El Dr. Jekill y Mr. Hide del Internet of Things

Por Tania Cearreta Innocenti

Imaginar un par de zapatos conectados a un móvil por WiFi nos resulta extraño; una nevera que hace la lista de la compra según tus preferencias parece ficción; y una tostadora que reclama tostar pan resulta casi cómico. Y sin embargo, no sólo son reales estos casos sino que es toda una tendencia; la conectividad entre objetos a través de Internet está despertando el interés de la industria y del ámbito del diseño desde hace unos pocos años.

"Mi Cafetera ha dejado de seguirme" Internet Of Things. Geek & Poke. http://geek-and-poke.com
Geek & Poke, “Mi Cafetera ha dejado de seguirme”, [s/f] Fuente: http://geek-and-poke.com/
El Internet of Things (IoT) o Internet de las Cosas, es un concepto informático que describe la conectividad de los objetos físicos cotidianos a Internet y su capacidad de identificarse con otros dispositivos[1]. Esta conectividad integrada en objetos cotidianos, dispositivos, sistemas o servicios, mediante sistemas inteligentes capaces de hacerse cargo de complejas funciones perceptivas y cognitivas, es posible gracias a la integración de tecnología digital a los objetos y su conexión a la red. El objeto se convierte digitalmente en algo más complejo de lo que es por sí mismo. Ya no sólo se relaciona para cubrir una necesidad; ahora se puede conectar a los objetos circundantes y a las bases de datos.

Por ello, no es de extrañar que en estos últimos años, donde la tecnología se proclama protagonista y se adentra en todos los campos de investigación, esta nueva herramienta haya sido tan bien acogida, sobre todo por las empresas y las industrias de comunicación. Eco de ello es que en el Mobile World Congress de este año, que acaba de celebrarse durante la primera semana de marzo, la gran tendencia ha sido precisamente la muestra del desarrollo y la conexión de distintos dispositivos a través del IoT. Sin ir más lejos, una de las exposiciones que se inauguró el pasado viernes 28 de febrero en Adi Fad dentro del ciclo DEMO, trata del sIoT Down “El internet de las sillas”[2].

Si bien es sabido que tecnología y desarrollo son vocablos que van de la mano, pongo en duda si desarrollo y mejora también lo hacen. La tecnología no siempre ha garantizado el progreso y, por ello, es preciso observarla y analizarla desde una posición crítica; y es que el IoT también posee su Dr. Jekill y Mr. Hide. Tras la irrupción de este nuevo lenguaje es necesario detenerse y elaborar un análisis ético ya que se abren numerosas posibilidades tecnológicas y, con ello, nuevas sinergias entre el ser humano y el dispositivo; entre el humano y la máquina. Resulta interesante observar, por un lado, cómo la tecnología conecta con las visiones del mundo y, por el otro, los desafíos que plantea la tecnología respecto a los valores, las normas, los derechos y el tejido social.

Aspectos como la ubicuidad y omnipresencia, la miniaturización e invisibilidad, la identidad, el big data, la “inteligencia” integrada, la imprevisibilidad, la transferencia continua de información y el control que pueden llegar a poseer dichos dispositivos, son algunos de los problemas éticos sin precedentes que necesitan ser cuestionados. Se calcula que en 2020 habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet en todo el mundo, que crearán una ingente cantidad de datos[3], pero que asimismo, podrían generar nuevas oportunidades de negocio propiciando el panorama laboral,  tal y como el CEO de Cisco admitió el pasado año indicando que el impacto económico que supondría podría ser entre 14 y 33 billones de dólares en 2025.

Más allá de los intereses económicos que poseen las multinacionales y empresas de comunicación para invertir en este suculento campo, al estar todo conectado a Internet, y muchos a las redes abiertas, todo es susceptible de ser hackeado. En este sentido, dentro del problema de la privacidad  habrá que encontrar un balance adecuado entre la intimidad de las personas y los beneficios para la sociedad que resulten del envío de información por parte de sensores y su posterior análisis. No se trata sólo de conocer aún más y mejor al consumidor, sino que todo ello impactará en la oferta de los servicios y productos de las organizaciones y los anuncios publicitarios; no olvidemos que nuestros datos se han convertido en la más preciada mercancía y moneda de cambio. Todo esto se podría traducir en nuevas formas de ganar dinero con nuestra información, e incluso “nuevos” delitos… Otro de los problemas, de índole tecnológica y material, más primaria y básica, es la necesidad de baterías que alimenten todos estos artilugios; y por todos es sabido que las materias primas necesarias para la fabricación de aparatos electrónicos es, desde hace unas décadas, motivo de numerosos conflictos que desgastan y dinamitan el tejido social del Congo. Pero esos pobres negros ahora no nos importan; volvamos al tema.

Pensando en las nuevas ontologías que ello supondrá ¿qué papel tomarán los objetos cotidianos en el día a día? ¿Cómo se reflejará este impacto en nuestra gestión del tiempo o de los recursos? ¿Realmente somos conscientes del potencial que pueden llegar a adquirir? En la era de la conectividad, donde Internet lo inunde todo, nos encontraremos más conectados que nunca y con más facilidades y comodidades que nunca. . Sin embargo, me pregunto si la comunicación y la relación entre personas se verá correspondida de la misma manera. La ficción que plantea la película Her, dirigida por Spike Jonze en 2013, podría ser un muy buen ejemplo de ello.

¿Y si la tecnología e Internet sirvieran realmente para conectar personas de forma eficaz? ¿y si los objetos y las personas pudieran encontrar un equilibrio entre necesidad, comodidad, bienestar y ética? No se trata de generar nuevas y falsas necesidades, ni de hiperconectar nuestro mundo al extremo; es necesaria una reformulación de los procedimientos tecnológicos con el fin de humanizar (que no personificar) y redefinir cuál queremos que sea nuestro futuro próximo. Esperemos no ser testigos de un neoludismo tecnológico; porque ésto tan sólo es la punta del iceberg.


[1] Internet of Things, Wikipedia. <http://en.wikipedia.org/wiki/Inter­net_of_Things>

[2] sIoT Down “El internet de las sillas” es una exposición que muestra los resultados del workshop “Internet of Things: Acción. Reacción. Interacción”, que se ha elaborado con alumnos durante cinco fines de semana y con la colaboración de Jordi Canudas y Raúl Nieves. Una exposición propone una reflexión sobre sobre la conexión de los objetos que nos rodean. <http://demo.adifad.org/siot-down-linternet-de-les-cadires/>

[3] The Internet of Things. Cisco Networking Academy. <http://share.cisco.com/internet-of-things.html>

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