Grandes santuarios para la humanidad (I)

El dominio del arte en nuestra esencia y el dominio de la vida sobre el arte. Un recorrido por los logros del arqueólogo e historiador francés André Leroi-Gourhan

Por Juan Pedro Flores

Pintura rupestre de un bisón en las paredes de una caverna prehistórica.
Pintura rupestre de un bisón en las paredes de una caverna prehistórica.
Después de una larga y agotadora sesión de caza el grupo vuelve al campamento. Se encontraba ante una cueva que parecía ser un buen refugio para todos ellos. Todos parecen contentos, portan entre ocho el “trofeo”, un gran bisonte de unos 800 kilos. Aun así, es perceptible en sus fornidos cuerpos el tremendo agotamiento de un día más que duro. El gran Sabio les esperaba junto a una hoguera que, a medida que el sol iba cayendo, cobraba más fuerza; junto a él, tres crías que parecían jugar inocentemente.

Cuando llegaron todos, indicó el lugar donde debían dejar la pieza y mandó a uno de ellos a despellejar y a extraer la vísceras pertinentes, los demás, tras presentar sus respetos ante el Gran Sabio, fueron a refrescarse al río que se encontraba justo al lado. Tras unos momentos, el olor celestial de la carne a la brasa hizo avivar los cuerpos distraídos y cansados, los sacó de la gozosa nube del ocio para llevarles ante su premio, aquel instante en que es más fácil sentirse noble ante la vida, y no justo en ese momento en el que se gana o pierde, es la acción la que llena, al menos el estómago. Todos corrieron alrededor del fuego, donde ya estaba a punto el gran festín.

Aouong, un espécimen flaco y de enormes ojos que, pese no haber aportado más que su presencia en la consecución del objetivo, en las filas más retiradas del pelotón por supuesto, tenía mucha hambre. Su mano fue a parar inconscientemente a la carne, aun sabiendo que se saltaba el protocolo establecido. Realmente tuvo mala suerte, fue a sentarse al lado del autor de la caza de ese día, un impertinente simio más que humano, un bestia que al ver que hacía semejante profanación, arrancó de un mordisco una parte de la oreja del joven. El más fuerte de todos, que se situaba en el lado opuesto del perímetro, saltó por encima de las brasas y la comida para propinar un golpe al violento agresor, tal golpe lo extrajo por unos instantes del corro que formaban todos.

Sangrando a borbotones, los chillidos de Aouong fueron cuchillas para cualquiera que tuviese algo de compasión, éstos, agudos y penetrantes se perdieron en la cueva a medida que las ondas de sonido retumbaban distorsionadas y se apagaban en la profundidad. Se puso a llorar contra una pared dándole severos golpes a la roca que, sin duda, tuvieron que haberle hecho daño. Una hembra de avanzada edad entró para curarle con unas hierbas que el Gran Sabio le había dado, encendió la hoguera situada en el interior con una palo que le hizo de antorcha.

Al iluminarse todo, vio que la benevolente compañera traía consigo un pedazo de carne, se lo entregó y procedió a la desinfección de la mordedura y a cortar la hemorragia que no paraba por sí sola. El hambre arrebataba a su conciencia cualquier sensación ajena a aquel pedazo de muerte, a aquel pedazo de vida… cuando se hubo acabado, notó que se había quedado solo. Estaba ya relajado, nutrido y caliente al lado de la fogata, se giró y vio algo que no comprendió durante un breve periodo de tiempo, su sangre en la pared.

Los demás entraron haciendo mucho ruido y se recostaron en el interior de la caverna, el más fuerte de ellos, el pacificador del enfrentamiento anterior, comenzó a dar golpes en una especie de tambor hecho de piel de bisonte. El ritmo hipnótico y el ambiente cambiaron drásticamente, parecían haber hecho acto de presencia los más dóciles espíritus de la cueva sagrada, una hembra preciosa ofreció al resto una melodía producida por una flauta hecha de hueso, que por la forma parecía tratarse de un fémur humano. La música y la consciencia duró lo que duraron las mentes cansadas de los músicos, pero una mente se mantenía prendida como ninguna otra hasta ese instante, al fondo de la gruta, mirando la pared iluminada por el fuego.

