Utopía en 3D

L’Artisan Électronique de Unfold studio

Por Laura Olea y Laura Casasses

“Aprende a construir tu propia impresora 3d y llévatela a casa” rezaba el cartel que se repetía a lo largo de toda la calle. Ya llegó, el futuro ya está aquí. El sueño que Enzo Mari planteaba ya en 1974 se ha hecho realidad. Su manual Autoprogettazione[1] ha sido sustituido por el manual de montaje de este nuevo gadget que cuesta poco más que un smartphone y, como nos anunció el diario The economist en abril de 2012, nos lleva hasta la 3ª revolución industrial.

El proceso de producción se ha visto alterado por la accesibilidad del público mayoritario a una nueva tecnología que nos hace a todos, y desde casa, diseñadores, productores, y consumidores. Los llamados prosumers. Conectados por el gran hito tecnológico de internet, creando una gran comunidad colaborativa y compartiendo información a velocidad de vértigo, hemos activado el dispositivo que nos conduce a mejorar irrefrenablemente la técnica a partir del opensource.

Gracias al código abierto el desarrollo de esta tecnología es continuo y compartido de una manera global. El avance de los modelos de impresora – como RepRap – es en beneficio de todos los usuarios: todos colaboran en mejoras que todos disfrutarán. Estos son los valores sobre los que se fundó en 2001 la red de centros FABLAB, una organización de más de 250 espacios repartidos por todo el mundo, dónde se trabaja en la producción objetos físicos para facilitar la autosuficiencia del consumo a nivel local bajo el concepto de conocimiento global desarrollado por parte de la sección FABacademy. El propio Neil Gershenfeld, profesor del MIT de Massachusetts y padre del FABLAB, define así la potencia de estos nuevos centros de producción[2]:

“Después de todo, la verdadera fuerza de los FABLAB no es técnica; es social. Las personas innovadoras que impulsan una economía del conocimiento comparten unos rasgos común: por definición, no son bueno en seguir las reglas. Para ser capaces de inventar, la gente tiene que cuestionar lo asumido, necesitan estudiar y trabajar en ambientes en los que es seguro hacerlo.  Los centros de educación e investigación más avanzados solo tienen espacio para unos pocos miles de estas personas. Al facilitar ambientes acogedores para los innovadores, donde quieran que estén, la revolución digital hará posible aprovechar una mayor fracción del poder intelectual del mundo”

La facilidad actual de llevar una idea a término de una manera rápida y barata ayuda a perder el miedo al fracaso generado por la presión económica de los métodos tradicionales de fabricación. Las impresoras 3D reducen el riesgo de inversión de cada proyecto y fomentan la libertad creativa. Las posibilidades son ilimitadas: desde fabricación de casas en menos de 24 horas a las nuevas investigaciones en impresoras de comida e incluso tatuajes, además de la importancia que la tecnología ha adquirido en campos como la medicina, dónde se están realizando ya las primeras impresiones con células para la reproducción de partes del cuerpo humano.

Oreja biónica realizada por una impresora 3D

La capacidad de personalizar objetos desde su propia formulación deja obsoleta la fabricación industrial, y con ella los redundantes objetos reproducidos hasta la extenuación bajo el modelo de la modernidad, para sacar a relucir nuestra individualidad. Actividades predecesoras como el Do It Yourself y la customización son sustituidas por la fabricación de objetos por parte de productores amateurs, como los denomina Charles Leadbeater, que han desarrollado sus habilidades creativas y técnicas a través del conocimiento compartido que ofrece internet. “Los monopolios profesionales en el conocimiento, laboriosamente establecidos en el siglo XX, se erosionaran rápidamente en el XXI” defiende en Producción por las masas.[3] 

