡usted debe habérselo leído, sino no puede votar! ¡O se lee el informe o no vota!”. Es lo que habría que decir. Sin embargo, actuamos en función de cuatro sencillos eslóganes, o cuatro líderes que nos dicen lo que tenemos que votar.

Cuando hablamos de democracia directa, como las asambleas, siempre he creído que éstas, en grupos muy locales, con objetivos muy claros y un entorno de acción muy directo funcionan. Cuando esto se hace con más personas, es mucho más difícil compartir las ideas con el grupo asambleario, porque hay cantidad de información a la que cuesta acceder y que hay que saber. Con lo cual, afirmaciones como “vamos a hacer un referéndum a todo el mundo para saber lo que opina sobre nosequé”, resultan demasiado complejas. En España, en un momento determinado, se preguntó si iba a entrar en la OTAN o no. Recuerdo que en la Escola Massana, lideramos una campaña para que se votase que no, pero reconocía que no sabíamos lo que suponía; era muy complicado que el ciudadano tuviese una decisión sobre qué significa la OTAN.

Resumiendo, la democracia es un mal sistema para los problemas de largo término.

P: ¿Entonces, apuntas que la solución principal es una cuestión de comunicación real?

R: Sí, de comunicación real, de debate, de convencimiento racional y de acción social. Cuando me planteé hacer el cortometraje iba en esta línea, generar un debate utilizando el cine desde un punto de vista emotivo. Yo creo que el arte en general, y el cine en particular, ha de emocionar con la razón y ha de razonar con la emoción. Es decir, no puede ser solamente emotivo, tampoco puede ser sólo razón. Sin embargo hay ideas racionales que te emocionan, y hay emociones que te dan razones para actuar. En esa mezcla entre razón y emoción yo creo que es donde está uno de los elementos básicos de la comunicación artística. Resulta muy interesante, por ejemplo, cuando en una película lloras. Si sólo lloras y se basa en un tema sentimentalista no va a ningún lado. Pero si lloras porque lo que te están explicando te emociona y a la vez te está haciendo pensar, eso es muy importante. Surge este distanciamiento brechtiano, aquel teatro en el que se presentaban los datos para que la gente tomase conciencia racional y luego actuase. Porque cuando se emociona a la gente con una determinada idea, esa emoción dura poco; la razón es la que perdura. Es por esto, que hay que mezclar las dos. Éstas son las herramientas.

En conclusión, hay que seguir dándole vueltas, poner carne en el asador, hasta que poco a poco nuestros debates sean más comunes.

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Entrevista realizada el día 7 de mayo de 2015, Barcelona.

 

 

[1] Enric Bas, (1999) Prospectiva, Cómo usar el pensamiento sobre el futuro, Ariel.

[2] http://lameva.barcelona.cat/barcelonacultura/descobreix/experiment-any-2100-que-ens-espera-la-terra-del-futur#.VUfXz_ntmkq

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