El estado de aquel ser que ahora pensaba con una vitalidad poderosa, llevó sus manos a las hojas curativas de su oreja y se las quitó, provocándose de nuevo la hemorragia. Usó de nuevo la sangre para expresar sobre la roca, pero esta vez tenía bien claro lo que debía pintar. Al rato de estar metido en pleno proceso, ¡¡¡¡¡PLASSSSS!!!!!, le llovió una hostia por la espalda que le pareció sagrada. Al girarse, sin saber muy bien por qué lo hacía, se sorprendió al ver al sabio, que recogió las hojas y se las colocó de nuevo. Le ordenó que le siguiese. Al salir al exterior, aún se podían apreciar las ya débiles brasas de la comilona. El viejo le señaló un charco de agua, al ver que no entendía, el sabio se agachó e hincó su arrugada mano en la arcilla roja que reposaba bajo el agua turbia. Ahora sí, el principiante pintor entendió el mensaje mediante el color.

Antes de entrar de nuevo en la gruta, el sabio pasó su mano por la corteza de un árbol, recogiendo en su mano la resina que resbalaba eterna. El artista vio que la resina era la clave para conseguir el producto ideal para pintar. El anciano se fue a descansar y el joven artista pasó el resto de la noche pintando. Cuando agotó la pintura, se dirigió hacia el exterior en busca de más. Al salir, ya se podía apreciar cierta claridad en el día, pero el se fijó en un hueso que había al lado de las cenizas. Comenzó a roer los restos, pero no se dio cuenta de que su mano, de nuevo inconscientemente, iba a parar a las cenizas .

Tras tiznarse los dedos de un color negro profundo y después de meditar cierto rato hasta dejar caer el hueso, volvió al trabajo procediendo de la misma forma con la resina. Se daba cuenta del efecto de la oscuridad en la imagen, ese tono oscuro son las sombras o el cabello que se mueve con el viento, las mismas sombras que hacen aparecer los cuerpos y las cosas delante nuestro y la misma profundidad donde perderse. Sonreía pensando que esa era su forma de cazar, el Gran Sabio le había dado su beneplácito (y una hostia, por cierto). Ya lo tenía aquí con él, “sin sangre derramada”. Se sintió orgulloso de su acto por fin, salió a despejarse y observó que el fuego aún se mantenía vivo.

Mientras se lavaba la cara en el río, un grito estremecedor le sobrecogió, sus compañeros abandonaban la cueva como si un diablo estuviera dentro. El gran cazador y agresor despiadado, protagonista nefasto en el día anterior, cogió su lanza y volvió al interior. Se escucharon tres o cuatro golpes, tras lo cual se observó como el cazador salía con cara desencajada debido a la tremenda confusión que reinaba en sus sentidos.

El Gran Sabio procuró calma y, acto seguido, proclamó a Aouong “algo que no sabían muy bien como llamar”, pero que hacía conectar con los más profundos misterios del ser humano, con los espíritus y con los dioses. Pronto no será el único que pintará en las cuevas y grutas, el hombre con su arte de cada época necesitará un nuevo espacio vital en el que proyectar su identidad más allá de su propia vida, a partir de aquí nacen los santuarios eternos de la humanidad.

 
«La técnica es al mismo tiempo gesto y herramienta, organizada en cadena a través de una auténtica sintaxis, que da, a la vez, a la secuencia operativa, su estabilidad y su flexibilidad»
André Leroi-Gourhan (1911-1986)

Uno los logros del etnólogo, arqueólogo e historiador francés André Leroi-Gourhan fue introducir el método científico para interpretar el Arte rupestre paleolítico. Responsable del concepto científico de Cadena Operativa, método muy útil para organizar datos arqueológicos, aunque también lo es para rellenar vacíos de información. Del mismo modo, nos ofrece la posibilidad de coordinar los esfuerzos de múltiples disciplinas auxiliares (arte, historia, arqueología, antropología, sociología, arquitectura, ciencias relacionadas con las nuevas tecnologías, etc.), coordinando la labor de cada una de ellas en una investigación concreta.

Pero este autor había llegado ciertas conclusiones con respecto a la relación de las pruebas descubiertas y el hilo conductor que las unía[1], una hipótesis crono-estilística basada en una visión del arte prehistórico conformada por una sucesión de estadios (estilos) organizados “del más simple al más complejo”, una línea única del tiempo que ensarta a todo el arte occidental de un trazo. Muchos desde un primer momento se opusieron, tampoco fue de extrañar puesto que el propio autor aconsejó no ver en esta hipótesis conclusiones demasiado rígidas sobre el progreso o la evolución del arte, ya que se trataba de un marco temporal demasiado grande para la información y la tecnología disponible.