En esa misma línea, el joven diseñador Tal Erez  afirma en su tesis Design for a new consumer que “el consumidor creativo pide participación en el proceso, y el entorno en línea ofrece herramientas para un diálogo con el diseñador”. Algunos diseñadores ya exploran las posibilidades de este diálogo con el consumidor como es el caso del estudio holandés Unfold con el proyecto L’artisan electronique, en el que el usuario es quien realiza, a partir de un torno digital, cuál será la forma de la pieza que finalmente trae a la realidad una impresora 3D. Con eso, han conseguido diseñar un dispositivo que enlaza los métodos tradicionales, las nuevas tecnologías y la implicación física del consumidor. De acuerdo con Erez, aquí es dónde los diseñadores podrán ser profesionales en el futuro: “en diseñar lenguajes, interfaces de comunicación entre ellos mismos y el consumidor”.

Estas oportunidades que estaban ya planteadas en Autoprogettazione, como la posibilidad del uso por y para cualquier persona, en cualquier parte o para cualquier uso diario construido por el propio usuario pudiendo personalizar cada detalle – en este caso construyendo también, la propia herramienta de producción como es la impresora 3D – bajo las premisas de Mari: “Barato , de alta calidad , de larga duración.”

En la realidad actual, el lema de Mari no se cumple tanto cuando hablamos de dispositivos que aún no han desarrollado un proceso de formulación que permita diversidad de materiales: se puede imprimir con pocos tipos de materiales pero aún resulta más complicado cuando se trata de varios materiales a la vez. Pero no falta mucho para que eso llegue porque, recientemente, investigadores de la Cornell University han imprimido un altavoz completo imprimiendo el plástico y las partes conductivas y magnéticas de una sola tirada, consiguiendo un producto prácticamente preparado para su uso tan pronto como salga de la máquina.

El profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial que dirige el estudio, Hod Lipson[4]explica la complejidad de este avance de los dispositivos: “La tecnología de impresión 3D podría estar moviéndose desde imprimir partes pasivas hasta imprimir sistemas activos e integrados. Pero aún tendrá que pasar un tiempo antes que los consumidores estén imprimiendo electrónica en casa. La mayoría de impresoras no pueden manejar eficientemente múltiples materiales. Es también difícil encontrar materiales compatibles entre sí – por ejemplo, cobre conductor y plástico saliendo de la misma impresora requieren diferentes temperaturas y tiempos de curado”

En esta relación del gran público con la materia prima de una manera muy accesible, surge un problema de sostenibilidad. En el contexto de una sociedad que no termina de concienciarse sobre la importancia de la responsabilidad de los medios de producción, así como de las elecciones como consumidores, y el impacto que eso conlleva con el medioambiente por eso a veces se estigmatiza el uso de esta nueva tecnología, como explica Rachel Armstrong en un controvertido artículo que tituló como La impressión 3D destruirá el mundo[5]:“Es aún más extraordinario para una práctica cuyo plano material se basa principalmente en los plásticos, un compuesto que no le va bien a los ecosistemas, proponer ser “ecológico”. Pero quizás el aspecto más desconcertante de la impresión 3-D es que divertidas figuras digitales formadas con chorros de plásticos, no dice absolutamente nada acerca de la materia.”

Evidentemente, todo dependerá de las opciones que se nos ofrezcan para la impresión en casa. Si bien actualmente se puede ya imprimir en una cantidad bastante variada de materiales, como cerámicas o metales, todo apunta a que los fotopolímeros seguirán representando la mayor parte de la producción, por lo menos hasta 2025.

Hasta ahora, han surgido proyectos relacionados con problemáticas de los recursos de materia prima, desarrollando la tecnología en el camino en el que hace servir un material tan abundante como la arena y usando la energía inagotable que nos ofrece el sol. En este caso se trata de un trabajo del diseñador alemán Markus Kayser que, como es usual en sus trabajos, experimenta sobre la manera de producir objetos.

