Arte en el laboratorio

De cómo el Arte y la Ciencia han convergido a lo largo del siglo XX y en la actualidad

Por Marina Sablotni y Núria Gómez

L'home de carn
L’home de carn, 1992. Marcel·lí Antunez Roca.

Al final del pasillo, dentro de una vitrina, yace sentado un hombre con piel de cerdo. Te mira esperando que te acerques y, como hizo Mary Shelley con su Moderno Prometeo, dotes de vida un cuerpo inerte con el poder transformador de la electricidad. L’home de carn es sólo una de las instalaciones que se pueden encontrar en la actual exposición Sistematurgia en el centro Arts Santa Mònica, una ontología del artista catalán Marcelí Antunez Roca. La muestra es una recopilación de sistemas computacionales que evidencian el imaginario pretenciosamente feísta del autor, pero que al mismo tiempo, llevan al límite el diálogo permanente entre el arte y el descubrimiento científico y tecnológico en la actualidad.

Aparentemente actividades humanas antagónicas en su condición, la ciencia y el arte, son en esencia lo mismo: interpretaciones de la realidad. Si bien es cierto que la condición científica quiere comprender la realidad a base de encontrar similitudes entre cosas o eventos inicialmente diferentes, y que el arte se dedica a observar el mundo intentando destacar la diferencia en medio de lo aparentemente igual, las dos esferas tienen en común que son un constructo de la humanidad.

Así pues, como afirmó Bruno Lautor, filósofo, sociólogo de la ciencia y antropólogo francés, en su ensayo Laboratory Life (1979), “el arte y la ciencia se encuentran y convergen en el método de construcción social.”

Bruno Latour se refiere a que nuestro concepto de modernidad se basa en la diferenciación entre las esferas naturales y sociales, entre naturaleza y cultura, aunque esta distinción no está del todo clara. De la misma forma, nos podemos preguntar cuántas instancias sociales han ayudado a nuestra concepción de la naturaleza y como se ha construido la cultura y la sociedad a partir de la contribución de las ciencias naturales.

Latour sostiene la existencia de un intercambio entre sociedad y naturaleza y entre arte y ciencias naturales que ha culminado con la aparición de híbridos. La transferencia entre el ámbito social y el natural ha configurado nuestra sociedad, existiendo en definitiva, un intercambio recíproco entre sociedad y cultura, entre naturaleza y ciencias naturales y entre cultura y tecnología. La naturaleza ha dejado de ser un hecho objetivo a favor de la construcción social.

Asimismo, se puede afirmar a partir de imperecederos ejemplos, la clara influencia de la ciencia y la tecnología en el mundo del arte. Empezando por la época del Renacimiento, dónde Fillipo Brunelleschi se vuelve el descubridor de la perspectiva línea, convirtiéndolo en un procedimiento para reproducir el plano medible de una superficie plana. De la misma manera que la fotografía científica del siglo XIX de Eadweard Muybridge, antecederá al posterior movimiento futurista. Su célebre experimento llamado zoopraxiscopio (1879) el cual  determinó cómo galopaban los caballos será de gran inspiración para Duchamp, como se puede analizar en su obra Cinco siluetas de mujer sobre planos distintos (1911) en la que muestra la propensión y la tendencia de las imágenes repetidas como en las fotografías de Muybridge.

Mark Rothko será otro de los diversos creadores que prenderá como campo de influencia el ámbito de la ciencia. El pintor toma de referencia la ilusión óptica de las célebres Bandas de Ersnt Mach (1865) en las que la sensibilidad del ojo humano llega a observar con más luminosidad la banda que esta continúa a un tono más claro y viceversa.

También Le Corbusier estableció semejanzas y correlaciones en su revista L’esprit nouveau (1920-1925) entre la arquitectura y los coches, los aviones, los motores etc… la publicación discute y expresa el dialecto entre la forma y la función poniendo como ejemplo el Partenón y el automóvil. El arquitecto veía a los automóviles como una extensión de un nuevo mundo y un modo distinto de concebir la arquitectura, lo imaginaba como la arquitectura que él buscaba. Le Corbusier estuvo muy interesado por la elaboración del coche, lo que hizo que generara un nuevo enfoque para sus viviendas: construyó viviendas modulares pensando siempre en la habilidad y disposición de un vehículo. No obstante, la influencia de la tecnología será muy palpable y determinante en el Media art, anticipado por el artista Vermeer mucho antes con la cámara oscura.

