La Massana marca

La semana pasada se presentó de nuevo –esta vez ante alumnos y profesores– el proyecto de la futura Escola Massana que se alzará en la Plaza de la Gardunya. Es por ello un buen momento para repasar algunos sucesos que han ido construyendo la identidad de la escuela

Por Laura Olea y Marta Archilés

Justo encima de la puerta de la escuela se puede leer 'Conservatorio Municipal de Artes Suntuarias Massana'
Justo encima de la puerta de la escuela se puede leer ‘Conservatorio Municipal de Artes Suntuarias Massana’

La primera vez que llegas a La Massana. Una experiencia irrepetible. Todos quedan prendados –fascinados o asqueados–, el patio de La Massana marca. Una plaza inundada por la luz y algún resquicio de rebeldía natural flanqueada por los gruesos e imponentes muros de un edificio de la Barcelona medieval[1], separado del resto de la ciudad por dos pequeños pasajes que te devuelven a la realidad de estrechas y oscuras callejuelas que conforman el entramado de El Raval. El viaje en el tiempo es instantáneo, la Barcelona masificada no consigue hacerse oír aquí dentro.

Un refugio de yonkis y usuarios de las bibliotecas que, al igual que en el resto de Barcelona, no puede escapar de las hordas de turistas que persiguen el encanto del casco antiguo. El patio se comparte con el recreo y los descansos de estudiantes de arte que están instalados en este fuerte de piedra desde 1935. “Conservatorio de Artes Suntuarias Massana”. Es el lema que bautiza la puerta principal de la escuela. Entramos.

Saltando en el tiempo, repasamos a continuación algunos sucesos que hablan de la historia de La Massana y cómo se ha ido construyendo la identidad de la misma, tratando de desvelar los rasgos que constituyen su esencia.

Suceso #1
7 de junio de 1926. Un hombre herido e inconsciente llega a las dependencias del Hospital de la Santa Creu, en el corazón del barrio del Raval de Barcelona. Ha sido atropellado por un tranvía. Nadie lo visita ni le reclama hasta el día siguiente. Pero ya es demasiado tarde. Antoni Gaudí muere el 10 de junio, dejando un enorme legado arquitectónico. Con su muerte, el Modernismo catalán pasa a la historia y consolida las ideas novecentistas que tenían como objetivo el generar ciudadanía y ensalzar la cultura catalana surgidas de la alta burguesía en la segunda década del siglo XX.

Cinco años antes, en 1921, moría Agustí Massana i Pujol[2]. Filántropo, mecenas y coleccionista. Tacaño como el topicazo, de aspecto peculiar y sin descendencia. Un friki de la época. Pero catalán y burgués, a fin de cuentas. Como última voluntad, mediante la donación de 500.000 pesetas al Ayuntamiento de Barcelona, quiso que se fundara una escuela de Artes y Oficios para formar a jóvenes hijos de obreros. Aquella burguesía había sentido la necesidad de crear una escuela catalana de artes aplicadas, para contrarrestar la influencia que tenía el Estado sobre la escuela Llotja, siendo considerada por los novecentistas como clasicista y caduca[3].

Este clamor cristaliza en la fundación de la Escola Massana el 14 de enero de 1929, que nace como idea tardía de este movimiento. La escuela contó con un gran apoyo por parte del poder republicano durante los años 30. La situación cambió durante el franquismo. En época de dictadura la escuela fue, para muchas familias, imagen de una cierta resistencia cultural, aunque pueda parecer paradójico. Y es que, durante largo tiempo a La Massana le ha perseguido el estigma de haber sido una escuela católica, retrógrada y complaciente con el régimen de Franco. Se producían obras de temática religiosa acatando la situación del país. Todo intento por mantener el centro abierto era aceptado.

La Massana nació para educar a los hijos del proletariado creciente de la ciudad, confluían personas sin recursos que –pasando las pruebas de acceso– eran admitidos de manera gratuita junto a personas más pudientes. La situación geográfica de La Massana también provocó la llegada de gente de clase media. Algunos con más poder adquisitivo, otros de más modesta renta, pero de manera equilibrada. Por este motivo siempre la institución ha intentado ofrecer una educación a precios públicos, accesibles a la gran mayoría –cosa que en la actualidad no es un objetivo cumplido–.

Suceso #2
Septiembre de 2010. Todo está listo para que lleguen los nuevos estudiantes. En esta ocasión, entre sus filas se cuentan universitarios de pleno derecho. Son la primera promoción. El sueño que comenzó ya en 1963, con un plan educativo centrado en la interdisciplinaridad. La búsqueda de conexiones entre departamentos ha sido siempre una de las claves del valor diferencial de los proyectos massaneros. La Massana tiene potencial de síntesis de la creatividad, independientemente de cuál sea la materialización.

