Morir por infoxicación

Por Uxue Martínez, Julia Alonso, Aina Dorda y Tania Cearreta

1

En nuestro día a día estamos en constante comunicación, entre nosotros, con los objetos….ya sea de manera ordenada, con intención, involuntariamente, con gestos o con palabras. Lo hacemos en distintos ámbitos y de distintas maneras, expresando nuestra forma de ver y sentir. En la sociedad contemporánea en la que vivimos, hay un “boom” de imágenes y  escritos reflejados a través de unas pantallas que ya forman parte de nuestra vida cotidiana.

En efecto, tras la proliferación de las pantallas en estas últimas décadas, ha cambiado nuestro  modo de estar y concebir el mundo. En los años setenta existía ya una barrera entre pantalla e individuo; un  filtro ilusorio y de engaño. Según Gilles Lipovetsky, las llamadas pantallas informativas son aquellas dirigidas a las masas individualizadas, adaptándose a sus necesidades particulares. Actualmente son las que generan un mundo desdoblado, donde el acontecimiento se convierte en espectáculo y las imágenes son quienes transforman al individuo hiper moderno en Homo Pantálicus.

La red ha sido otro motor de cambio en los últimos tiempos, permitiendo la conexión inmediata entre dispositivos y favoreciendo una comunicación horizontal y no centralizada. Pero, a pesar de ser un instrumento que permite generar un espacio más abierto y democrático, dicha información no conlleva al conocimiento; es decir, es necesaria una cultura previa que permita interpretar y escoger los contenidos disponibles.

Pero ¿quién posee esta cultura? En una sociedad postmoderna, el llamado “cuarto poder”[1], entendido como ese medio de información del ciudadano para criticar, argumentar y rebatir dentro de un ámbito democrático, ha ido perdiendo con el tiempo su misión original: ser el contra-poder. Los ciudadanos se centran solamente en la perspectiva narcisista de sentir que están más informados que el resto. “Un estado depresivo”, inhibido y pasivo con individuos que no saben, individuos que fingen saber avergonzados de no saber e individuos que están orgullosos de no saber. “En lugar de rebelarse contra el sistema […] se auto desvalida y se culpa”. [2]

3

En un contexto de multiplicación, sobreinformación, y saturación de contenido, no hay cabida para el Conocimiento. Paradoja curiosa, pero casi palpable. Como bien apunta el periodista Ignacio Ramonet, la información se encuentra hoy “literalmente contaminada, envenenada por toda clase de mentiras, emponzoñada por los rumores, por las distorsiones y por las manipulaciones. De ahí que los ciudadanos tengan una necesidad urgente de recurrir a un referente que les garantice o que les asegure que la información que el ciudadano va a consumir, es una información válida, seria, segura, verídica, verdadera.”[3]

En este sentido, resulta interesante reflexionar acerca de otro concepto desarrollado por el mismo autor apelando aquellos que se auto informan, esos “periodistas ciudadanos”. Anteriormente la división entre el suceso y el ciudadano era mediada por un periodista, y esta relación basada en un triángulo equilátero, hoy se presenta de forma lineal. Los medios de comunicación han ayudado a que los propios ciudadanos sean quienes se interpongan en el propio acontecimiento, sin evaluar la veracidad de las fuentes de información. Existe además, una convicción de que formar parte del acontecimiento es uno de los mejores modos de informarse. Este hecho, junto con los criterios de instantaneidad, evidencia la conexión directa con la rentabilidad comercial-económica, no con la verdad.

“Generar y modificar artículos al instante, personalizándolos para adaptarlos a los intereses y costumbres intelectuales de un único lector, es exactamente lo que el periodismo automatizado permite […] existe el peligro de que haya personas que se enganchen a un círculo vicioso informativo, consumiendo únicamente información basura y prácticamente ajenas a un mundo exterior distinto, más inteligente. Además, el carácter comunitario de los medios sociales las tranquilizará diciendo que en realidad no se están perdiendo nada.”[4]

5

Así pues, el cambio de paradigma frente a la consumición de medios de comunicación ha sido sorprendente; donde antes la información se daba de forma escasa, ahora apenas se puede digerir. En este escenario de sobreabundancia, los actores se vuelven protagonistas, la espectacularización de los acontecimientos está garantizada. Más aún si lo que lo caracteriza es una constante apelación a la hiper-emoción [RAMONET, 1996] [5]. En este sentido, la película Disconnect, dirigida por Henry Alex Rubin en 2012, muestra la rapidez y el alcance que esta información líquida puede llegar a tener a través de situaciones comunes y problemas clásicos del ser humano. ¿Las herramientas? Las actuales: internet, el Smartphone o Facebook; elementos que conforman y modelan nuestras vidas, mostrando las debilidades y osadías. Ya no podemos escapar a la precariedad consustancial de esta realidad que hemos confeccionando.

