Paso de galerías elitistas

Por Carlos Gil-Vernet Vallés

Galeria ADN a Barcelona
Galeria ADN a Barcelona

Sábado mediodía, una amiga nos propone a mi pareja y a mi visitar algún museo o realizar alguna actividad cultural para cultivar nuestras mentes. Como de costumbre, acepto, y como de costumbre, me toca proponer diversos sitios a los que ir. ¿MACBA? —Propongo— Muy visto, además se tiene que pagar. —Responde mi amiga.— ¡Empezamos fuerte! Necesitamos encontrar un plan alternativo a lo que visitamos normalmente. Hacía tiempo que se me antojaba visitar el Museo Egipcio, pero, como es normal, si a mi amiga le parecía caro entrar en el MACBA, no hablemos del desorbitado precio de la entrada en el Museo Egipcio, se nota que es una fundación privada, hecho del que hablaremos más adelante… Entonces se me encendió la bombilla: propuse ir de paseo por la calle Enrique Granados y visitar las diferentes galerías de arte. Eso era algo gratis e interesante. Paso de galerías elitistas —responde mi amiga—. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué querrá decir con eso de “elitistas”? Con este artículo, intentaré responder a estas dudas y al hecho de por qué a los estudiantes de arte y de diseño no nos vienen a la cabeza las galerías cundo queremos hacer alguna visita cultural.

Analicemos en primer lugar lo que es una galería de arte. Son espacios expositivos que pertenecen al mercado privado, que buscan la compraventa de obra artística. Así pues, creo que ya existe un cierto recelo hacia las galerías de arte por el simple hecho de que pertenecen a un mercado privado. Pero no olvidemos que el mercado privado no tiene por qué ser peor que el mercado público. Es más, muchas veces es el propio mercado privado el que introduce al artista en el mercado público, es el que lo consolida como un creador de calidad al ser conocido, primero, por los galeristas, después por haber recibido buenas críticas, y finalmente, por haber vendido una obra de un nivel suficiente como para que el mercado público se interese por él. En tal caso, las galerías servirían al artista como trampolín hacia el mismo mercado público.

Existen dos tipos de galerías: el primer tipo es el que se denomina “de segundo mercado”, es decir, son aquellas que compran obra en ferias y luego la venden a precios de mercado, sin entrar en contacto directo con el artista. El segundo tipo, a mi parecer más interesante, es aquel que representa y trabaja mano a mano con los artistas, brindándoles un contrato, impulsando su producción y permitiéndoles tener un espacio expositivo. Este es el tipo de galería en el que muchas veces podemos encontrar obra de artistas internacionales que no han llegado a realizar aún un gran número de ventas en el mercado público, pero que sin embargo poseen un reconocimiento dentro del mercado privado. Nos asombraríamos al saber lo interesantes que pueden ser algunas de las muestras organizadas en galerías de Barcelona. No hace falta ir a ARCO para conocer este tipo de mercado y sus creadores.
Así nacieron, por ejemplo, la Sala Parés o las Galerías Dalmau a finales del siglo XIX. Primeros espacios dedicados íntegramente a la exhibición de obras de arte y a su compraventa en la ciudad condal, planteadas como un espacio lúdico o de sociedad para la burguesía catalana.

Por último, ¿qué tipo de público acude a las galerías? Es evidente que el público que acude a ellas es diferente al que frecuenta un museo. El de las galerías normalmente ya sabe a lo que va, lo que va a encontrar en ella y se mueve dentro de los círculos artísticos. Los museos, en cambio, poseen otra función dentro de la sociedad y, al pertenecer al mercado público, poseen otras herramientas de comunicación que los hacen más accesible al público general.
No olvidemos tampoco lo encriptado que puede ser el arte contemporáneo, que ya de por si está orientado a un público determinado, con una educación y una sensibilidad artística que le permita entender las obras que se exhiben. Hace falta algo muy conocido dentro del imaginario popular para que el público más general abarrote las salas de exposiciones. Y eso, normalmente, es solo accesible al mercado público o a las fundaciones privadas que poseen mucho capital y que evidentemente se desmarcan de las pequeñas galerías de arte.
Es el caso, por ejemplo, de la exposición sobre Salvador Dalí realizada el año pasado en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía que batió récord de venta de entradas. O, también, el éxito aplastante que está teniendo ahora mismo el Caixa Forum Barcelona con su exposición sobre Pixard. Evidentemente, las galerías de arte no poseen ni los medios ni los ingresos para llegar a organizar semejantes eventos de tanta trascendencia social. Es solo durante ARCO cuando el galerismo español adquiere una gran importancia dentro de los medios y consigue una repercusión social un tanto mayor.

En suma, y ya para terminar, me gustaría lanzar esta reflexión: ¿Cómo vemos nosotros, los amantes del arte y la cultura, los artistas en potencia, los creativos…, el mundo del galerismo? ¿Cuáles son los prejuicios que tenemos hacia él? ¿Por qué no frecuentamos más a menudo las muestras allí organizadas? Mi opinión es que vivimos sin conocer ese mundo y todas las oportunidades que nos brinda, ya sea como plataformas de conocimiento o como un posible inicio a la venta de obra propia. Tengamos en cuenta, pues, que no todo empieza y termina en el museo o en las grandes plataformas expositivas.

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