Hijos de esta filosofía son los vigentes estudios de grado universitario, cuyo predecesor, el graduado, nació con un gol colado desde la escuela al Ayuntamiento y aprobado en un pleno municipal como única alternativa que autorizaba su puesta en marcha. “Fue un invento chiripitifláutico”, nos dice el profesor Jesús Ángel Prieto[4]. Se salieron con la suya después de tratos semiclandestinos con la Universidad Autónoma de Barcelona, entidad que expide ahora los títulos universitarios oficiales que comulgan con Bolonia, a la cual La Massana está vinculada como centro adscrito.

Como explica Jesús Ángel Prieto, “Ir a contracorriente de las administraciones nos ha ayudado mucho”. Mantiene la escuela viva, con ganas de mejorar lo que no funciona, pero es lento y burocráticamente exasperante. Se trata de un centro singular por su condición de escuela pública en tanto que la titularidad del edificio la tiene el Consorci d’Educació del Ayuntamiento de Barcelona, quien regula además la educación secundaria. Sin embargo, de la vertiente universitaria se hace cargo la DGU (Direcció General d’Universitats), dependiente a su vez de la Generalitat de Catalunya. Poderes que confluyen en esta escuela que trata, incansable, de lidiar con unos y otros para evolucionar.

Asimismo, la escuela sigue firme en su voluntad de escuchar a toda la familia massanera en sus decisiones. La cantidad de departamentos dentro del profesorado y responsabilidades extracurriculares que adquiere el alumnado y la plantilla docente en relación a la escuela son la prueba más certera de ello. Esta especie de falsa horizontalidad hace a veces su desarrollo muy poco ágil, pero permite que el propio alumno, a través de encuestas, reuniones e informes al claustro y a dirección, pueda comunicarse y ser parte activa de los cambios y mejoras de la escuela. Un método que desarrolló Francesc Miralles[5] y que sigue funcionando. Lo saben muy bien los alumnos que aún pagan los platos rotos de ser la primera promoción del Grado. Conejillos de Indias, les llaman todavía. La desorganización de la escuela les ha pasado factura. Con todo, pueden tener la seguridad de que su contribución está siendo de capital importancia para las futuras generaciones.

Suceso #3
La Massana ha defendido desde su fundación un modelo de educación en el cual el alumno es el centro de la pedagogía. El primer director de Massana, Jaume Busquets[6], declaraba en la memoria presentada a la Junta del patronato de la escuela de diciembre de 1931 que “el profesor debe ponerse al servicio del alumno, por mucho que no le guste el proyecto de éste” con el objetivo de dar la máxima libertad y considerar al alumno como un verdadero artista. Esto quedó para siempre en el ADN de la escuela. La única manera de que el alumno sea el centro de la pedagogía es siendo cercano. Se les trata como adultos, de igual a igual, lo que genera un ambiente familiar que termina en la creación de vínculos muy fuertes, eliminando fronteras jerárquicas y academicismos.

Son ya legendarias algunas de las actividades, muchas de inspiración bauhausiana, que se hacían fuera de las aulas: fabadas asturianas al son de gaitas, fiestas de la primavera, conciertos de navidad, cenas de profesores en las que cada uno lleva su propio sombrero o las ediciones de arte que crea cada año un profesor distinto para regalar al resto de docentes de la escuela.

Quien entra aquí queda abducido por la institución y el espíritu massanero. Hay muy pocos que no sientan que pertenecen y participan de forma activa de este gran engranaje a veces torpe que es la Escuela. Los más acomodados en ocasiones temen que la entrada de nuevas gentes marchite su esencia. Pero La Massana, en tanto que ente, puede con todo. La Massana te cambia. Te cambia por su historia, por inercia del claustro y su manera de hacer, pero sobretodo por inercia del propio alumno.

Suceso #4
Año 1986. Habían sido años difíciles a pesar del reconocimiento estatal en los años 60. Pero fue el premio al esfuerzo de renovar la estructura pedagógica y administrativa de la Massana la que reimpulsó la escuela haciéndola ganadora en el certamen de la Italia’s Cup en 1986. Compitiendo junto a candidatas de la talla de Hockscule für Angewandte Kunst de Viena, University of Industrial Arts of Helsinki, la Universitat Gesamthochschule de Essen o la Isia de Firenze; La Escola Massana demostró saber diferenciar lo esencial de lo prescindible a lo largo de su crecimiento como institución.