Fueron varios los descubrimientos que refutaron esta hipótesis y algunas otras presuposiciones. El más importante de ellos fue en 1994 en las cuevas de Chauvet, junto al río Ardèche (sur de Francia) por los espeleólogos Éliette Brunel-Deschamps, Christian Hillaire y Jean-Marie Chauvet, de quien tomó el nombre finalmente. También es interesante la aportación del arqueólogo francés Jean Clottes. Se desvelaban al fin las pinturas más antiguas de la historia de la humanidad, pero no fueron las más simples como se tendía a pensar, más bien al contrario.

Según las pruebas que ofrece la datación por radiocarbono existieron hasta dos ocupaciones distintas en aquella enorme gruta, curiosamente, el grupo o sociedad que vivió durante el periodo más antiguo, la era Auriñaciense (hace unos 32 900, fecha de la obra más antigua descubierta) fue la que realizó todas la obras pictóricas. Entre estas obras se puede observar también la gran cantidad de animales representados, pero no tan sólo los referentes a sus actos de caza, como por ejemplo bisontes, caballos, ciervos… sino representaciones de depredadores como leones por ejemplo. La era Gravetiense, que ocupó la cueva hace unos 26000 años tan sólo nos deja las huellas de un niño.

Otro descubrimiento como el de la “Grotte Cosquer”(1991), también desmontaba la idea de Leroi- Gourban de que los humanos pre-modernos comenzaban a pintar en las entradas y proseguían hasta las profundidades. En ambos ejemplos, tuvieron que ser descubiertas por gente preparada para adentrarse en espacios peligrosos y a la vez delicados, ya que podían estar borrando parte del legado histórico con sus propios rastros. Tras digerir semejantes cambios de dirección en el análisis y después de la insatisfacción que produjo esta hipótesis y sus imperfecciones, se llegó a la conclusión de que habíamos llegado a una nueva etapa en el estudio del arte prehistórico, la era post-estilística.

Promovida por la idea de que los datos técnicos actuales hacen posible determinar los intervalos o las secuencias estilísticas, esta nueva situación deja al descubierto la necesidad de hacer arte por parte de las sociedades, de forma inconexa, todos esos grupos sintieron la necesidad y tuvieron la voluntad de trascender en sus vidas, algunos con de una forma más compleja o más simple. Esas vidas pasaron de parecerse a la vida que llevan los animales (comer- no ser comido – defecar – dormir – soñar – procrear), a otras formas de vivir más modernas reduciendo el tiempo dedicado a esas necesidades fisiológicas y así dejando espacio al pensamiento y a la conciencia. Las múltiples revoluciones técnicas nos hacen llegar a poder disfrutar de ese preciado tiempo que antes consumía “lo vital evidente”, las representaciones artísticas como la música o el arte visual, no fueron más que lo que ocupó ese espacio que no podía acabar de ocupar el pensamiento. por sí solo.

El espacio del descanso y el del ocio aparecieron como una misma cosa ante la reducción de lo vital evidente. No seré yo el primero que diga que el sueño (onírico) es un entrenamiento inconsciente/consciente que nos prepara para la acción diaria, nos enfrenta a nuestros miedos y deseos. Por eso el arte, en mi opinión, siempre contempla cierto tipo de humillación, porque nos hace aprender, aunque no exista nadie que pueda corroborar ese aprendizaje, es una simple conexión (conocimiento de existencia) entre existencias más que una adquisición simple de información enfrentada al mundo físico (ciencia lógica) o al de las ideas (filosofía). Las 3 mayores humillaciones al egoísmo humano a lo largo de su historia son: Que la Tierra no gira alrededor del Sol (Copérnico), Que procedemos del mono (Darwin) y la revelación del inconsciente (Freud). Lo que quizás hable más del egoísmo humano y la egolatría, es que el tercero de ellos fue el que pronunció tal enumeración, ¡Freud se estaba autodenominando humillador de la humanidad con su teoría, por tanto, también de sí mismo!

Las armas y el fuego proporcionaron el ocio, una efectividad mayor en la caza dio paso al espacio de pensamiento que sólo hacia que reinvertirse en técnica, que a su vez, daba más espacio para más pensamiento… luego también produjeron la esclavitud y la jerarquía de clases (tecnología y conocimiento técnico como arma social). El arte siempre estuvo presente (y siempre será el arma social más poderosa), el arte siempre son aquellas respuestas que nos esperan cuando dejamos de contar años, tuvo que estar al servicio de la Religión hasta ser lo suficientemente “hombres o mujeres” para enfrentarnos al vacío que nos constituye dentro de este mundo; también, más recientemente, es capaz de interceder en el territorio político-social y difundir pensamiento y cultura, gracias a las nuevas formas de arte social y, de nuevo, también gracias a las nuevas tecnologías. El arte son esos aspectos nuevos de la vida “que falta afrontar del todo más tarde, pero cuanto antes mejor”, los cuales determinarán como somos y acabarán por señalar aquellos trapos sucios y triunfos con los que se nos reconocerá más adelante.

