Follar e irse

Por Sara Lorite
Por Sara Lorite

Por Carlos Gil-Vernet y Sara Lorite

Zygmunt Bauman ya habla de las relaciones de bolsillo en su libro Amor Líquido. Se trata de esas relaciones que guardas en el bolsillo para poder sacarlas cuando te haga falta. Lo que quizás Bauman y su referente, Catherine Jarvie olvidan, es que este tipo de relaciones son extremadamente peligrosas. Pues no siempre tenemos la certeza de que se sucedan una tras otra, ni de que una nueva relación sea mejor que la anterior. Corremos el riesgo de quedarnos completamente solos y sin sexo.

Pero, ¿de qué son fruto estas relaciones de bolsillo? Puede ser que estas sean el colmo del individualismo hipermoderno. Del yo, yo, yo y solamente yo. El temor al compromiso, a que una relación se convierta en una carga, que nos impida hacer realidad nuestros sueños. Simplemente por tener que compartirlos con otra persona. Aún así, vivimos con el temor de ser descartados fácilmente, la cultura del usar y tirar se ha extendido también en las relaciones. Es fácil deshacernos de algo ante el mínimo fallo, y esto nos dificulta el luchar por tener una pareja estable.

Esperamos que una relación sea satisfactoria en todos los sentidos, olvidando que eso es algo prácticamente imposible. Amigos, mantener una relación de pareja estable es algo difícil y cansado. Algo que requiere tiempo, esfuerzo y sacrificio, pero que hacemos encantados en nombre de lo que viene llamándose amor. Los paradigmas del lenguaje y sus limitaciones no escapan a este concepto. Entonces, ¿qué es el amor? El amor es algo distinto para cada persona, por ello es imprescindible mantener una buena comunicación entre las dos partes que forman una pareja. Pero es quizás aquella comunicación lo que más nos asusta. El poder sentirnos desnudos e indefensos ante otra persona, y al pasar a depender emocionalmente de otra persona. No queremos mostrar esos sentimientos porque nos pueden llegar a parecer absurdos y débiles.

Una relación evoluciona, y es fácil que caiga en la monotonía y el aburrimiento. Aquella emoción de empezar un noviazgo, de conocer a una persona tan afín como para enamorarte de ella, de follar y conocer a la perfección un cuerpo ajeno… Todo aquello pasa, muda y sí, puede acabar fácilmente con una pareja. Es entonces cuando realmente se está en pareja, cuando ya conoces bien a la otra persona y se lucha en conjunto para no acabar aburridos, coleccionando monedas conmemorativas e inundando tu jardín de geranios. Esa es la imagen que nos atormenta, el pensar que entrar en un compromiso a largo plazo, nos pueda despojar de la juventud e acabar como ese prototipo de pareja anciana.

Se deberían tener cojones para aceptar ese sentimiento que aparece de vez en cuando al cual por consenso llamamos amor. Ten cojones para admitir que alguien te gusta y que quieres compartir algo con esa persona, sin caer en el estereotipo del “aquí y ahora”. Lucha por algo que crees que va a ser bueno, quizás ello te ayude a ser más adulto. Desnúdate ante alguien y cuéntale tus secretos más íntimos. Quizás entonces dejes de estar solo y aburrido ante el ordenador. Pensando que justamente por esa mísera razón eres lo puto mejor.

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