Con sabor a casa

Por Pol Güell Pages y Lorea Sanz del Barrio

El artista italiano Matteo Guidi ha desarrollado un proyecto de observación de la cocina en centros penitenciarios de alta seguridad de Italia. El proyecto, titulado “Coocking in Maximum Security”, recoge en un libro, por medio del dibujo, las dinámicas internas que reproducen la vida cotidiana de la prisión. El libro muestra las herramientas empleadas durante el proceso culinario y la precariedad de cocinar en un centro de máxima seguridad.

Fotografía a Matteo Guidi

“La idea de poder mezclar las ciencias sociales, la antropología social, y lo que yo considero que es una manera de desarrollar un proyecto artístico, me encanta. La idea de poder intentar investigar microcosmos, espacios cerrados, microsociedades o prácticas de una comunidad trasversal me interesa mucho.” Así explica Matteo Guidi como concibe él su metodología de trabajo y la combinación de dos disciplinas distintas como la antropología y el arte. Porque para Guidi, formado en el campo del diseño gráfico y la etnografía posteriormente, las dos disciplinas pueden ser buenas compañeras de viaje: “Si tuviera que utilizar sólo la mirada antropológica, o una metodología etnográfica, sería más estricto al recoger datos y después elaborarlos según mis estudios preferentes y lo que son mis estudios siguientes que son recoger datos y analizarlos. Desarrollarlo dentro del campo artístico me permite mayor libertad en el momento de estar en contacto con el campo de investigación”.

A pesar de la libertad que le da el arte, Guidi se decanta por estudiar espacios privados de libertad. Un ejemplo de ello son las prisiones de máxima seguridad de Italia o su proyecto The Artist and The Stone en un campo de refugiados de Cisjordania. Porque para Guidi, el proceso de perder la libertad es equiparable a una regresión temporal: “Entrar en la cárcel es como volver a ser niño, te quitan una serie de cosas que te identifican como ser adulto. Cuando eres adulto te puedas afeitar tranquilamente o encender un cigarro. En una cárcel no te dan ni una cuchilla, la tienes que pedir y la devuelves. Igual que con el mechero”.

Cuando preguntamos a Matteo Guidi como empieza el proyecto de Coocking in Maximum Security él nos reconoce que fue, hasta cierto punto, fruto del azar: “Entré sin idea de lo que hacer, el primer año, 2008, sobre todo. Entré porque me pidieron impartir un ciclo sobre un tema que a mí no me pertenece, la semiótica, y de ahí comencé a especular con ellos sobre la cafetera. Me dijeron de hablar sobre semiótica y, con lo poco que sé, comencé a hablar de signo y símbolo, significado y significante y a hablar buscando un territorio común, el día a día. Porque lo común es un punto importante, la cafetera, al igual que está dentro de una celda, se encuentra dentro de mi casa”. Pero, a pesar de empezar con un curso de semiótica, Guidi tenía claro que había que dejar constancia de su colaboración con las prisiones italianas. El artista ya concebía el libro como una herramienta para llevar a cabo su idea, aunque la decisión de centrarlo en los procesos culinarios de los centros penitenciarios sí que fue un poco más improvisada: “La idea de la cocina vino porque uno de los reclusos sacó pan y me percaté de que era pan casero, ya que tenía pinta de pan de Cerdeña. De hecho yo al ser de Cerdeña intento hacer mi pan. Entonces allí llegó el clic, pregunte a ver como lo hacían y comenzó a explicarme todo el procedimiento. Hace su masa, la coloca en la ensaladera y la cuelga encima del televisor. Cuando me lo contó encontré el tema del libro. Era como si ellos no reconociesen que la idea que me estaban dando era la idea que se podía desarrollar, ya que hacían cosas que se encontraban fuera de la normalidad”. De este modo fue como Guidi consiguió hablar de la cotidianidad, tema que resulta de su interés, a través de un lenguaje sencillo como el de la comida.

Pero a pesar de la sencillez del lenguaje de la comida, esta sigue resultando de gran importancia para los internos, ya que es de los pocos elementos que es capaz de acercarlos a su casa: “Si yo soy capaz de reproducir el pastel que siempre se ha comido en Sicilia, de alguna manera, esto me hace sentir más cercano a mi zona, donde he crecido y a mi familia. La comida es una manera de continuar relaciones familiares muy fuerte. Porque el momento en el que la familia se reúne es durante la comida”.

Además, en Italia, a diferencia de España, las cárceles no tienen comedores. Los internos comen en su celda particular y, según el código penal, tendrían que tener un aislamiento nocturno. A pesar de ello, los internos pueden pedir su hora de sociabilidad. Esto significa que un preso puede visitar a otro preso en una celda dentro de unos horarios preestablecidos (normalmente entre las seis y las ocho de la tarde). Es frecuente que estas horas sirvan para compartir, entre otras cosas, la comida.

Después de todo, la comida es de los pocos espacios de libertad que se pueden encontrar en una cárcel. Matteo Guidi considera que la cocina es una herramienta para romper con el fuerte control que sufren los internos en su día a día: “Creo que es importante la opresión de la expresión personal y la opción de elegir en tu día a día. Vivir bajo una vida mecanizada y bajo un nivel de control fuerte provoca que se necesite un escape. Pero con la cocina pasa que tú me das algo, pero yo lo quiero comer así. Y esto es una forma de expresar el propio pensamiento”. Además, Guidi considera que, más allá de la posibilidad de expresar el propio pensamiento, el acto de cocinar también conlleva un gran componente simbólico: “También hay la gran libertad simbólica que se exprime a través de una estratificación de los valores simbólicos que este acto te da.  Cocinas tu propia comida y no coges la de la institución, sino que casi la rechazas”.

Y este proceso de libertad simbólica fue el que Guidi capturó en forma de libro, bajo una idea de formato preconcebida: “Quiero que lo que se haga se materialice en algo en concreto, y entre ya pensando en un libro. Me gustaba la idea de tener un libro como objeto final, como resumen de lo sucedido”. Esta decisión es posible tomarla al tratarse de un taller, ya que, ante todo, Guidi insiste que la forma debe ir al final del proceso creativo: ” A mis alumnos les digo que no piensen en la forma, que la dejen al final de su proceso, porque si no te influencia a lo largo de todo el trayecto”.

Lo que el libro de Coocking in Maximum Security recopila es un proceso creativo de carácter social: “Es una relación personal, es la relación con el objeto. Por esto cuando hablábamos de cocina me interesaba que el trabajo que estábamos haciendo pudiera terminar dibujado, no fotografiado. Todas estas herramientas que ellos se construyen las ha dibujado una persona. Es decir, ¿qué tengo en mano? Un bolígrafo negro. ¿Qué puedo hacer con esto? Lo que quiera. Hasta el punto en el que puedo transformarlo en una herramienta de cocina. Es la relación hombre objeto. Al objeto le puedes dar varias interpretaciones”. Porque un objeto es capaz de describir el espacio que habita y aquellos que hacen usó de él. Incluso a quienes buscan la libertad en la reproducción de una rutina cálida con sabor a casa.

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