¿Cuales han de ser los factores que determinen un oficio, que basa su forma en lo que se está produciendo en la actualidad? Es un tipo de “investigación conservadora” que lo contrapone todo, ninguna de las otras ramas del conocimiento opera a este nivel de extravagancia ni de suprema repercusión. Hablamos de un nivel en el que todo lo demás es explicado desde este prisma, el punto de unión entre elementos intangibles. ¿Por qué sólo nos queda el arte para examinar su cultura que, de algún modo, es la nuestra?

Porque el humano pre-moderno dio el paso hacia la separación de este mundo y el otro, el paso elemental de la consciencia, de una vida hizo dos, una para vivirla sencillamente y otra para hablar-pensar-disfrutar-reflejar la primera. Lo único de lo que podemos partir son, los restos de sus cuerpos y de sus objetos artísticos. Los egipcios fueron los mejores, juntaron ambas y construyeron sus propias cuevas, que fueron sus tumbas por largo tiempo, hicieron de sus cuerpos, sus santuarios. Esto puede significar que al no poder retener la vida (los Neandertales ya sabían que iban a morir) quisieron que su identidad perdurase más que ellos, quizás sin preguntarse siquiera: – ¿Cuánto tiempo permanecería eso allí, si lo vería alguien aparte de ellos mismos, o incluso, si ambas preguntas significaban lo mismo a fin de cuentas?

Es curioso como al decir “era Post-estilística”, lo importante en este ámbito del arte, es que el foco de la historia se parte en dos líneas, una sobre “lo descubierto” y otra que se refiere a la actualidad de las conclusiones, que no sólo circula en el tiempo, sino que lo hace en base a su dominio y consciencia de su propio tiempo, para poder así llegar a conocer más allá de su tiempo. El pintor piensa en como verá su cuadro una generación futura, quizás no humana incluso, pero el estudioso del arte, en representación del conocimiento colectivo de su tiempo, construye el puente hacia aquel misterioso pasado con “todas sus armas”, principalmente la tecnología y la intuición, a partir de cualquier mínimo vestigio.

El arte conceptual, involucrando a la filosofía, ha intentado sugerir la desaparición total del objeto artístico, pero incluso si se dice que es por ir en contra del capitalismo y la posesión del objeto, matar al objeto podría ser el fin del arte en sí mismo. Al poderoso que le interesa el arte como valor económico, tan sólo quiere la atención de los demás que consigue gracias al valor cultural de lo “poseído”, a quien más daño hace “la muerte del objeto” es al patrimonio cultural, y a los que ponen la atención más honesta sobre el arte. La cultura es el elemento más preciado, sobretodo para el que no posee muchas riquezas.

Esta idea de extinción del objeto puede irnos muy bien de cara a nuestra sociedad, en el mejor de los casos, pero anula una de las funciones básicas del arte, nuestra identidad en el tiempo. Los registros son meros parámetros comunicativos que sólo señalan la información concreta si estás involucrado, por sistema, en ciertos patrones culturales. El oficio del artista es también desentrañar esas forman que expliquen más allá de la comunicación. Este es el mismo esquema que dibuja el espectador respecto a la obra, por muy contemporáneos que sean artista y espectador. La psicología-biología de la visión también nos indica este esfuerzo del “ver”; en arte, no sólo ofrece el artista, sino que lo hace con la misma fuerza el ojo del espectador, que crea el camino hasta el objeto.

He querido viajar tan lejos y de una forma tan dramática para intentar captar el propio significado de hacer arte, de ver como no importa la lejanía para sentirse tan distante de algo. La historia inicial, pese a ser ficción, posee varios elementos ciertos, o que se creen que son ciertos, pero intento darle con este tono la sensación de que el arte pudo surgir de cualquier grupo en los que se dividió la especie, no como algo casual sobre lo que construimos, más tarde, nuestra cultura o nuestro arte de hoy, sino que es algo inherente al ser humano, la representación se convirtió en una necesidad que nos ha dado forma. Tanto es así, que con el paso de los siglos nos hemos dado cuenta de que no contamos con nada más que nuestras representaciones. El arte siempre ha sido y será una contraposición de estados incomprensibles de lo que somos y fuimos, un oficio incómodo y glorioso hasta para el inexistente.


[1] «Cronología del arte paleolítico». [Actas del VI Congreso Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (Roma,1966)].

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