Según el ensayo de Peter Weibel La irrazonable efectividad de la convergencia metodológica del arte y ciencia (1999), estos ejemplos enfatizan la influencia de la ciencia en el arte, así como también hace que “aumente la diferencia entre arte y ciencia y entrañe un riesgo de: pauperización del arte”.

Así pues, ¿el arte es menos prestigioso y acreditado porque bebe del agua de la ciencia como se puede ver en los ejemplos citados anteriormente? Nuestro análisis de la relación que establecen las dos esferas del conocimiento, debe ir más allá de la ejemplificación de influencias, puesto que lo que hacen éstos es aumentar la diferencia entre arte y ciencia, como si el arte fuera inferior. La respuesta de la dicotomía sobre la proximidad entre los dos mundos sólo se puede discutir a partir de la metodología de cada uno de ellos.

Consecuentemente, tenemos que comparar los dos ámbitos como métodos. Eso no implica tan sólo aceptar que la ciencia sea un método, sino también que el arte es un método. Y aquí aparece ya la primera dificultad, porque tradicionalmente las personas no han aceptado la idea de que el arte sea un método. Les gusta pensar que el arte es precisamente lo contrario: una segregación del artista genial.

Paul Weibel, presidente y consejero delegado de ZKM: centro para el arte y la tecnología, comenta que los artistas se sienten conquistados por los métodos de la ciencia, puesto que la manera de crear de éstos tiene una gran aproximación y unión con la metodología del conocimiento científico. No obstante, cuando la ciencia se vuelve estricta, inalterable y con una única verdad es cuando se tiene que abrir al método del arte. ¿Por qué esta no puede ser plural y diversa?, ¿Por qué dos teorías totalmente opuestas, diferentes e incomparables no pueden tener idéntico valor cuando se desarrollan? pregunta L.Boltzmann en On the devolopment of methods of Theoretical Physics (1899).

Por tanto, es en el desarrollo de las teorías científicas cuando éstas tienen que coger como referencia trascendental el método del arte para corroborarse como conocimiento múltiple y heterogéneo. Paul Feyerabend en su publicación La ciencia como arte 1984 plantea su teoría del “Todo vale” en la que atestigua que la ciencia es como el arte en el sentido de que no hay una sola autenticidad, simplemente son cambios de estilo, un aspecto que se ve claramente en el campo de la creación artística.

Si retomamos la perspectiva de Brunelleschi podemos ver como fue sustituida más adelante por la representación del espacio tridimensional a partir del color. Seurat y otros pudieron descifrar e interpretar su arte con los medios de su tiempo y en concordancia con el conocimiento científico de su tiempo. En definitiva, no significa la desaparición de un método, sino que simplemente uno se suma al otro.

Ciencia y arte: dos mundos aparentemente opuestos pero en esencia son relatos en continua permeabilidad. Es importante ser consciente y tener presente que tanto la ciencia como el arte constituyen actividades naturales en la persona. Que ambas cumplen un papel significativo para la construcción social desde un punto de vista afín y confluente.

Mary Shelley, la joven aprendiz de aquel entonces, se adelantó sin ser científica, concibiendo un hombre nuevo, un hombre nacido en un laboratorio, un ser ideado por la mente de un científico que provocó el chispazo de aquella electricidad haciendo que el joven Frankestein se levantara rodeado de utensilios tales como alambiques, aparatos de destilación, agujas de cobre e instrumental quirúrgico.

Cabe recordar que todo esto no hubiera sido posible sin las conversaciones que mantenía con frecuencia respecto a las entonces nuevas investigaciones sobre Luigi Galvani  y Erasmus Darwin que trataban sobre el poder de la electricidad para revivir cuerpos ya inertes. Es en el continuo diálogo entre arte y ciencia y su base metodológica donde se puede generar nuevos encuentros, conexiones y conceptos.

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