Es por eso, que en estos mismos momentos, la importancia de una concienciación social a través del conocimiento y la educación construirá el modelo de comportamiento industrial que ocurrirá en el futuro. Actualmente, se están generando las primeras generaciones de personas digitales que han madurado con las herramientas de la era tecnológica y producen a través de esta relación con los códigos. La manera de educar en estos días, será los avances y relación con la creación que obtengamos. “Depende mucho de la educación de los nuevos. Es decir, que siempre tenemos que ver como la primera fila del impacto tiene que ser la primera fila de la educación. Si empiezas desde ahí puedes tener un cambio” afirmaba Anastasia Pistofidou cuando nos recibió en el FABLAB de Poblenou, del que es coordinadora y tutora del Iaac[6]. De nuevo, se trata de las bases del discurso de Enzo Mari: “Si alguien trata de construir algo, aprenderá algo.”

De momento, la propuesta de cambiar el modelo de producción evita el uso del transporte de productos porque el sistema de distribución también cambia. Consigue ponerse al mismo nivel que la divulgación del data global a través de internet a través códigos digitales. El diseñador Francis Bitoni ya se dirige al público de esta manera poco convencional, en la que él vende la información del objeto en digital y posteriormente hay unos parámetros que cualquier usuario puede terminar de definir antes de imprimirlo por su propia cuenta. Aunque no es algo tan alejado de lo que ya hacemos al comprar en páginas web como Ebay o Etsy.

De esta manera, el diseñador aún consigue beneficios de una distribución digital que facilita la accesibilidad al consumidor aunque ello implique riesgos de copia, descargas ilegales y piratería como es la situación actual de la divulgación de la cultura. En el mundo cinematográfico por ejemplo, los productores y distribuidores están en jaque con los nuevos modelos de difusión global por como el gran público consigue disfrutar el producto sin pasar por caja. ¿Sería posible que esa problemática llegara hasta la producción de objetos? ¿Llegaremos a reproducir objetos ya existentes, e incluso icónicos, desde nuestro propio hogar? ¿Ha llegado la democratización de la producción o es solo un entretenimiento más que nos venden en FNAC? ¿Se ha construido el mito de la impresora 3D antes que su propia capacidad de revolucionar la industria y el mundo? ¿Está el mundo verdaderamente preparado para una “3ª revolución industrial”?

 


[1] Autoprogettazione es el concepto que el filósofo y diseñador italiano Enzo Mari propuso con la idea de ofrecer a la gente muebles de alta calidad, diseñados por un diseñador, pero que se podían construir en casa con nada más que un martillo y algunos clavos. El proyecto consistía en un manual, con un total de 19 planos para diferentes tipos de producto, que enviaría a cualquiera que enviara un sobre con un sello y su dirección.

[2] How to make almost nothing. The digital fabrication revolution para la revista Foreign Affairs (Noviembre-Diciembre de 2012).

[3] Charles Leadbeater en Production by the masses [http://www.demos.co.uk/files/File/18_productionbythemasses_demoscollection.pdf]

[4] Hod Lipson, profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial en la universidad de Cornell.[http://www.ferret.com.au/articles/news/fully-functional-loudspeaker-is-first-3-d-printed-electronic-device-n2511528#4Ilti1yYFOs0RiqW.99]

[5] La impresión 3d destruirá al mundo si no aborda la cuestión de la materialidad por Rachel Armstrong (31 de enero 2014) [http://www.architectural-review.com/view/3d-printing-will-destroy-the-world/8658346.article]

[6] En Barcelona, el Fab Lab de Poblenou y el Institute for Advanced Architecture of Catalonia (IAAC) comparten espacios y proyectos retroalimentándose y permitiendo un alto grado de experimentación a los alumnos de sus talleres. El Fablab forma parte del Iaac, una institución privada vinculada con la UPC  que ofrece el master en arquitectura avanzada con varias líneas de investigación: Itelligent cities, Self sufficient buildings, Digital matter, Design with natura y Advanced interaction.

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