Atendiendo nuevamente al contenido, ¿qué es lo que hace difícil profundizar en esta marea de conocimiento? Y ¿Cuáles son los límites de dicho conocimiento? En este sentido, esta inmediatez y fugacidad viene acompañada de una simplificación absoluta del pensamiento. Este reduccionismo lingüístico, propiciado por la ontología de las redes sociales, conlleva inevitablemente una amputación del intelecto. Pensemos el tiempo que habría que dedicar a contrastar en diversas fuentes un mismo hecho, o el esfuerzo que supondría…en la era de la falta de tiempo, esto no merece la pena. Es cierto que Twitter podría forzar a sintetizar y expresar de una manera más clara y concisa las ideas, pero es virtualmente imposible que los 140 caracteres de un mensaje de Twitter, o los comentarios y enlaces de Facebook, puedan sustituir el análisis y la conceptualización de una opinión ajustada a los valores y principios propios. Asimismo, una investigación realizada por el Centro de Investigación Pew [6], sobre los comentarios en Twitter, muestra cómo la mayoría de ellos ante un acontecimiento se posicionan en los extremos, especialmente criticando de forma negativa. “Es de sabios saber hacer sencillo lo complicado, pero es de necios intentar hacer simple lo complejo” (Anónimo).

Las luces y sombras de Internet son evidentes. Clay Shirky, profesor en la  Universidad de Nueva York y experto en redes sociales, afirma en su último libro Cognitive Surplus,más libertad para crear implica más libertad, también, para crear contenidos “basura”. […] Nos toca experimentar con un nuevo medio con algunas características que lo hacen sumamente atractivo: es social, barato y ubicuo. Y cambia el panorama hacia la distribución de la libertad de prensa, la libertad de mezcla sin más cortapisas que la propia libertad de expresión.”

2

Precisamente en este siglo, el uso de la tecnología y sobre todo de internet, ha dejado en evidencia la existencia del  pecado original. Este concepto, tal y como ha sido definido por la Iglesia, afirma que todos los individuos  reciben, junto con su naturaleza, una deformidad  moral anterior a todo acto libre de él. De acuerdo con Evgeny Morozov, escritor e investigador de las implicaciones socio-políticas de la tecnología, uno de los engaños de la red es apostar por el ciber-utopianismo; la creencia de que la ciudadanía sólo confía en los aspectos positivos y las ventajas que pueden proporcionar las nuevas tecnologías. Se ha de tener en cuenta que, como otras herramientas, estas no siempre se emplean de la manera idónea, llegando a resultar peores en contrapartida a sus utilidades (ciber-distopianismo). Tal y como subraya Nancy Baym “la alternativa distópica generalmente se articula como el temor de que los nuevos medios de comunicación lleven a la gente lejos de sus relaciones íntimas, y que sustituyan las relaciones mediadas o incluso se utilicen para sustituir el cara a cara y el compromiso”[7]

Debemos asumir, de este modo, que en la sobreinformación se pierde la veracidad del dato; hay que contrastar y dudar, ir más allá de lo que se nos dice. Es importante asumir el control de lo que decimos, hablamos y escribimos, así como también es necesario tomar conciencia del poder de la palabra y de su repercusión.  Y casi más importante aún, tener la capacidad de escuchar. Tan importante es poder comunicar como poder ser comprendido. Por tanto,  el cómo se utilice la tecnología, la palabra o los medios de comunicación no deja de ser una cuestión de responsabilidad y de ética por parte de la persona, que asume su cara más pública dentro de un mundo donde la realidad se desdibuja.

Ejercicio; percepción y lecturas

Texto 1: http://www.subirimagenes.net/i/150418051205631697.jpg

Texto 2: http://www.subirimagenes.net/i/150418050405410818.jpg

Texto 3: http://www.subirimagenes.net/i/15041805041133482.jpg

[1] SOBRE “CUARTO PODER” Y DEMOCRACIA MEDIÁTICA de Francisco Fernández Buey

http://www.upf.edu/materials/polietica/_pdf/medios1.pdf

[2] 10 estrategias de manipulación mediática, Noam Chomsky. Avram Noam Chomsky (1928) es un lingüista, filósofo y activista estadounidense. y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. Es, asimismo, reconocido por su activismo político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y de la política exterior de los Estados Unidos. http://www.revistacomunicar.com/pdf/noam-chomsky-la-manipulacion.pdf

[3] EL QUINTO PODER, (1996)la sociedad frente a los medios de comunicación de masas en la era de la globalización, de Ignacio Ramonethttp://www.saladeprensa.org/art664.htm

[4] Periodismo automático, Evgeny Morosov 23/04/2012. http://elpais.com/elpais/2012/04/23/opinion/1335191144_330648.html

[5] COMUNICACIÓN Y PODER. “La Tiranía de la Comunicación” de Ignacio Ramonet. Alejandro Alvarez Novell (agosto-octubre 2011) http://www.razonypalabra.org.mx/varia/05_Alvarez_M75.pdf

[6] Centro de Investigación Pew http://www.pewresearch.org/about/

[7] Nancy Baym. Personal connections in the digital age. Malden, MA: Polity Press, 2010

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s