Este reconocimiento no pilló por sorpresa a muchas personalidades de alto rango institucional y político de toda Europa, que ya habían entrado en contacto años atrás con las producciones de La Massana por haberse convertido en un emblema en las relaciones diplomáticas de la ciudad de Barcelona, que las ofrecía como presente. Manufactura se le llamó al espacio que Miquel Soldevila[7] abrió para que los alumnos realizaran encargos para el propio ayuntamiento. Una manera de profesionalizarse con demanda real, remunerada, que revertía en ingresos también para la escuela.

Son algunos galardones como estos los que hacen que ya en los años 90, la escuela contara con un 14% de estudiantes extranjeros –sin contar las becas Erasmus, instauradas con el Graduado y en respuesta a escritos de varias universidades europeas que deseaban hacer intercambios con La Massana– que generan un beneficio para la diversidad de la escuela aparte de mayor proyección internacional. Este talante intercultural llevaba siendo cultivado desde la época de Soldevila y Artigas[8] que atrajeron en los años 50 hasta a alumnos asiáticos a las filas de la escuela sólo porque deseaban ser alumnos suyos.

El prestigio con el que contaba, hacía de La Massana un representante de Cataluña en el mundo, manteniendo la importancia en el trabajo y la humildad heredados del bien hacer de los oficios, de la experimentación e innovación a través de la investigación y la preocupación por lo funcional y social en un diseño aplicado que le valió a la Escuela estar entre las ocho mejores universidades de diseño de Europa según la revista italiana Interne.

Aunque la popularidad de la escuela no era nueva ya que unos años antes había disfrutado de un gran protagonismo mediático gracias al ex alumno y posterior profesor Ramón Pujol Baladas, conocido como “el falsificador”. Llegando a ser protagonista en reportajes propios en prensa como la revista Semana o una editorial en El Periódico en marzo de 1983 por el escándalo de unas obras de “inspiración daliniana” que fueron vendidas en varios lugares del mundo como obras originales del pintor de surrealista. Pero esta mala prensa no mancharía el buen nombre de la escuela. La prueba del reconocimiento internacional descansaba en la repisa.

Suceso #5
14 de enero de 2014. Se huele a chocolate desde la calle Hospital. Gente de todo el barrio se acerca buscando un vaso del humeante chocolate que se ofrece para caldear esta tarde de enero. Mientras, en el pequeño escenario montado para la ocasión, Gemma Amat –la actual directora- habla del referente que ha sido – y es – La Escola Massana a los largo de sus 85 años de historia. “Proyectando la ciudad desde Raval al mundo” declara delante del público asistente: ex alumnos, antiguos profesores, representantes del ayuntamiento de Barcelona y demás políticos junto con personajes de la cultura de la ciudad y vecinos del barrio. Reencuentro de personalidades de todos los ámbitos de la escuela, diferentes generaciones al cobijo de los viejos muros del Hospital de Santa Creu para homenajear una entidad. Como escribió Marina Subirats[9], ésta no es sino “una institución compleja que, por algún motivo, transciende a su espacio estricto” contaminando su alrededor para ser continente y contenido a la vez. Y siendo contaminado por este.

Durante los 80 años que La Massana ha residido en El Raval, se ha conformado un vínculo en el que ambos se enriquecen. La singularidad y diversidad del antiguo Chino es estímulo constante en el carácter intercultural de la escuela, que se inserta en las actividades del barrio de una manera activa y participativa. Sin duda, el territorio es un factor importantísimo en la conformación de identidad de una institución. La Massana, enmarcada en Cataluña, la ciudad de Barcelona y dentro del barrio del Raval, siempre ha sido parte activa del contexto en el que se encuentra, entendiéndolo como una relación de reciprocidad que aporta un carácter de utilidad social al arte, el diseño y la artesanía.

Es un hecho curioso que uno de los temas recurrentes por los cuales la escuela ha sido noticia en la prensa desde su nacimiento es su emplazamiento. La Massana siempre ha crecido más rápido de lo que el municipio ha podido gestionar. Se habla de que tendrá un edificio de nueva planta construido especialmente para ella desde antes de los sesenta, y ahora ya es un hecho con el monstruito proyectado por Carme Pinós[10] en 2008.

Al parecer, finalmente el Ayuntamiento le da luz verde, habiéndose comprometido Trias a que las obras iniciarán lo más pronto posible. La Tierra Prometida. Veremos si las palabras no se las lleva el viento. Atrás quedaron ya, eso sí, y para alivio de muchos, los viejos rumores del traslado de la escuela a otro barrio, cuya negativa desde la Escola Massana siempre lo imposibilitó. La relación de la escuela con El Raval es un hecho inalterable. De ahí la cercanía del nuevo emplazamiento, en la Gardunya. Cerca pero diferente. Nuevo pero no extraño. La Massana del mañana no está lejos.


