Marcel·lí Antúnez: Hipermembrana, provocación performática

Por María Alonso Sánchez y Marinha Díaz Gallego

Máquinas, sexualidad, animación y una cruda representación de las perversiones humanas. Quizá sea esto la punta del iceberg de lo que nos muestra Marcel·lí Antúnez en su segunda fase del proyecto “Membrana”: “Hipermembrana”; proyecto compuesto por tres partes y que tuvo su presentación en Arts Santa Mónica el pasado 28 de Marzo. No podíamos perdérnoslo, y no éramos las únicas. La cola llegaba hasta Colón, el evento no podía tener más expectación.

Fotografía: María Alonso Sánchez

Asimismo, para comprender el trabajo de Marcel·lí tenemos que adentrarnos en su modus operandi, su metodología, o bien, como él mismo lo ha denominado, su sistematurgia. Se trata de un proyecto altamente visual, en el que el sonido, la animación y las imágenes cobran una importancia vital. Estas tres fases y sin duda, su exposición “Sistematurgia”, resumen todo este trabajo de investigación en el arte electrónico y la experimentación escénica.
La instalación está compuesta por una máquina de gritos, un dispositivo de proyección que muestra los rostros de tres personajes a escala 1:1, que emiten diversas onomatopeyas y el dreskeleton, una interfaz corporal de naturaleza exoesquelética vestida por Marcel·lí.

La performance tiene lugar en un espacio escénico dotado de sistemas de audio e iluminación, con una gran pantalla al fondo y limitado en los extremos frontales por otra pantalla más pequeña y por la máquina de gritos. Sin duda estamos ante un espectáculo visual que puede provocar diferentes reacciones a aquel que lo vive, desde el despertar de nuevas sensaciones hasta la más pura repulsa. Se guía al espectador a través de un viaje hacia lo más oscuro y desconocido de las perversiones humanas, todo ello con una figura clave que nos acompaña, el minotauro.
Mediante el mito del minotauro, intenta mostrarnos un elemento reactivo de lo que pasa hoy día, el vivir en una realidad llena de temores y cada vez más cerrada al que vive fuera, un ser de extrañas características a las que el artista dará vida en su performance, tales como la zoofilia, la cópula con máquinas, el canibalismo, el conflicto entre la racionalidad y la animalidad del ser humano o el análisis del monstruo y su infierno.
Y es que tampoco podríamos analizar la experiencia de “Hipermembrana” sin hablar del infierno. Un infierno hostil y desagradable, que no deja de ser el interior psíquico de uno mismo, lo oculto, lo macabro… lo sexual. A simple vista se trata de una serie de secuencias fragmentadas cargadas de grotesca sexualidad o desagradables escenas de zoofilia, unidas a una compleja instalación visual, pero que sin duda necesita un análisis más profundo, que requiere poner la mente en frío y sumergirnos de lleno en la sistematurgia de Antúnez.

Fotógrafo Carles Rodríguez
Fotografía: Carles Rodríguez

Asimismo, en palabras del artista, la “sistematurgia” es el modus o la herramienta que utiliza para la realización y ejecución de sus performances y otras instalaciones visuales e interactivas. Este término nace de la unión entre el “sistema” y la “dramaturgia” y engloba muy bien la esencia del trabajo de Marcel·lí. Estamos a ante diferentes interfaces que son guiadas a tiempo real por el usuario el cual da órdenes y éstas se procesan gracias a la gestión computacional. Esta computación es la que permite el establecimiento de redes entre diferentes dispositivos y facilita la gestión de la complejidad. Se trata de cuestiones que en ocasiones escapan del ámbito digital, como lo es el caso de interfaces corporales que sitúa al actuante en una nueva categoría que funde al actor, bailarín y manipulador de objetos en uno. Sin ningún tipo de duda, estamos ante una revolución tecnológica que Antúnez ha sabido relacionar con el acto teatral.

Nacido en el seno de la Fura dels Baus, Marcel·lí carga a sus espaldas con casi treinta años de trabajo e investigación en el ámbito del arte performático, lo cual le da un prestigio a nivel internacional que queda plasmado en numerosos textos altamente necesarios para comprender su obra.

Tras la experiencia podemos decir que es una obra de indiscutible provocación que necesita un análisis posterior, ya no solo de la propia performance, sino también de la trayectoria artística de Antúnez, para no dejarse llevar únicamente por el shock del contenido visual. Cuesta expresar con palabras la experiencia y solo se puede dar un final abierto y que cada uno saque sus lecturas personales de una performance que hay que vivir y digerir. Pero algo está claro y es que se trata de una experiencia sensorial que sin duda no pasará desapercibida para nadie.

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