[1] Hospital de la Santa Creu: un conjunto iniciado en 1401 para centralizar los 6 hospitales de Barcelona. El gran hospital de Barcelona hasta que en 1929 se trasladaron todas sus dependencias al Hospital de la Santa Creu y de Sant Pau. Actualmente contiene la sede de la Biblioteca Nacional de Catalunya, la biblioteca municipal de Sant Pau-Santa Creu y la escola pública La Massana.
[2] Agustí Massana i Pujol (1855 – 1921) Hijo del pastelero que reinventó la tradición de la mona de pascua llenándola de figuritas de chocolate que por su fortuna se pudo permitir coleccionar un gran número de grabados y temas de indumentaria y artes suntuarias que donó al Ayuntamiento de Barcelona además de el legado para crear una escuela de Artes y Oficios. A su herencia y apellido le debemos el nombre y la fundación de La Massana.
[3] Vean: Folch i Torres, L’Escola dels Bells Oficis dentro de “Página Artística” en La Veu de Catalunya, 18-07-1912.
[4] Jesús Ángel Prieto (1955) Cineasta, documental de autor. Profesor de La Escola Massana, especializado en teoría de la imagen, del arte y del diseño, dirigió la escuela desde el año 1993 hasta el 2000. Preparó el terreno para la impartición del Graduado en la escuela.
[5] Francesc Miralles (1940) Crítico e historiador del arte que fue director a partir del año 1979. Se volcó en fomentar líneas ya existentes en la escuela: mejorar las relaciones del claustro para una mayor comunicación entre alumnos, profesores y personal administrativo, creando un centro de debate para la vida escolar y así unificar la escuela; creó una estructura de coordinadores de sección o especialidad que tomaban decisiones en el plan de estudios. Uno de sus objetivo fue hacer más hincapié en el carácter multidisciplinar de la escuela a partir de generar un plan de estudios que partía de un curso de asignaturas comunes y que el resto se desarrollaba a partir de talleres y el trabajo experimental del alumno.
[6] Jaume Busquets (1903 – 1968) Pintor y decorador, considerado discípulo de Francesc d’Asís Galí –de él heredó – fue el primer director de La Massana. Sentó las bases de lo que la escuela desarrollaría durante más de 85 años. Construyó un buen plan de estudios que consideraba el arte de una manera amplia para que el alumno se sintiera libre de experimentar y enriquecer sus conocimientos de varias disciplinas. Actualmente, la Escola cuenta con una sala de exposiciones con su nombre.
[7] Miquel Soldevila (1886 – 1956) Pintor y esmaltador que entró en la escuela para generar un taller de esmaltes al que asistían en su mayoría mujeres. Era la época del Art Déco, los esmaltes eran muy valorados. Se encargó de la dirección del centro durante 14 años, desde 1940 hasta 1956, en el cual desarrolló los conocimientos técnicos de los oficios artísticos y añadió especialidades como pintura, escultura y cerámica a parte del nuevo espacio dedicado a encargos del propio ayuntamiento, llamado Manufactura. Durante este periodo la escuela comenzó a tratarse como “Conservatorio municipal de artes suntuarias Massana”.
[8] Josep Llorens i Artigas (1882 – 1980) Ceramista catalán de gran proyección internacional. Amigo del pintor Joan Miró, colaboró con él en sus obras más célebres. Se convierte en profesor de cerámica en la Escola Massana en 1941.
[9] Marina Subirats (1943) Socióloga, gestora pública y política catalana que escribió el texto de apertura del libro conmemoración de los 75 años de escuela titulado “Portes endins”. En él, describe la escuela como un ser complejo que tiene vida propia y aunque se encuentra unido “nunca la cabeza tendrá consciencia de la espalda ni el estómago de la rodilla pero ninguna de ellas tiene sentido sin el resto”.
[10] Carme Pinós (1954) Arquitecta catalana. Gana el concurso para la remodelación de la Plaza de la Gardunya en la cual tendrá cabida el nuevo emplazamiento de La Escola Massana. Proyecta una plaza que evita el carácter enfrentado o cuadrangular muy común en las plazas para trabajar a partir de los flujos de gente que transita por la plaza. A partir del 2000, con José María Vidal como director de la escuela, trabaja junto la escuela en el diseño del edificio nuevo para que resuelva todos los problemas que ahora tiene la escuela en el antiguo edificio del Hospital de Santa Creu.

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